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Red Planet Mars (Marte, el planeta rojo)

11 Mar

“La gente intenta comprender el gran universo mirando a través de dos ventanas: la ciencia y la religión.”

Freeman Dyson

 

 

Red Planet Mars (Marte, el planeta rojo)

 

Año: 1952.

Director: Harry Horner.

Reparto: Peter Graves, Andrea King, Herbert Berghof, Walter Sande, Marvin Miller, Willis Bouchey.

Tráiler

 

 

            A pesar de sus argumentos fantásticos, más o menos trasnochados y en general destinados a la pura y barata evasión, la popular serie B norteamericana de los cincuenta nunca perdió de vista, a modo de inspiración y trasladada por medio de metáforas en el relato, la bastante más aterradora realidad del momento, poblada de carreras armamentísticas y amenazas de holocaustos nucleares –la culminación de la bomba atómica por la URSS en 1949; la guerra de Corea, uno de los primeros episodios de la Guerra Fría, se encontraba en pleno fragor-, además de presenciar ya los primeros pasos en la pugna por la conquista de la última frontera, el espacio.

            Compartiendo tipo producción y hechuras formales, Red Planet Mars, intentará traspasar por medio de su historia –de una significativa hora y media de duración frente a los sesenta minutos habituales-, y no necesariamente para bien, su carácter de entretenimiento más o menos banal.

            Lo que comienza como lo que parece ser la clásica historia de este mundillo, el del contacto extraterrestre, el posible Apocalipsis, el científico honrado y heroico, la chica accesorio y el quintacolumnista humano, representante del reverso oscuro del pensamiento científico, se transforma poco a poco en un relato más reflexivo, desconfiado y pesimista hacia el progreso científico y el contacto con “lo exterior” –metáfora tradicional del extraterrestre-, con personajes que van más allá de su estereotipo. Así pues, la mujer se erige como imagen de la sensibilidad, del refugio en la fe y los valores e instintos bondadosos humanos frente al hombre, cuya devoción hacia la ciencia convierte, contradictoriamente, en un ser ingenuo.

El espionaje soviético, encargado a un brillante científico alemán escapado de Nüremberg, sirve un contenido político que se irá desarrollando progresivamente, con un lenguaje extremadamente maniqueo entre los alegres, simpaticones y familiares estadounidenses y los brutales, oscurantistas y maquiavélicos commies. Sin embargo, entre tanto furibundo alegato proamericano de Guerra Fría se logran vislumbrar detalles críticos interesantes sobre una sociedad tendente a la autodestrucción, paralizada y aterrorizada por vaticinios y consignas que voltean el sentido status quo económico.

No obstante, Red Planet Mars, no se detiene en lo político, sino que avanza hacia un final delirante que proclama la gloria de lo espiritual, de lo religioso como elemento esencial de lo humano –con el ineludible dilema consiguiente frente a esa cuestionable Ciencia- en una lucha entre el Bien y el Mal que acentúa la dicotomía política anteriormente exhibida y con un atractivo último giro de guion –el demonio como agente productor de espejismos destinados a dinamitar la esperanza- que no termina de rematarse satisfactoriamente.

            Mensajes que toman la falta de sutileza por bandera, profundamente anticientíficos y proreligiosos –“a pesar de su historial le hubiéramos abierto las puertas”, llega a afirmar el protagonista sobre ese genio nazi  que no tiene nada que envidiar a Mengele-, mal incardinados entre sí en un desarrollo deslavazado producto de la pobre dirección del debutante Harry Horner, que muestra  un pésimo en el control de la duración de ciertas escenas y de la película en definitiva, y con un elenco en el que solo Peter Graves muestra algo de talento y convicción.

Un intento errado de hacer grande lo pequeño.

 

Nota IMDB: 5.

Nota FilmAffinity: 5.

Nota del blog: 4.

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