Sonatine

4 Mar

“Es fácil ignorar la presencia de la muerte en nuestra propia vida y tratar de seguir viviendo como si no existira. La muerte te sigue en todo momento. Para mí sería antinatural pensar en la vida y la muerte como dos cosas distintas. Además, aquel que está obsesionado con la muerte suele experimenta la misma actitud hacia la vida.”

Takeshi Kitano

 

 

Sonatine

 

Año: 1993.

Director: Takeshi Kitano.

Reparto: Takeshi Kitano, Aya Kokumai, Susumu Terashima, Masanobu Katsumura, Tetsu Watanabe, Ren Osughi, Ken’ichi Yajima.

Tráiler

 

 

            Hombre polifacético, estrella de los escenarios cómicos de Japón, escritor, poeta, pintor, diseñador de videojuegos, actor de cine; Takeshi Kitano comenzaba en 1989 su carrera en la realización de puro rebote, como sustituto de Kinji Fukasaku como director de Violent Cop, en la que participaba como intérprete, y en la que entregaba una cinta de yakuzas funcional pero efectiva, entretenida y bien facturada. Es su debut en un género que lo dará conocer en todo el mundo, sobre todo tras el éxito internacional de Sonatine, dueño de una mayor sensibilidad y expresividad de la que indica su hierático rostro y la violencia descarnada de su cine.

             Con el mismo estilo entre irónico y distanciado que había mostrado en su primera película de confección propia, Boiling Point, cuya mirada procedía de las fantasías de un perdedor, Sonatine narra el final de unos yakuzas caídos en desgracia, emparedados en una última misión que no huele nada bien junto a una desastrosa banda de desarrapados locales. Un desastre irremediable que conduce al exilio forzoso en una remota playa de Okinawa.

             Es el hastío de unos gángsteres en semirretiro que experimentan con la misma ausencia de emoción la vida y la muerte, reflejo a su vez de una sociedad nipona aislada y encerrada en sí misma, vacía.

Sonatine describe el leve renacer de un hombre desengañado hacia los códigos y los mitos de su condición –“si fuese un tipo duro no iría armado, disparo rápido porque me asusto rápido, a veces tienes tanto miedo que te asusta la muerte”-; un cadáver consciente de la certeza de su final que se dedicará a disfrutar de las últimas bocanadas de un total absurdo.

             Una experiencia existencialista basada en un cierto retorno a la infancia, al disfrute de lo pequeño, al juego por el juego. Pero un divertimento este en el que aparece indisociable la muerte, en el que no es ajeno el destino inexorable, trágico y patético, que estos empresarios de la violencia se han labrado con sangre y plomo.

Esta violencia del que a hierro mata, a hierro muere adquiere en manos del cineasta tokiota rasgos casi conceptuales. Los cuerpos son fardos que se desploman, sin mayor ceremonia, entre destellos de luz, producto de una fatalidad asumida. Una inexpresividad que, del mismo modo, se traslada de manera recurrente a unos personajes, sobre todo los propios, que rozan la subinterpretación.

             Kitano compone una melodía triste, elegíaca, pesimista, repleta de escenas poderosas, brillantes e hipnóticas, de una virulenta crudeza y un onirismo desesperanzado.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 9.

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