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Malcolm X

20 Mar

“La idea de liberación y el temor a la perpetuación del sojuzgamiento, en lo que tanto insistió Malcolm X, siguen completamente vigentes en la vida de Estados Unidos. Muchos van a entender mejor qué ocurre allí ahora, después de ver lo que le ocurrió a Malcolm X hace 28 años. El racismo no sólo no ha desaparecido, sino que se ha hecho, como él anunció, más profundo, despiadado y refinado”.

Spike Lee

 

 

Malcolm X

 

Año: 1990.

Director: Spike Lee.

Reparto: Denzel Washington, Angela Bassett, Spike Lee, Albert Hall, Delroy Lindo, Al Freeman Jr.

Tráiler

 

 

          La irrupción de Spike Lee en el panorama cinematográfico como abanderado de la causa afroamericana tendría su continuación lógica y previsible en el proyecto de trasladar a la pantalla la compleja vida del activista Malcolm X, tótem personal del director neoyorkino, idea que ya había acariciado anteriormente en multitud de ocasiones.

            Impulsada por el turbulento clima y la tensión racial que reinaba en el país norteamericano a principios de los noventa –la cinta comienza con el vídeo de la infame paliza de la policía de Los Ángeles a Rodney King, símbolo de los disturbios que hicieron presa en la ciudad californiana-, Lee recuperaba la controvertida figura y el legado de uno de los principales líderes sociales de los altamente inflamables Estados Unidos de los sesenta, país autoproclamado baluarte de la libertad pero que conservaba en sus entrañas los rescoldos, aún ardientes, de siglos de racismo, desigualdades y discriminación.

           Lee presenta a un Malcolm X casi idealizado -interpretado con su habitual corrección por un Denzel Washington, que seguía la estela de Sidney Poitier como galán afroamericano no ajeno a las reivindicaciones de su comunidad-, en constante evolución desde sus comienzos delictivos hasta su toma de conciencia tras su paso por la cárcel –en un gesto torpe, coincide simplemente con que se calza unas gafas-, su posterior incorporación a la Nación del Islam dirigida por Elijah Muhammad, las divergencias finales con dicho movimiento y su vil asesinato.

Un proceso en el que la misma puesta en escena transcribe la visión del mundo de Malcolm X, lo que explica la evolución desde una retórica más bien populista y unos personajes estereotipados hasta la caricatura hasta una mayor complejidad y turbiedad en su concepción y pensamiento; de la práctica ausencia del hombre blanco o su presentación totalmente maniquea, hasta el mayor humanismo y universalidad en la cosmovisión de Malcolm X.

            Tomando como base documental la autobiografía del protagonista, el realizador asume como propio el mensaje –“¡Yo soy Malcolm!”-, lo traduce, con su estilo visual dinámico y atractivo, para hacerlo también comprensible a los no iniciados en la figura del protagonista, con una minuciosidad incontenida y un rechazo de la síntesis que alargan el metraje hasta unos abusivos 200 minutos -con las consecuentes y no escasas lipotimias en el ritmo-, pero, al mismo tiempo, con una devoción que impide arrojar algo más que ligeras sombras sobre una figura de interpretación tan compleja y dificultosa como la de Malcolm X.

Un problema de exceso de admiración.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 4.

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