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Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas

4 Abr

“La vida es un constante proceso, una continua transformación en el tiempo, un nacer, morir y renacer.”

Hermann Keyserling

 

 

Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas

 

Año: 2010.

Director: Achichatpong Weerasethakul.

Reparto: Thanapat Saisaymar, Jenjira Pongpas, Sakda Kaewbuadee, Natthakart Aphaiwonk, Geerasak Kulhong.

Tráiler

 

 

           Desde que en 1951 el Festival de Venecia descubriera el cine de Japón al mundo tras conceder el León de Oro a Rashomon, de Akira Kurosawa, el microuniverso de los festivales de cine siempre se ha mostrado proclive a la apertura hacia nuevos prismas de entender el cine, miradas exóticas que ofrecen nuevos modos y sensibilidades muy apreciadas desde el ojo de la crítica especializada, unas veces con un acierto justificado, otras bastante más cuestionable.

           Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas aparecía en 2010 como la revelación del nuevo cine sudasiático, procedente un país, Tailandia, con una industria aún en relación de desigualdad con sus vecinos y más limitada incidencia en las carteleras pese a su carácter manifiestamente renovado y emergente, en vías de apertura internacional sobre todo a través de este tipo de plataforma festivalera, en la que el director Achichatpong Weerasethakul aparecía como principal nombre tras lograr un controvertido Gran Premio del Jurado en Cannes en 2004 con Tropical Malady, primera participación del país en su sección oficial.

En esta segunda oportunidad, su nuevo filme sería coronado por unanimidad con la Palma de Oro.

           Signo característico del cine oriental, Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas presenta una historia narrada con un tempo pausado, contemplativo, de tomas largas que se deleitan con el lirismo de la vida rural, aislada y modesta en la que el tío Boonme del título apura sus últimos días, víctima de una enfermedad renal que apaga su existencia. El fin de una vida sirve para que Weerasethakul componga un poema recitado en voz baja sobre la conexión entre lo prosaico y terrenal –la enfermedad, los pequeños placeres- y el mundo espiritual –las apariciones de su pasado que lo socorren, las conexiones universales que no entienden del tiempo-, elementos líquidos conjugados en un realismo mágico en el que vida y muerte, sueño y vigilia, no se distinguen, partes equivalentes de un todo o estaciones de paso de un mismo camino.

            Que hay belleza en la composición es indudable. Weerasethakul muestra una enorme ternura hacia sus personajes, que asumen su pequeñez en el espacio y el tiempo con sabiduría y serenidad atávica. Es una exploración de la trascendencia confeccionada más desde cierto punto de vista sencillo que desde la solemnidad. A ratos, transmite una paz contagiosa.

Que, sin embargo, es un ejercicio algo pretencioso, también. El ritmo, destinado a configurar un tenue estado de hipnotismo y que siempre exige al espectador poner de su parte, acaba por llegar a lo desesperantemente lento, condenando el interés por la obra y desgastar su originalidad. Los elementos fantásticos y surrealistas derivan en un final alargado, con aire un tanto ñoño y, sobre todo, inescrutable para un servidor.

            En definitiva, Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas resulta en su total una película más exótica y curiosa que magistral.

Desde luego, no deja indiferente.

 

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 5.

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