Naves misteriosas

1 Abr

“Desgraciado aquel cuya conducta está en discordancia con los tiempos.”

Nicolas de Maquiavelo

Naves misteriosas

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Año: 1972.

Director: Douglas Thurnbull.

Reparto: Bruce Dern, Cliff Potts, Ron Rifkin, Jesse Vint.

Tráiler

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            El amanecer del Nuevo Hollywood, despertado por el éxito de una producción independiente como Easy Rider, favoreció una breve pero intensa política de estudios caracterizada por la reserva de una partida presupuestaria destinada a la creación de películas con ese mismo perfil: producciones baratas en las que se concede total libertad artística al autor.

Douglas Trumbull, uno de los artífices de los efectos especiales de obras de ciencia ficción como 2001: Una odisea del espacio y La amenaza de Andrómeda -junto a la cual se estrenaría esta-, además clásicos posteriores como Blade Runner, lograría así el soporte financiero para su puesta de largo en la dirección: Naves misteriosas, considerada la pionera del cine ecologista.

            Ambientada en un futuro relativamente lejano, Naves misteriosas presenta un panorama desolador: los últimos ecosistemas del mundo condenados a sobrevivir artificialmente en naves en constante periplo por espacio exterior.

El universo se ha tornado más habitable que la propia Tierra, reducida a un planeta de plástico ecológico y emocional, donde la falta de problemas y de desafíos ha abocado a la extinción a la genialidad y el sentimiento, elementos definitorios del ser humano, ahora condenado a una inane vida resuelta. Plácida pero sin belleza.

Ahí surge la figura del botánico Freeman Lowell (Bruce Dern), el representante de los viejos y buenos modos de vida en conexión con lo natural. El último hombre vivo, capaz de apreciar el milagro de la existencia, de experimentar emociones.

            Lo que comienza como un canto ecologista al respeto por la Naturaleza se enturbia por la contradictoria actitud de Lowell, activista defensor del derecho a la existencia de toda forma de vida pero de ética reprobable a la hora de llevar su postura hasta el último extremo –asesinar con relativa frialdad a sus compañeros de viaje sideral, menos concienciados-, para acabar transformándose, torpeza tras torpeza, frustración tras frustración, en un tibio relato de soledad y remordimientos en compañía de tres entrañables drones.

            Así, pese al cariño con el que está concebida, la noble idea inicial, a día de hoy incluso más necesaria que entonces, queda difuminada por la inconsistencia de un argumento pobremente desarrollado y lo farragoso de la dirección, sobre todo producto del mal manejo de la tensión visual del relato, en parte culpa de esos futuristas y trabajados aunque farragosos planos de naves espaciales.

No obstante, recibiría buenas críticas en su tiempo, contrapuestas a un notable fracaso en taquilla.

De culto para no pocos nostálgicos.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 5.

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