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Drive

21 Mar

“La sugestión del cine proviene de la combinación de ritmos y rostros, de tensiones y dispersión.”

Ingmar Bergman

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Drive

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Año: 2011.

Director: Nicolas Winding Refn.

Reparto: Ryan Gosling, Carey Mulligan, Bryan Cranston, Oscar Isaac, Christina Hendricks, Ron Perlman, Albert Brooks.

Tráiler

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            Drive es el salto a Hollywood del danés Nicolas Winding Refn, un realizador que se había revelado en cintas interesantes pero imperfectas como Pusher: Un paseo por el abismo, Valhalla Rising o Bronson como un director con un gran dominio de la técnica, hábil creador de atmósferas y con una estimable capacidad de aprendizaje y progresión.

            En su primer proyecto estadounidense Refn recupera, paradójicamente, el embriagador aroma del polar, la adaptación europea, francesa más concretamente, en un contexto formal y temático renovado, del olvidado noir americano de los años cuarenta. También las evocaciones de la mitología del western, con Raíces profundas a la cabeza.

Reinterpretación que pasa esta vez por un remozado ochentero en la estética que envuelve la cinta en un halo de elegíaca luz de neón y de días de cegadora luz crepuscular, deslumbrante vaticinio del retorno de una oscura, trágica e inevitable noche. Cúmulo de sensaciones contradictorias en el que abunda el preciso y precioso uso de una banda sonora abundante en sonidos electrónicos y soterrada significación que forma parte del mensaje, de la mente y el estado emocional de los personajes.

No es descabellado añadir también en esa reinvención eighty la palpable fisicidad de unas persecuciones que destacan, en una contemporaneidad de carreras automovilísticas en CGI post-Matrix,  por su tensión de juego de tira y afloja, de inteligencia y destreza al volante del conductor y en el montaje y la composición del conductor, y no por su rechinante ruido ensordecedor o la espectacularidad de una pirotecnia gratuita.

            Del mismo modo, con gotas añadidas del arquetípico ShaneDrive retoma el modelo de personaje, casi espectral, que patentó el icónico Jef Costello (inescrutable Alain Delon) de El silencio de un hombre, estandarte del subgénero. Un hombre hermético, sin pasado, con escaso presente y en el que a duras penas se vislumbra futuro posible; del que el único rastro de su existencia es su trabajo como conductor especialista en fugas, mimetizado con las sombras nocturnas de Los Ángeles, sigiloso, con un perenne mondadientes en la comisura de sus labios como toda expresión. Sin motivos personales, sin preguntas, sin dudas.

Como a Costello, cuesta intuir sus motivos. No parecen ser económicos. El dinero es inútil para el dueño de un coche viejo y desvencijado, de una casa tan desnuda y vacía como su ser.

            Ryan Gosling, cabeza de un reparto en perfecto estado de forma que incluso rescata del formato televisivo a intérpretes del calibre de Byan Cranston o la voluptuosa pelirroja Christina Hendricks –por desgracia en un papel demasiado intrascendente-, esculpe en mármol la máscara que oculta el poderoso fuego latente en el interior de este enigma. Una coraza asediada de nuevo por una traición previsible, firma de la inherente crueldad del hombre –la recurrente fábula de la rana y el escorpión que fundamenta la película y que el impávido conductor carga en su espalda-, si bien en esta ocasión desencadenada por un amor expresado en miradas que dicen más que las palabras, por el hechizo de Irene y Benicio, la familia perfecta de una realidad paralela improbable.

Indefectiblemente, arriesgarse por fin a tomar la iniciativa guiado por los sentimientos –el conductor es un personaje totalmente pasivo, que se limita a acatar los encargos limpios y sucios de ese mecánico y trapicheador de medio pelo encarnado por Cranston-, romper las normas que rigen una vida protegida en la esterilidad, dejar abierta por momentos la armadura, implicarse emocionalmente en un mundo despiadado, detener la eterna huida para querer soñar con un futuro redentor prohibido e inalcanzable, traerá consecuencias funestas.

            Refn exhibe recursos técnicos para componer una atmósfera original y adictiva que juega con los estados de ánimos de los seres que pueblan sus fotogramas, al mismo tiempo que aplica un tempo que no es sino la traslación del espíritu del conductor del palillo, de apariencia aletargada por momentos, seco y de brutal contundencia en otros, de una tensa y abrumadora velocidad en unas reacciones que nacen de lo profundo de un alma demasiado acostumbrada a permanecer oculta, indolente, tratando de ser invulnerable frente a la naturaleza depredadora del mundo, del ser humano.

Fascinante en todos los aspectos.

 

Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 9.

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