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Dagon, la secta del mar

14 Abr

“Los puristas de Lovecraft siempre rechazan mis películas por los desnudos, inexistentes en la obra de Lovecraft. En mi opinión, sus escritos ocultan una enorme sexualidad y terror sexual, en los que el acto reproductivo se ha convertido en algo monstruoso. Sin ser explícito, siempre aparecen referencias a ello en sus historias. Pero en una película se necesitan imágenes para mostrar las cosas.”

Stuart Gordon

 

 

Dagon, la secta del mar

 

Año: 2001.

Director: Stuart Gordon.

Reparto: Ezra Godden, Macarena Gómez, Raquel Meroño, Paco Rabal.

Tráiler

 

 

           A comienzos de milenio, la Filmax se encomendaba a los productores Julio Fernández y Bryan Yuzna, autor relativamente conocido en los circuitos del horror film de bajo-medio presupuesto en Estados Unidos, para intentar la configuración de un sistema estable de creación de películas fantásticas y de terror en España.

A pesar de que de ella surgirían nombres como Jaume Balagueró o Paco Plaza, esta división, la Fantastic Factory, desaparecida en 2005 después de dar a luz tan solo seis proyectos, sería más recordada por un legado de películas de muy bajo presupuesto, calidad irregular y, en general, con una mala o mediocre acogida de público y, no digamos ya, de crítica.

           Después de los fracasos de Faust, dirigida por el propio Yuzna, o Arachnid, el tercer filme de la compañía iba a caer en manos de Stuart Gordon, habitual colaborador del anterior y director de Re-Animator, cinta de culto de los ochenta que combinaba terror y comedia a partes iguales.

Así, Gordon procedía, como en sus anteriores películas Re-Animator, From Beyond y Castle Freak, a aproximarse con bastante libertad y su distintivo espíritu gamberro a la obra de uno de los popes del terror gótico, H.P. Lovecraft.

Quizás no era esta la actitud más adecuada para acometer una obra difícil de adaptar de por sí, en la que el terror se concentra impregnado en la atmósfera de sus páginas, latente, cercano a la somatización del propio estado mental del protagonista, un individuo que por lo general siente en su interior la llamada de lo sobrenatural, de un mal incomprensible e inabarcable. Una idiosincrasia esta que no hace demasiadas concesiones a la espectacularidad cinematográfica pero que permite, sin embargo, su consecución efectiva más a través del talento artístico y visual por medio de la sugerencia, que por el empleo de recursos como los efectos especiales o la estridencia como instrumento de impacto.

           Cambiando el Innsmouth original por un más castizo Imboca, Dagon, la secta del mar, traslada la acción de La sombra sobre Innsmouth y Dagon desde el litoral de Nueva Inglaterra a las costas de la Galicia recóndita y pluviosa, donde un racional y alelado broker se las tendrá que ver con los adoradores, mitad hombre, mitad pez, de un ser atávico y monstruoso de las profundidades del océano.

           En un acto de sensatez honesto pero muy mal llevado, la película nunca se tomará en serio a sí misma, entregada en demasiados momentos a detalles de desconcertante y dudosa comicidad servidos por su torpe protagonista, un enervante Woody Allen en potencia, que desarma la, por otra parte, encomiable ambientación tenebrosa, de colores fríos, con un escenario sometido a un diluvio eterno con apariencia de castigo bíblico.

Si donde lo clásico y sencillo triunfa, lo complejo naufraga. El guion no consigue sacar partido a la historia, quizás demasiado distanciado y respetuoso, de aquella manera cómica, de sus antecedentes, cuya presencia se siente aún en ese concepto de la llamada de lo oculto, surgida aquí por medio de sueños premonitorios, anuncio de un destino ineludible. Las escenas que pretenden impresionar, efectos especiales y sangre mediante, fracasan en su cometido y desnudan a la cinta en su condición de intento pobretón de espectáculo.

Por su parte, la actuación de Ezra Godden, intérprete de tercera fila, destinado junto con el rodaje en lengua inglesa a una torpe internacionalización del producto, no ayuda a mejorar un papel protagonista irritante desde su concepción. En comparación, destaca la guapísima Raquel Meroño haciendo concesiones a la carne –y poco más-, el inexplicable magnetismo de Macarena Gómez explotando un nostálgico parecido con Barbara Steele –pruebas aportadas por el insuperable Adrián Esbilla– en un rol de reconocible atractivo, y un Paco Rabal que tirando de puro oficio y físico castigado se convierte en lo mejor de la función, componiendo un personaje con cuerpo, entrañable y querible.

            Trágicamente, esta película, al menos entretenida, pero de medio pelo en definitiva, supondría su despedida del cine.

 

Nota IMDB: 6,2.

Nota FilmAffinity: 3,6.

Nota del blog: 5.

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