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El halcón y la presa

10 Abr

“-¡Yo no maté a mi mujer!

-No me importa.”

Comisario Samuel Gerard (El fugitivo)

 

 

El halcón y la presa

 

Año: 1966.

Director: Sergio Sollima.

Reparto: Lee Van Cleef, Tomás Milián, Walter Barnes, Ángel del Pozo, Fernando Sancho, Gérard Herter.

Tráiler

 

 

            Entre 1964 y 1966, el spaghetti western conquistaba un lugar privilegiado en el cine popular de Europa y el mundo, Trilogía del dólar mediante. Es la reinvención europea, especialmente italiana, de una mitología totalmente ajena que si bien se había transformado en el espacio ideal –un entorno prácticamente aespacial en ese sentido- para dirimir tragedias universales, se tomará de la misma, dentro de ese cariz de obras abiertamente evasivas, de raigambre pulp y escasas pretensiones generales, sus rasgos más superficiales pero también más llamativos. El estruendo del revolver frente a la abstracción argumental.

No obstante, el arte del entretenimiento sencillo exige una labor compleja. Talento, recursos y honestidad. En el spaghetti western coexistiran historias pequeñas pero valiosas, malas historias bien contadas y malas historias abominables.

            El halcón y la presa posee de partida una buena mano de cartas, como es el clásico juego del gato y el ratón entre el bueno y al malo por las llanuras de la frontera tejano-mexicana. Un western con elementos que bien podrían circunscribirse al policíaco.

Sergio Sollima, eficaz realizador que navegará por todos los géneros posibles en su trayectoria, especializado en las cintas de espionaje y con tan solo tres westerns en su haber, uno de ellos, Corre, Chuchillo… corre, una especie de continuación de esta con el villano en el rol protagonista, se encargará de jugar bien sus naipes, escondiendo sus triunfos sabiamente para después descubrirlos en el momento decisivo, sin  tampoco renunciar al recurso puntual de unas cuantas trampas, sobre todo en la descripción de la figura de ese vil Manuel “Cuchillo” Sánchez -el cubano Tomás Milián, sobreactuando un personaje concebido desde el exceso, muy al estilo del Tuco de la inminente El bueno, el feo y el malo-.

            Así pues, nos encontramos ante un relato de apariencia modesto: la persecución incansable, rozando lo salvaje y obsesivo, de Corbett, un cazarrecompensas con bienintencionadas aspiraciones políticas -Lee van Cleef, el mismo año que convertía sus facciones aquilinas en la imagen oficial del malo del spaghetti western con el Sentencia de, de nuevo, El bueno, el feo y el malo– frente a Cuchillo, un brutal y desarrapado cuatrero mexicano, violador y asesino de niñas, diestro con el arma blanca.

            Sollima, aún con fuertes influencias de la entonces descollante trilogía de Leone en elementos como los créditos o la banda sonora –no en vano, firmada también por Morricone-, presenta un Salvaje Oeste que se desploma a pedazos, poblado por seres retorcidos, aberrantes y terminales: el beato líder mormón desposado con una muchacha de doce años, la ranchera viuda dueña de un harén de hombres a los que controla como ganado, el padre Smith, apodado Smith&Wesson,…

Un entorno hostil hasta casi el surrealismo en el que ni siquiera el recto Corbett aparece como ejemplo de moralidad. Como bien le hará ver Cuchillo en esos múltiples encuentros que traban una especie de amistad masculina entre individuos antitéticos –factor recurrente en la filmografía del director romano-, no es más que un perro de presa cegado por su naturaleza depredadora, una marioneta al servicio de quien despierte sus instintos de cazador de hombres –tratará de resolver su redención en el duelo final con quien representa su reflejo malvado-.

Es este un mundo en el que, sin embargo, los mayores monstruos se ocultan bajo un disfraz de dignidad y honorabilidad.

            En esa ambientación turbia y decadente que refuerza el magnetismo de la persecución, incluso su aliento épico de juicio final, así como en el buen desarrollo de una trama y unos personajes bien trabajados –pese a ese par de trucos ya mencionados-, es donde El halcón y la presa encuentra sus mejores bazas, superando la manifiesta fealdad de ciertos recursos estéticos, frecuentes en este tipo de producciones, como el uso ocasional de unos horrendos primeros planos, o la concesión de ciertos momentos bufonescos, bastante forzados, servidos por el propio carácter histriónico del personaje antagonista.

Más interesante de lo que podría parecer.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7.

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