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El desafío de Hércules

5 Abr

“¡Cómo osas tocar a Hércules!”

Hércules (Hércules en Nueva York)

 

 

El desafío de Hércules

 

Año: 1983.

Director: Luigi Cozzi.

Reparto: Lou Ferrigno, Ingrid Anderson, Sybill Danning, Mirella D’Angelo, William Berger, Claudio Cassinelli, Rossana Podestà, Delia Boccardo, Eva Robin’s.

Tráiler

 

 

            En la década de 1980 el peplum, género de gran tradición y popularidad aunque con resultados desiguales en cuanto a su calidad, afrontaba una etapa de notable decadencia. El éxito de público de Conan el bárbaro y sus posteriores imitaciones, el denominado cine de espada y brujerías, animó al temible Menahen Golan a recuperar con su productora Cannon y en alianza artística con una mano de obra fundamentalmente procedente de Italia, cuna del peplum de forzudos, el exponente original e icónico del género: el semidios Hércules, héroe errante consagrado ahora a los músculos de un Lou Ferrigno en la cúspide de su fama gracias a Hulk.

             Es precisamente el fornido actor la mejor metáfora para describirel filme. Un aspecto tremebundo por su antiestética enormidad y evidentes carencias artísticas que, sin embargo, acaban por conferirle un aire entrañable, capaz de despertar cierta simpatía.

El desafío de Hércules, presentado como un combate de ecos apocalípticos entre el Bien y el Mal, encuentra su fuerza y su debilidad en esa concepción desvergonzadamente dionisíaca, grandilocuente y alucinada que trata de emular los resabios épicos del anteriormente mencionado Conan el Bárbaro e, incluso, aventurando referencias, del Excalibur de John Boorman, desde secuencias cuya estructura y soluciones son saqueadas de estas y otras muchas –la génesis del héroe con una banda sonora de tintes wagnerianos, la espada extraída de la roca, el héroe que madura dando vueltas a una rueda de molino, ocasos eternos e imposibles, una especie de duelo a espada láser en una pasarela sobre el vacío,…- hasta una estética y puesta en escena operística, crepuscular, hiperbólica, de colores intensos que lo aproximan a lo onírico y que ratifican sus frecuentes incursiones en contextos puramente fantásticos y, por momentos, casi de ciencia ficción, de la mano de unos monstruos fabulosos transformados en autómatas –la amenaza tecnológica, enemigo recurrente en el cine de los ochenta-.

             Un pastiche delirante de mil y una referencias mitológicas y cinematográficas mal digeridas y mezcladas con el homenaje-recuperación de intérpretes clásicos –eufemismo de decadentes- de los géneros chicos italianos,como los William Berger y Gianni Garko -en unos bochornosos cinco minutos de presencia- del spaghetti western o un Brad Harris que ya en su día tuvo la oportunidad de encarnar al mismísimo Hércules en algunas de sus múltiples variaciones nominales, además de añadir muchas chicas monas para adornar el panorama –no se dejen engañar por la controvertida Eva Robin’s, que si interpreta al inventor cretense Dédalo es por algo-.

             Involuntariamente cómica -¿o no?- la mayoría de las veces, inopinadamente audaz en otras más puntuales, El desafío de Hércules, aunque es una película mala con todas sus letras, emana un encanto inexplicable, surgido de su carácter decidida y contundentemente hortera.

Pero claro, para ello no conviene tomársela en serio en ningún momento.

Posee una segunda entrega, Las aventuras de Hércules.

 

Nota IMDB: 3,1.

Nota FilmAffinity: 4,2.

Nota del blog: 5,5.

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