El ladrón de Bagdad

4 Feb

“El arte de hacer películas consiste en asomarse al borde de la bancarrota y mirarla fijamente a la cara.”

Alexander Korda

 

 

El ladrón de Bagdad

 

Año: 1940.

Directores: Michael Powell, Ludwig Berger, Tim Whelan.

Reparto: John Justin, Sabu, June Duprez, Conrad Veidt, Rex Ingram.

Tráiler

 

 

            Desde su llegada a Reino Unido en 1931, el productor de origen magiar Alexander Korda había conseguido labrarse una importante reputación desde la creación de su compañía London Films, a través de la cual intentará alcanzar el sueño, finalmente infructuoso, de erigir un Hollywood paralelo en las islas británicas y de la que surgen filmes de gran calidad y popularidad como La vida privada de Enrique VIII o Rembrandt, dirigidas por él mismo, y La pimpinela escarlata o Las cuatro plumas.

Es en 1939 cuando Korda establece una alianza artística con el director británico Michael Powell y el guionista, también de raíces húngaras, Emeric Pressburger, un dúo perfectamente coordinado, productivo e ingenioso que andando el tiempo fundará su propia productora, The Archers, con el sobrenombre de la pareja.

            Producida casi al mismo tiempo que sus dos primeras cintas, El espía negro y Espías en el mar, alimenticias, de guerra y espionaje, temas populares en estos tiempos prebélicos, El ladrón de Bagdad, filmada a seis manos por Powell, Ludwig Berger y Tim Whelan, junto con colaboraciones de Vincent y Zoltan Korda, hermanos de Alexander, se convertirá en todo un clásico de aventuras, de enorme influencia posterior.  

            Pese a conocer una versión ya en 1924, nada menos que protagonizada por Douglas Fairbanks y dirigida por Raoul Walsh, El ladrón de Bagdad de Korda se desmarca de ella por medio de numerosas variaciones argumentales –el ladrón y el príncipe no son el mismo personaje, por ejemplo-, componiendo una fantasía oriental que entremezcla tramas y roles procedentes de Las mil y una noches y con un esquema que parece recordar más, incluso, a Las aventuras del príncipe Achmed, una de las maravillas del teatro de marionetas y sombras hecho cine de la alemana Lotte Reiniger.

Aquí, comenzando in media res, el príncipe Achmed, caído en desgracia por las confabulaciones del malvado visir Jaffar y sus artes mágicas (Conrad Veidt, ya habitual del grupo y experto en antagonistas desde tiempos del expresionismo), trata de recuperar a su princesa amada (June Duprez, estrella de la productora tras Las cuatro plumas) y a su pueblo con la ayuda de Abu (Sabu), un pícaro ladronzuelo, guía del apuesto príncipe en su despertar a la realidad –esclarecedora, pues, su transformación posterior en perro lazarillo-, representación de la vida y las virtudes de la imaginación y la lealtad, y estrella de la función por méritos propios, al que se le concede una buena ración de protagonismo a través de la inclusión de interludios de aventuras en solitario.

            La influencia de Walt Disney, por el que Powell sentía una gran admiración, queda patente en el extraordinario colorido de la fotografía de George Perinal, así como en la aparición de puntuales números musicales, en una barroca e imaginativa escenografía, refulgente pero también tomada por sombras y oscuridad en ciertos momentos, y en el ritmo trepidante de una acción en la que, literalmente, no dejan de suceder cosas, lo cual compensa otros aspectos más envejecidos de la cinta -sin entrar a valorar unos meritorios efectos especiales, con su audaz empleo del croma pero con las limitaciones propias de finales de los años treinta, reflejo a su vez de cómo la sencillez y pureza de una obra como la de Reiniger tiene más posibilidades de sobrevivir al tiempo que los aparatosos fuegos artificiales-, como son el sobreabuso de la ininterrumpida banda sonora -por mucho la firme Miklos Rosza y contenga destacables pasajes-, esas arrobadas declamaciones mirando al infinito o la cierta ingenuidad del argumento tan disneyana también, si bien no del todo desagradable y acorde con su tono general.

            En un caso de influencia recíproca, la todopoderosa Disney cobraría su parte en el uso de no poca de la imaginería de El ladrón de Bagdad en su futura Aladdin.

Premiada con tres Oscars.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7.

2 comentarios to “El ladrón de Bagdad”

  1. plared 5 febrero, 2012 a 05:43 #

    Guardo el recuerdo de haberla visto de niño y que me impresionaba las imagenes en que volaban. No se si volver a verla, el recuerdo es muy bueno y a veces, con el tiempo…mejor conservarlo y no tocarlo. Cuidate

    • elcriticoabulico 5 febrero, 2012 a 14:58 #

      Aún guarda bastante encanto, aunque los efectos especiales impresionan un poco menos… Tienen un regusto añejo bastante entrañable.

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