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La máscara del demonio

7 Feb

“En el terror, el 70% de la efectividad reside en el uso de la luz. Es la parte esencial de la creación de la atmósfera.”

Mario Bava

La máscara del demonio

 .

Año: 1960.

Director: Mario Bava.

Reparto: Barbara Steele, John Richardson, Andrea Checchi, Ivo Garrani, Enrico Olivieri.

Tráiler

 .

            En unos años en los que Europa, de la mano de Reino Unido y la productora Hammer, había resucitado a la vida a través de sangre y erotismo a los monstruos clásicos de Hollywood, Italia, por su parte, iniciaba su propia revisión del terror gótico.

            Mario Bava hacía bueno todo el aprendizaje acumulado desde sus comienzos de director de fotografía, asistente de dirección o jefe de efectos especiales de Rossellini o Monicelli y, sobre todo, de especial relevancia para este género que da sus primeros pasos y conforma la base de los arquetipos que más tarde se irán desarrollando, de Riccardo Freda, autor de una obra clave en el nacimiento y evolución de este terror all’italiana: Los vampiros, de 1956 y con Bava a cargo de unos revolucionarias y expresivas iluminación y efectos visuales. No obstante, el filme resultó un fracaso.

Es entonces, tras renovados intentos de Freda y otros en un caldo de cultivo cada vez más favorable al género, cuando esta La máscara del diablo, ya con Bava por primera vez tras las cámaras de principio a fin –había sustituido precisamente a Freda en Caltiki, el monstruo inmortal y a Tourneur en La batalla de Marathon-, da el espaldarazo definitivo al horror de cuño trasalpino.

            Tomando como referencia lejana Viyi, un cuento del ucraniano Nikolai Gogol, y con un presupuesto ínfimo, Bava compone una cinta en blanco y negro influenciada por los clásicos de terror de los años treinta de la Universal. Una historia sobre brujas, vampiros, maldiciones que traspasan el tiempo y venganzas de ultratumba ambientada en la lejana, boscosa y misteriosa Moldavia del siglo XIX, en la que el paradigma de hombre de ciencia forastero, incrédulo y racional, hará frente al acoso que padece una bella joven y su familia por parte un terrible conde-vampiro y su amante hechicera resurrectos.

            Como los grandes de la serie B americana de antaño, Bava convierte la necesidad en virtud, cargando el peso del terror en la creación de la atmósfera, a cuyo servicio pone todos los instrumentos escénicos posibles: lóbregos decorados, una fantástica fotografía, tenebrosa iluminación, unos efectos especiales sencillos, sin aspavientos o excentricidades y asombrosamente bien acabados, el uso de planos oblicuos y forzados o la toma subjetiva que hace sentir al espectador en sus carnes esa terrible máscara de tortura. Detalles que impregnan de impacto expresivo e irrealidad el relato, como la cabalgada fantasmagórica del coche de caballos a cámara lenta, inmersa en una niebla que le precede.

            Un gran talento en la dirección capaz de sembrar la inquietud en la platea tanto por lo técnico como por lo argumental, con un crescendo lleno de símbolos fantásticos y aterradores de una ambigüedad impactante y malsana.

No es casual que, invirtiendo las premisas tradicionales del cuento de hadas, sea la bruja la que deba revivir con el beso de un vivo, sorprendentemente voluntario, de morbosa atracción necrófila. Tampoco esa belleza anticlásica de Barbara Steele, lánguida, estilizada, de ojos desmesurados y enigmáticos, personaje equívoco entre la reencarnación directa e inmediata de la bruja o víctima trágica esclava de un destino inexorable, al mismo tiempo objeto de deseo de varios personajes –el ayudante que la ama, el doctor que revive a la muerta idéntica, la propia malvada que ha de poseer su cuerpo- en ese turbio poder de fascinación y seducción de lo sobrenatural, monstruoso y abominable; del Mal.

A recuperar.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7,5.

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