Confesiones de un comisario a un juez de instrucción

24 Feb

“Palermo se define por la contradicción. Antiguas penas y nuevos dolores, las piedras de los falansterios cimentadas con sangre, pero también con honrado sudor. La Mafia que distribuye por igual trabajo y muerte, supersticiones y protección.”

Leonardo Sciascia

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Confesiones de un comisario a un juez de instrucción

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Año: 1971.

Director: Damiano Damiani.

Reparto: Martin Balsam, Franco Nero, Luciano Catenacci, Marilù Toto, Michele Gammino, Claudio Gora.

Tráiler

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            Paralelo al boom del giallo, afloraban dentro del poliziesco italiano películas con un contenido que, dentro del atractivo de su componente de intriga, abundaban en el análisis de una sociedad que vivían tiempos inciertos, con un momento álgido de inestabilidad entre los años 1968 y 1972, en los que se experimenta una honda decepción contra el, en la práctica, inmutable gobierno de centro-sinistra, el surgimiento de numerosos movimientos obreros y sindicales, la conformación de grupos activos de extrema izquierda y terrorismo como las Brigadas Rojas, fundadas en 1970, y una corrupción estatal endémica, generalizada y galopante que sangraba sobre todo, de manera metafórica pero también literal, las regiones del tradicionalmente deprimido mezzogiorno italiano, en especial la isla de Sicilia, históricamente regulada por poderes fácticos paralelos al Estado o disfrazados en él.

            Con una menor consideración que otros como Pontecorvo, Petri o Rosi, el cine de Damiano Damiani no renuncia a dotar de un firme compromiso político de izquierdas a sus obras, presidiendo un fondo revestido por unos modos y formas de rasgo más popular que los anteriores, acaso menos refinados, –de ahí, posiblemente su infravaloración-, ya desde el spaghetti western Yo soy la revolución, protagonizada por Gian Maria Volontè, el actor más representativo de este cine de denuncia, o El día de la lechuza, adaptación de la novela homónima de Leonardo Sciascia, donde ya abordaba esa problemática de la omnipotencia de la mafia y su profunda incardinación en el sistema político y económico de la isla mediterránea.

            Confesiones de un comisario retoma este mismo tema de la mafia omnipresente y todopoderosa en la capital insular, la hermosa Palermo, donde, en demasiadas ocasiones, su tan especial belleza otoñal de tonos ocres, de dorada decadencia, se confunde con la ruina atroz y el desmantelamiento desclasado de nuevo cuño.

Es allí donde el comisario Bonavia (Martin Balsam, clásico y eficiente secundario en la industria norteamericana) lucha por sus propios medios contra un sistema mafioso que se ríe de él, inexpugnable y de comprada respetabilidad, blindado en plomo y dinero, siempre unido a una falsa prosperidad económica, entonces ligada, como no hace tanto en España, al auge sin freno de la especulación inmobiliaria.

El último agente bueno e incorruptible que se ha visto obligado a practicar, desde su posición anárquica y solitaria, la guerra sucia como única salida, fruto de la irreparable desconfianza en una ley impotente e inoperativa. Una falsa justicia que defiende la injusticia, puesto que el mayor poder de esa corrupción amoral es hacer que la propia ética sea cuestionada, que se dude de las intenciones o de la propia existencia de la Ley y de la Justicia, garantes de la igualdad y la libertad.

Ante él aparece la figura de Traini (Franco Nero), el nuevo juez de instrucción -el representante judicial del Estado-, con fe inquebrantable en un sistema cuya eficacia ha de derivar de su cumplimiento estricto. Una tenaz postura idealista cargada de motivos pero demasiado asida a la teoría, cuyo origen ingenuo choca con la oscura realidad de la calle. Es quizás la propia imagen de la naturaleza pasada de ese mismo Bonavia al que abrieron los ojos, hace ya tiempo, la sangre y el miedo irrespirable que ha reducido a la sociedad a podredumbre y desesperación –he ahí las claves de una pequeña delincuencia que no es causa sino producto, y por tanto, no el enemigo a combatir-.

De nuevo una colaboración imposible entre iguales, derivada de esa sospecha continua, de la corrupción ubicua y eterna de la que emana el poder de la mafia.

            Damiani rueda seco, directo, sin las florituras y extravagancias que acostumbraba a derrochar el policíaco del momento, ateniéndose al suficientemente poderoso fondo, a transmitir de manera efectiva, desde su aguerrida sencillez, el mensaje del relato. Por su parte, Balsam dota a ese inolvidable comisario desencantado de un furioso temple, de una profunda indignación contenida, mientras que Nero ofrece una perfecta réplica con su gesto grave y su impasible mirada de acero, sus modales correctos, su aspecto atildado; el tipo duro por excelencia del cine italiano cuya exhuberancia física será aquí del todo inútil en un personaje que se revela prácticamente superado por los acontecimientos.

            Confesiones de un comisario es una película tan valiente y decidida como amarga y pesimista, cuya validez se extiende hasta la no menos lóbrega actualidad.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 8,5.

2 comentarios to “Confesiones de un comisario a un juez de instrucción”

  1. plared 25 febrero, 2012 a 22:51 #

    Coincido con tu nota. Una pelicula realmente interesante, que quizas no este rodada de manera magistral. Pero con una fuerza y una crecion de un personaje como es el comisario. Realmente impresionante.
    Una de esas peliculas que sin ser realmente buenas, se convierte precisamente en eso. Una gran pelicula sin duda esta que comentas y desgraciadamente poco conocida. Por lo menos en la generalidad. Un positivo bien grande a este comentario

    • elcriticoabulico 26 febrero, 2012 a 13:53 #

      A mí me ha parecido una película con bastante más contenido de lo que aparenta. Bien construida con ese aire directo y contundente de los setenta y bien interpretada. Como tantas otras del cine comprometido italiano del momento, quizás merezca más gloria de la que tiene.
      ¡Gracias por el positivo!

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