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Quiero la cabeza de Alfredo García

12 Feb

“¡No quiero oír decir que odio a las mujeres! He tratado de demostrar en Quiero la cabeza de Alfredo García que las adoro. Representan el polo positivo de la película, la fuerza de la vida y lo instintivo.”

Sam Peckinpah

 

 

Quiero la cabeza de Alfredo García

 

Año: 1974.

Director: Sam Peckinpah.

Reparto: Warren Oates, Isela Vega, Robert Webber, Gig Young, Kris Kristofferson, Emilio Fernández.

Tráiler

 

 

            Los números en taquilla de La huida, el mayor éxito comercial en la carrera de Sam Peckinpah, sirvieron de llave para liberar de sus eternos grilletes al realizador californiano quien, por primera vez en su trayectoria, contaría con total autonomía para la realización y el poder sobre el montaje final en una película, superando los sinsabores por los resultados de su anterior Pat Garrett y Billy the Kid, mutilada por la productora.

            El fruto será Quiero la cabeza de Alfredo García, filmada a partir de una historia propia, con su participación posterior en su conversión guion, ambientado en su amado México, caluroso y pasional, donde se vive a flor de piel, y protagonizada por Isela Vega, estrella del cine del país azteca, y uno de los más fieles acólitos de su grupo salvaje, el magnífico Warren Oates, que venía exigiendo, desde su rostro curtido y enérgico, un protagonismo ganado a fuerza de carácter y talento.

           Warren Oates para interpretar a Benny, perdedor incurable al que la suerte parece, por fin, sonreír: la posibilidad de construir un futuro sobre un cadáver. Malos cimientos.

Ante la que quizás sea su última oportunidad, agarrado a la máxima de que nadie pierde siempre, se mezclará en la recompensa por la cabeza de un tal Alfredo García, mujeriego, ultrajador de la virtuosa hija de un potentado local.

Benny, un fracasado que no es consciente de que ha dejado de serlo, milagros de la vida, influencia de una mujer redentora –una figura esencial en el cine del presunto misógino Peckinpah-, libre, fuerte e íntegra, consciente y satisfecha con lo que tiene; pero con la necesidad irremediable, casi moral, de demostrárselo a sí mismo y al mundo. No lo será hasta que, de nuevo, lo pierda todo.

Una promesa de felicidad en la que desoye las advertencias del destino, la tensión latente en un camino al espejismo de un paraíso nada plácido pese a su obcecación –los perseguidores, el accidente sorteado en la carretera, los moteros-, elementos que advierten a Benny la imposibilidad de sobreponerse a su condición. Sin embargo, con cada empecinada palada sobre la tumba, sellará su condena.

           La salvación mediante el amor. Lo inútil de unos dólares que son el combustible que alimenta el motor de un mundo ciego e insaciable. La venganza como último grito del que no tiene nada, reducida a impulsos accionan un cuerpo muerto en vida, clamando desde las entrañas por limpiar con sangre el error, la fatal inconsciencia.

Una película en la que parece que no ocurre nada, hasta que todo ocurre.

            Peckinpah filma un amor directo, profundamente carnal, sudoroso y verídico, sin empalagamientos cinematográficos ni artificios folletinescos, entre dos personajes cómplices y complementarios, clementes el uno con el otro. La sensibilidad y el hosco lirismo de un poeta de voz rota, contestado con la ira furibunda, igualmente intensa y expresiva, de su proverbial violencia desgarrada y al ralentí; la catarsis desesperada de un personaje arquetípico de su universo, en cierta manera imagen de sí mismo: el desahuciado que ya no tiene lugar en un mundo que trata de arrollarlo mientras se va al carajo, el perdedor que se rebela e inmola en su visceral despedida con un postrero grito de rabia.

Porque Peckinpah desencadenado, es mucho Peckinpah.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 9,5.

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