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La boca del lobo

15 Mar

La boca del lobo se inicia porque en ese momento yo tenía la sensación de que el tema de Sendero Luminoso se veía desde las ciudades como una cosa ajena al país, a la sociedad, como una cosa que estaba pasando muy lejos, que tenía poco que ver con lo que pasaba en la vida de las ciudades, y me parecía que ese conflicto que cada vez se hacía más grande, era un conflicto que había que amplificar”.

Francisco Lombardi

 

 

La boca del lobo

 

Año: 1988.

Director: Francisco J. Lombardi.

Reparto: Toño Vega, Gustavo Bueno, José Tejada, Gilberto Torres, Bertha Pagaza.

Tráiler

 

 

            Sendero Luminoso, grupo insurgente de extracción comunista-maoísta activo en un Perú agotado por la hiperinflación y la corrupción política, se encontraba en 1988 débil pero aún con vida. De hecho, en los dos años posteriores se cobraría alrededor de 5000 víctimas. Desde su fundación en 1978 y el inicio de su ofensiva contra el Estado en mayo de 1980, Sendero Luminoso había dejado por el camino, por medio de una acción feroz e implacable para alcanzar sus objetivos, un saldo de más de 30.000 muertos. Muchas vidas segadas en un conflicto que sería considerado, en algunas de sus fases, como guerra civil.

Sin embargo, este número solo representa el 46% de las víctimas. La respuesta del ejército del Perú habla por sí sola. A él se le atribuye, además de la violación continuada de los derechos humanos, la responsabilidad por la muerte o desaparición de al menos el 30% de las víctimas del conflicto. Más de 20.000 personas.

La boca del lobo trasladaba a la gran pantalla los primeros y más duros años: la aparición del movimiento y su actividad guerrillera en las regiones andinas del departamento de Ayacucho y la respuesta oficial, la guerra sucia desencadenada entre 1980 y 1983, tomando como principal referencia el funesto episodio de la matanza de Socos, acontecida el 13 de noviembre de 1983.

            En su sexta película, el director limeño Pancho Lombardi, el nombre más relevante e internacional de la intermitente industria cinematográfica del país andino, contando con apoyo financiero español, se afirma sobre el altavoz que supone el cine con su dilatado alcance potencial para proceder a desenmascarar uno de los sucesos más negros y sangrientos del Perú, poco conocido a pesar de su entonces cercana cronología y la vigencia de la lucha.

Un acercamiento en el que servirán de guía los conflictos personales de un pelotón recién llegado a la zona, en particular la figura del joven Vitín (Toño Vega), aspirante a dar comienzo a una brillante carrera militar en la puna ayacuchana, núcleo de un movimiento subversivo poco conocido, de reciente creación. Una misión concebida como un intrascendente juego de niños en la mente de un soldado que representa la ignorancia de todo un país, incluidos los mandos de un ejército cuya ineptitud, negligencia e incapacidad solo puede conducir al desastre –Lombardi ya había filmado otra película crítica con el estamento militar, la exitosa adaptación de La ciudad y los perros, novela de su compatriota y premio Nobel Mario Vargas Llosa-.

            De este modo, la ficción se limita a ser mera comparsa de los hechos históricos, terribles y conmovedores, sobre los que recae principalmente el peso de la película. Lombardi intenta retratar, desde una postura pesimista y nada complaciente, la crueldad extrema de ambos contendientes, la paranoia del ente militar ante una guerrilla irregular, omnipresente y casi fantasmagórica.

Es, por tanto, la respuesta no menos detestable de un ejército reducido a contraguerrilla, ejecutor de un terrorismo de Estado impuesto con nocturnidad y alevosía desde una tropa rasa arrogante y abusadora hasta una dirección personalista, racista y fascistoide, oculta tras la apariencia de rectitud y comprensión del teniente Roca (el versátil Gustavo Bueno, una de las principales figuras de la escena local), cuyo personaje degenera quizás de manera poco consistente, reflejo de, insistimos, un relato de ficción que trata de ajustarse a la realidad histórica, subordinada a ella.

Por esta misma razón, es esta la parte más floja de la cinta, en la que hacen acto de presencia ciertos tópicos del cine bélico como las dudas morales del soldado joven e idealista, la lucha por su alma y las tentaciones que se esconden tras presuntos amigos y líderes que representan la otra cara de esta dualidad y los incuestionables códigos marciales del honor, el valor y la lealtad mal entendidos; además de algún pasaje de forzado e ineficaz dramatismo y también cierto regusto a refrito –el duelo a la ruleta rusa-.

            Aún así, el buen pulso que aplica Lombardi y lo sobrecogedor del relato, la buena capacidad para plasmar con contundencia esa tremebunda realidad que daba forma primera al filme, configuran a La boca del lobo como una encomiable cinta y un más que interesante acercamiento a unos acontecimientos clave en la evolución del Perú contemporáneo.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7.

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