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Tres colores: Blanco

2 Mar

“Mi meta es escapar de la literalidad. Nunca lo he logrado; de la misma manera que tampoco consigo describir lo que realmente habita en mi interior, a pesar de que continúo intentándolo.”

Krzystof Kieslowski

 

 

Tres colores: Blanco

 

Año: 1994.

Director: Krzystof Kieslowski.

Reparto: Zbigniew Zamachowski, Julie Delpy, Janusz Gajos.

Tráiler

 

 

            Tres colores: blanco, es la segunda entrega de la trilogía inspirada en los valores propugnados por la Revolución francesa, simbolizados en los colores de su bandera, y con la que el polaco Krysztof Kieslowski conquistaba definitivamente Europa y el mundo en lo cinematográfico.

             Será en este caso el concepto de Igualdad el que aliente la alegoría que da pie a la construcción del filme. Es esta una igualdad trabada, la de un inmigrante polaco que aspira a recuperar el amor perdido de su bella esposa francesa. Una paridad quebrada por una incomunicación que parte del habla y se extiende hasta el cuerpo y, en definitiva, el alma. Una ruptura que desencadena el rencor.

La superación de barreras que exige el renacimiento de ese desdichado y despechado peluquero polaco. Un nuevo comenzar en sus orígenes, en Varsovia, que permita coger la carrerilla suficiente para sortear todos los obstáculos que lo lastraban: el aprendizaje del idioma, la prosperidad económica, la reconstrucción de su moral en ruinas somatizada en una humillante impotencia, la redención de su humanidad con la ayuda a un hermano de desesperación -inmenso Janusz Gajos presentando otra opción de suicidio “alternativo”, como había sido el aislamiento en vida de Binoche en Azul-.

Y el último escalón, el que verdaderamente equipara a ambas partes de la pareja, la fría pero ardorosa revancha contra los sentimientos del otro.

            Blanco, inscrita sobre una fotografía deslucida, como lavada con lejía, semejante a un deslumbramiento de luz mortecina, sustituye los rasgos melodramáticos que habían caracterizado la anterior Azul por la tragicomedia, entrañable y agria a partes iguales, sobre todo gracias a unos personajes y unas situaciones quizás tratadas de una forma más convencional, menos pretenciosa, pero en mi opinión más fresca, acertada y simpática -aunque con mucha mala baba-.

Individuos acaso imperfectos en su naturaleza -y puede que ligeramente en su descripción- pero más reconocibles, subyugados, perdidos en un mundo cruel, de una frialdad emocional terrible y que suele moverse en y por el sinsentido, cuya máxima expresión será un comercialismo desaforado que no se detiene ante valores o personas, en el que tan solo importan los números, lo particular.

             Kieslowski sigue aportando la puesta en escena elegante y el lirismo que da la atención al pequeño detalle que dice todo, a lo trascendentemente intrascendente. Una belleza formal prolija en símbolos, esta vez compaginada con una mayor atención al desarrollo del relato, lo que es de agradecer.

Aparentemente menos ambiciosa que Azul, sin embargo más lograda.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

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