Archivo | 14:59

El cuarto mandamiento

16 Feb

“Cuando fui a ver Un indio en París, faltaba toda la tercera bobina de la película. Pero aun si esta hubiera sido metraje de El cuarto mandamiento de Orson Welles, la película hubiera seguido siendo un asco.”

Gene Siskel

 

 

El cuarto mandamiento

 

Año: 1942.

Director: Orson Welles.

Reparto: Tim Holt, Joseph Cotten, Dolores Costello, Agnes Moorehead, Anne Baxter.

Tráiler

 

 

            Al año siguiente de su espectacular puesta de largo en el Séptimo Arte con Ciudadano Kane, Orson Welles se encontraba inmerso en un frenesí creativo que, como sucederá de manera recurrente en su trayectoria, correrá paralelo a unos resultados inconstantes, que fluctúan entre magníficas películas, trabajos alimenticios, obras fallidas y funciones inacabadas o malditas.

Así pues, Welles trataba de compaginar en este momento la realización de dos filmes, uno, It’s all true, semidocumental, ambientado en Latinoamérica y destinado a que los Estados Unidos, ya inmersos en la Segunda Guerra Mundial, se ganaran el favor de los gobiernos locales; otro, Estambul, en categoría de productor y actor, y, además, su nueva película, la segunda en su haber como director, El cuarto mandamiento, basada en la novela The magnificents Ambersons de Booth Tarkingon, que el propio Welles había adaptado al formato radiofónico para su serie The Campbell Playhouse.

Será la única ocasión en la que siendo director no interpretaría ningún papel en la cinta, aunque sí se reservará desempeñar una expresiva voz en off.

            El cuarto mandamiento –honrarás a tu padre y a tu madre- traza el fresco de un cambio de siglo que es, al mismo tiempo, un profundo cambio social. El fin de una clase, de unos modos de vida y unos valores en decadencia, el de la aristocracia tradicional, representada por esos Ambersons y, en concreto, por el último de ellos, George (Tim Holt), hidalgo sin oficio ni beneficio más allá de correr con su coche de caballos y disfrutar de su opulenta vida, un joven engreído, insensible, despegado de una realidad ya irreparable y trágica para aquello que representa.

Frente a ellos, o más bien mezclados por tensiones amorosas eternas e irrompibles, la familia Morgan, los nuevos ricos, la próspera y emprendedora burguesía urbana, representada por el cabeza de familia, Eugene (Joseph Cotten), ingeniero de automóviles, un viudo inteligente, vivaz, comprensivo y enamorado sin remedio de Isabel Amberson (Dolores Costello).

            Welles compone el melodrama de esa caída de los dioses –cuyo rodaje será, sin embargo, delegado en su mayor parte a la segunda unidad por los anteriormente mencionados problemas de agenda-, paralela a la pérdida de la edad dorada de la infancia de ese consentido George que dará de lleno, en su vida adulta, con los sinsabores de una vida que nunca será lo que él esperaba. Una decadencia que ha de superar por medio de la aceptación del nuevo orden social, simbolizado en la unión sentimental con la clase arribista a la que odia, la misma de ese infame Eugene y su inadmisible romance con su madre, a evitar con los últimos rescoldos de su orgullo y egoísmo de clase, aunque ello conlleve reprimir su esperanza de madurez, los brazos amorosos de Lucy (Anne Morgan), hija de Eugene.

            A pesar de que el melodrama de época no es, ni de lejos, ni será, uno de los géneros predilectos del que suscribe, cabe reconocer la sagacidad de Welles en la presentación de personajes por medio de la sutilidad de sus diálogos –si bien no logra evitar el aspecto caricaturesco del joven aristócrata- y una puesta en escena que es un perfecto reflejo de la naturaleza y el ánimo de los seres que la recorren, como ejemplifica esa mansión desmesurada de los Amberson, cada vez más siniestra, más ruinosa, imbuida en sombras de cuyos rincones surgen individuos intrigantes, defenestrados, con las entrañas reconcomidas por su declive.

Un crepúsculo que, no obstante, entraña también un cierto pesimismo, la pérdida de una cierta imagen idílica a favor de la oscuridad prosaica y sucia de las fábricas de los nuevos triunfadores.

            Virtudes fruto del genio de un director, todo carácter y talento, que sirven de contrapeso a la nada desdeñable ración de tijera que aplicaría a la película la productora –de las 2 horas y 11 minutos originales, quedaría finalmente en 1 hora y 28 minutos-.

 

Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 6.

A %d blogueros les gusta esto: