Italia-Alemania 4-3

19 Mar

“Los italianos pierden las guerras como si fueran partidos de fútbol y los partidos de fútbol como si fuesen guerras.”

Winston Churchill

 

 

Italia-Alemania 4-3

 

Año: 1990.

Director: Andrea Barzini.

Reparto: Massimo Ghini, Giuseppe Cederna, Fabrizio Bentivoglio, Nancy Brilli.

 

 

 

            17 de junio de 1970. Ciudad de México, Estadio Azteca. Semifinales de la Copa Mundial de Fútbol, Italia contra la temible Alemania Federal, que parte como favorita. Sin embargo, la Squadra Azzurra se adelanta pronto, en el minuto 8, obra de Boninsegna, delantero del Inter, de un potente zurdazo. La esforzada zaga transalpina, todo coraje y corazón, se dejó la piel en cada metro de césped. Albertosi se transformó en un muro infranqueable para la poderosa delantera germana, conformada por hombres como Overath, Grabowski o el infalible Müller, autor ya de ocho tantos en la copa. No obstante Alemania nunca está vencida hasta el pitido final. Pasado el tiempo reglamentario, Karl-Heinz Schnellinger, lateral apodado “el Volkswagen”, jugador por entonces del A.C. Milan, ponía las tablas en el marcador, asestando un durísimo golpe moral al pundonoroso equipo italiano, que tanto había remado para morir en la orilla. Así pues, el comienzo de la prórroga vio caer el gol de, como no podía ser de otra manera, Gerd Müller, ariete de piernas hercúleas e incombustibles, indetectable en un área pequeña de la que era dueño y señor. La mente pesaba más que el cuerpo. En un grito de orgullo, el líbero Burgnich encabezaba el particular resorgimento italiano que la proverbial zurda de Gigi Riva hacía bueno en el 104. De nuevo, la determinación contra la adversidad de los azzurri les ponía por delante 3-2, casi rozando la final con los dedos. Aún así, el incontenible ímpetu alemán fructificaría en un nuevo tanto del depredador Müller. Empate otra vez. El peso de la épica de la Nationalmannschaft, de su empuje arrollador y de su autoconfianza, simbolizada en el kaiser Beckenbauer, que dirigía la orquesta con un brazo en cabestrillo, presagiaba un desenlace favorable a los alemanes, ya fuera en el tiempo restante de partido, o en los penaltis, donde el mítico Sepp Maier esperaba bajo arcos. Pero nadie contaba con que Gianni Rivera, Il bambino d’oro, la estrella desterrada, víctima del debate sobre su compatibilidad con el otro fantasista del equipo, el interista Sandro Mazzola, firmase el pase a la gloria un minuto después. Alemania, en un hecho sin precedentes, hincaba al fin la rodilla, sometida a la voluntad de hierro y la gallardía de los italianos.

Será denominado, en una acepción ya desvirtuada por su abuso injustificado, el partido del siglo. Die Jahrunderspiel. La Partita del Secolo.

            El fútbol llama al compañerismo, a la superación de las adversidades con el esfuerzo colectivo, a la épica de lo imposible, a la consecución de los sueños propios y ajenos.

Este es el espíritu al que apela un grupo de adultos de mediana edad que se aferra a la memorable victoria azzurra en semifinales del mundial del ‘70 como mantra en el que refugiarse de los sinsabores de una vida incoherente que en nada se asemeja a la que ellos esperaban en su juventud. Desde los pósters de Ho Chi Minh y Bogart sobre paredes desnudas hasta las lámparas de araña y el mobiliario con pan de oro, desde la fe en la revolución comunista para mejorar al mundo a las meriendas de té y pastas servidas por una sirvienta eslava, desde la predicación y la asunción del amor libre hasta el desengaño sentimental y la insatisfacción de un matrimonio afectivamente estéril.

Tres amigos aburguesados, irrealizados, descontentos, incomunicados, repletos de achaques físicos y deudas sin saldar.

           Caracterizada por un perfil más teatral que cinematográfico, sostenida por los diálogos e interpretaciones de sus tres protagonistas dentro de unas formas académicas, Italia-Alemania 4-3 apuesta por ser una película pequeña, con un relato sencillo –hasta lo simplón a ratos-, con sensación de ya visto, con buenos sentimientos y fácil identificación generacional -no deja de proponer una crisis universal pese a sus propuestas localistas- y en general sin demasiada intensidad dramática, sobre todo en aquellos momentos en los que pretende ser más desgarradora, donde resulta en cambio, por la contradicción con lo cotidiano del resto del metraje, simplemente impostada, con excesivas pretensiones de simbolismo en el desarrollo de los prototipos personales que pretende identificar.

            Como significativa coda, en absoluto casual, Italia caería vapuleada en la final del campeonato ante el legendario y luminoso Brasil.

 

Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: -.

Nota del blog: 5,5.

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