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Jarhead, el infierno espera

8 Feb

“A Dios se le pone dura con los marines.”

Sargento Instructor Hartman (La chaqueta metálica)

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Jarhead, el infierno espera

Año: 2005.

Directo: Sam Mendes.

Reparto: Jake Gyllenhall, Peter Sarsgaard, Jamie Foxx, Lucas Black, Brian Geraghty, Evan Jones, Chris Cooper.

Tráiler

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            Alguna espinita se le debió de quedar clavada a Sam Mendes tras su exitosa presentación en el Séptimo Arte con American Beauty, donde, en medio de esa disquisición genial sobre la apariencia como estilo de vida americano, un aguerrido militar (Chris Cooper, al que aquí se le reserva un pequeño papel también de viril coronel), homófobo como mandan los cánones, terminaba por dar rienda suelta de manera desesperada, torpísima y equivocada a su homosexualidad reprimida.

Algo, decimos, suficiente como para conmemorar una película a los marines a partir del bestseller autobiográfico del soldado Anthony Swofford, un chico normal sepultado por la vorágine del ejército más poderoso sobre la Tierra.

            Es el relato de un aspirante a desertor que da con sus huesos -y con el tiempo con bastante buena voluntad, pulida tras exigente instrucción física y mental-, en la Guerra del Golfo.

Jarhead, por tanto, no puede entenderse como una película de acción bélica o antibélica, sobre todo en lo segundo. Se acerca más al retrato del marine como persona, como ente propio en cierto modo alejado de un estereotipo abstracto de soldado –tampoco se puede extraer a Swofford de ese carácter de representación del tipo corriente, si bien más referido a un sentido civil- y de cómo se enfrenta a una situación de estrés y tensión máximos como es todo lo relacionado con el contexto bélico, sea preparatorio o real. Aunque aparecen críticas, estas se antojan más leves que sutiles, casi banalizadas desde su tratamiento irónico y aislado: la guerra como factor destructor de la familia y las relaciones humanas, el sinsentido del conflicto contra etnias o países señalados desde un país de aluvión como Estados Unidos, las contradicciones de la política exterior norteamericana –sacadas a colación por el único soldado concienciado, casualmente también el único reclutado como compensación de tiempo de cárcel en su vida cotidiana-, la alienación del individuo en el contexto marcial o la chapuza y la terrible sinrazón de la guerra.

            Ideas demasiado secundarias –o mal entregadas- que se difuminan ante personajes desdibujados -evidente sobre todo en el caso del Troy de Peter Saarsgard, de incomprensible evolución-, el uso y abuso de un chascarrillo cuartelario mil veces visto -solo tolerable al sargento Highway por ese Clint Eastwood haciendo de macho alfa en realidad desorientado y asustado por la vida, o al sargento instructor Hartman por puro delirante- y el canto a esa convivencia masculinizante y fiel contra viento y marea que parece ser el ejército, que parecen derivar ese absurdo del mensaje más hacia la frustración derivada de una formación militar inútil.

            Porque, obviando ese par de simpáticas humillaciones sin maldad y los ataques de celos ocasionales, normales en cualquier relación juvenil con distancia de por medio, pertenecer al cuerpo de marines es como un divertido campamento de verano, con muchas amistades, excursiones a lugares bonitos y saludable ejercicio al aire libre.

En definitiva, una de marines, quizás más artística –Mendes logra planos magníficos, visualmente impactantes, de un estilo y composición que bebe del cómic, como en su anterior Camino a la perdición– pero igual de flojita que la media.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 4.

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