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Perdición

28 Feb

“Nunca se fíen de algo que sangra durante cuatro días y no se muere.”

Antonio Gasset

 

 

Perdición

 

Año: 1944.

Director: Billy Wilder.

Reparto: Fred MacMurray, Barbara Stanwick, Edward G. Robinson, Jean Heather, Byron Barr.

Tráiler

 

 

            Billy Wilder, un tipo tan genial en la comedia como en el drama –no digamos ya en la tragicomedia-, entregaba en 1944 su cuarta película, la tercera desde su llegada a un Hollywood donde hasta entonces era más conocido como parte del equipo de guionistas del que considerará su maestro, Ernst Lubitsch. Una cinta esta que se erigirá como una las obras capitales de un cine negro ya en plena madurez: Perdición.

            Perdición es el relato de una caída. La historia del final del agente de seguros Walter Neff (Fred MacMurray), comenzada a narrar desde su punto más hondo y desesperado. Una confesión postrera presenta la desgracia inducida, como no podía ser de otra manera, por un asesinato, un puñado de dólares y una atractiva mujer. Mala combinación en un mundo poblado de sombras que ha perdido el norte.

Dilucidado de inicio el porqué, la intriga, aún más férrea si cabe, se trasladará al cómo.

            El paradigma del hombre común atrapado en la delicada, sutil y hermosa tela de araña tejida por la femme fatale (Barbara Stanwyck) que sabe explotar las pulsiones primigenias de sexualidad y codicia como oscura y seductora representación de las mismas, del pecado, del mal irrecusable. El individuo de a pie, decidido y de moral voluble, con una cara bondadosa y otra malvada, que se deja arrastrar al infierno por la promesa de una mirada insinuante desde lo alto de una escalera, un hombro desnudo y una pulsera en el tobillo. El tipo corriente que juega una partida de ajedrez en la que está derrotado de antemano, pese a la verborrea ingeniosa y sarcástica que pretende aparentar la seguridad de controlar un destino que ya no le pertenece.

            Wilder explora y desarrolla junto a Raymond Chandler la obra de otro de los autores clave de la novela negra, James M. Cain -basada a su vez en el caso real de Ruth Snyder, ajusticiada en el cadalso por el asesinato de su marido-, para elabora un guion de perfecta arquitectura, con una trama que funciona como el mecanismo de un reloj al mismo tiempo que exhibe la proverbial habilidad de ambos escritores para la composición de unas líneas de diálogo tan precisas como lacerantes, chispeantes, cáusticas y demoledoras, que desnudan sin piedad a sus personajes, con sus ambiciones desmedidas, el complejo juego de sus deseos, trampas y engaños, el conflicto de sus sentimientos, el terror sordo a una caída conscientemente irrefrenable.

Todo ello sabiamente dosificado en un escenario envuelto en tinieblas opresivas, lleno de recovecos y espacios donde se ocultan dudas y sospechas, sudores fríos en noches calurosas.

            MacMurray saca jugo a la apariencia anodina que no disimula su físico imponente, al igual que la Stanwyck, sin ser una belleza de relumbrón, hace creíbles sus artes de mujer a través de la expresividad de su mirada, los dos siempre ante la atenta vigilancia del eternamente impecable Edward G. Robinson.

Una de las cumbres del noir por derecho propio.

 

Nota IMDB: 8,5.

Nota FilmAffinity: 8,5.

Nota del blog: 9.

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