Pozos de ambición

6 Feb

“El éxito es fácil de obtener. Lo difícil es merecerlo.”

Albert Camus

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Pozos de ambición

Año: 2007.

Director: Paul Thomas Anderson.

Reparto: Daniel-Day Lewis, Paul Dano, Dillon Freasier, Kevin J. O’Connor, Ciarán Hinds.

Tráiler

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           Por primera vez en su corta pero alabada trayectoria, aunque sin renunciar a firmar él el libreto, Paul Thomas Anderson, considerado por muchos el mejor director de su generación, un tipo capaz de dar la vuelta desde un prisma particular a todo aquel género que pasa por sus manos –el cine negro y sus paradigmas en Sidney, el ascenso, caída y redención de corte scorsesiano en Boogie Nights, el drama a escala global de Magnolia, la screwball comedy en Embriagado de amor-, decidía comenzar un proyecto en base a la adaptación de una obra literaria previamente existente, ¡Petróleo!, de Upton Sinclair, si bien solo ligeramente.

            Es esta una película cruda, agria, sobre un hombre hecho a sí mismo, que cimienta su éxito en la huida de un pasado nunca revelado al que trata de sobreponerse por medio del triunfo empresarial a cualquier coste, pasando por encima de quien o de lo que sea. Una felicidad inalcanzable desde el rencor más absoluto, en una empresa titánica en la que, de paso, establecerá una alianza-rivalidad con otro individuo con cicatrices igual de profundas por las que supura la misma ambición irrefrenable, el joven religioso Eli Sunday (Paul Dano).

Un enfrentamiento quimérico entre unos seres que rellenan con codicia el vacío de su alma, un paradigma que parece en parte retrotraer su origen a El tesoro de Sierra Madre –el propio director reconoció haberla visionado cada noche durante el rodaje-.

Seres con un interior tan negro como el petróleo que extraen de las entrañas de la tierra.

            Anderson ejercita su estilo: movimientos de cámara prácticamente continuos pero mesurados, fluidos y elegantes, su característico manejo del tempo, aquí sosegado y vibrante a la vez, tomándose el tiempo adecuado en los silencios y la contención de la duración de la secuencia como un elemento más para definir a los personajes, su naturaleza y sus circunstancias, apoyado del mismo modo por una banda sonora, compuesta por Jonny Greenwood, del grupo Radiohead, que es más un registro sonoro de ritmos anímicos y estados emocionales que una melodía.

            Pozos de ambición ofrece un magnífico dibujo de personajes, con una enorme habilidad para transmitir sus emociones, en especial en el caso ese maquiavélico Daniel Plainview, desde su presentación sin palabras, realizada por medio de las imágenes, la música y el genio de Daniel Day-Lewis –lo que más tarde solo deja entrever el inefable doblador Jordi Brau– hasta los preciosos momentos de complicidad –fingida o sincera- con su hijo adoptado, el continuo mal sabor de boca y su improbable redención o la total desorientación y absoluta, seca y descarnada abyección del final –donde, no obstante, Day-Lewis acaba por abandonarse a lo grotesco-.

Oscuro, amargo y complejo retrato.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7.

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2 comentarios to “Pozos de ambición”

  1. altaica 19 marzo, 2017 a 01:59 #

    Cuando uno llega a las dos horas de su metraje y se pregunta si hace ya hora y media que esa misma pregunta se la formuló, es cuando uno comprende el verdadero problema que tiene este director para contar historias. Y, cómo no, que Magnolia fue un accidente. En el fondo, Pozos de ambición es idéntica a su banda sonora, un intento de transmitir profundas infelicidades y oquedades existenciales que solo quedan en estomagantes y pretenciosas nadarias, narrativamente plana y armónicamente ineficaz, respectivamente. Ya lo de gran descripción de personajes es de una bondad que es difícil de asumir. Un abrazo

    • elcriticoabulico 20 marzo, 2017 a 13:47 #

      Hace tanto que escribí sobre ella que no me fío mucho de lo que diga el texto. Recuerdo de ella que posee una gran intensidad en sus dos primeros tercios pero que en el tercero se le descabalgaba y se le iba un poco de madre. O eso creo. No me pareció plana ni en argumento ni, mucho menos, en personajes; pero sí un tanto autocomplaciente. Sobre la banda sonora, un apunte: tengo entendido que Anderson las encarga antes de rodar las imágenes. Un abrazo.

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