El seductor

24 Mar

“La mujer es un manjar digno de dioses, cuando no lo cocina el diablo.”

William Shakespeare

 

 

El seductor

 

Director: 1971.

Director: Don Siegel.

Reparto: Clint Eastwood, Geraldine Page, Elizabeth Hartman, Jo Ann Harris, Mae Mercer, Pamelyn Ferdin.

Tráiler

 

 

           Del mismo modo que me había sucedido, injustamente, con Los puentes de Madison, la idea de encontrar a Clint Eastwood, el amoral pistolero anónimo de la barba de tres días, el implacable Harry Callahan, el furioso William Munny, envuelto en líos de faldas como parecía prometer el título, además de alguna sinopsis bastante torpe o malinterpretada por mi parte, me mantuvo alejado de El seductor, una nueva colaboración del tándem Siegel-Eastwood, apunto entonces de culminar el ascenso al estrellato con la icónica Harry, el sucio, que vería la luz ese mismo año.

           Sin embargo, El seductor está lejos de ser un drama romántico, sino que más bien irrumpe como un tétrico cuento de terror gótico que parece querer dar un malévolo y picante giro de tuerca a la historia de caperucita y el lobo, imbuido en un malsano ambiente, casi irrespirable, de juegos y tensiones sexuales, de represión e incontenciones, de deseos carnales y frustraciones pecaminosas –exploración del reverso siniestro de la sexualidad femenina en el que Eastwood reincidiría y padecería en su debut en la dirección con Escalofrío en la noche, también en ese ajetreado 1971-.

No es casual que sea una dulce niña ataviada con capucha y cestita quien encuentre al agonizante soldado John McBurney (Eastwood) y lo ponga a buen seguro en un internado femenino del Sur profundo, empantanado en la sangrienta y fratricida Guerra de Secesión.

           El cínico lobo, un personaje, como todos los que pulula por los fotogramas, en absoluto positivo pese a su apariencia e intenciones galantes, de su disfraz de piel de cordero, a recaudo de caperucita y la abuela, a la espera de darse un festín con unas puritanas y tímidas jovencitas a las que cree poder controlar con medias sonrisas y promesas de felicidad –un juego más con el tópico que representa Eastwood, quintaesencia del tipo duro ingobernable-.

No será así.

            El seductor avanza adentrándose en los oscuros y aterradores bosques de los celos, la dominación llevada al límite, la rigidez emocional bajo la que arde un fuego imposible de sofocar, llevado de la mano por ese estilo directo y contundente característico de Siegel –el cual heredaría, matizándolo paulatinamente, el propio Clint-, que comienza cediendo espacio a algunas metáforas algo burdas –obviedades que pueden extenderse al uso puntual de la voz en off que verbaliza los procesos mentales de los personajes- pero con una notable eficacia en el siniestro desarrollo del relato, alcanzando su punto álgido en el clímax tremebundo y obsesivo de esa espiral de descenso a los infiernos: un acto de total agresividad, gratuita y maléfica, que se lee, paradójicamente, a través de sonidos amortiguados, prácticamente en silencio, en los rostros y gestos desfigurados de unos seres convertidos en monstruos.

Una atmósfera opresiva y enfermiza donde la labia seductora del lobo dominado se revela inútil, donde no cabe ya lugar para la inocencia, mutada en turbia y funesta gelidez.

Muy interesante.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7,5.

Anuncios

2 comentarios to “El seductor”

  1. plared 28 marzo, 2012 a 03:55 #

    Esta pelicula hace ya bastantes años, como 20 o algo asi. Era una que me encantaba, la verdad es que la volvi a ver hace poco y ha envejecido muy mal.

    No se, quizas sea que la estética setentera, es sin duda una de las que mas rápidamente se ha quedado anticuada. Resulta eso curioso, ya que ves una pelicula antigua de los 50 o incluso principio de los sesenta. Y no notas ese distanciamiento hacia la estética.

    Quizas sea la ropa, un color definido o simplemente el look general. Pero me pasa con muchas peliculas de esa década. Las encuentro desfasadas, en especial las que pretenden reflejar ese momento en el tiempo o están pobladas de personajes vestidos acordes a el.

    Saludos y brillante critica esta, densa y para paladear digamos que no por todo el mundo. Cuidate

    • elcriticoabulico 28 marzo, 2012 a 14:18 #

      Bueno, Siegel siempre ha tenido un estilo un tanto… expeditivo. Ese tipo de plasmación de la sangre siempre ha sido muy setentero, aunque quizás sí que es cierto que lo asocio más al de Chicago, sobre todo por el recuerdo infantil de ver al Clint Eastwood de Dos mulas y una mujer extraerse del hombro una flecha bañada en Titanlux rojo.
      A pesar de este carácter estético feroz, me sigue pareciendo una obra más que destacable, con un conseguido tono siniestro y obsesivo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: