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Tres colores: Azul

1 Feb

“Creen que la lentitud y la solemnidad son sinónimos de profundidad.”
Billy Wilder

 

 

Tres colores: Azul

 

Año: 1993.

Director: Krzysztof Kieslowski.

Reparto: Juliette Binoche, Benoît Régent, Florence Pernel, Charlotte Véry.

Tráiler

 

 

            La trilogía de los colores de Krzysztof Kieslowski es la cumbre en la carrera de un director cuyo reconocimiento, hasta entonces, pertenecía sobre todo a los circuitos de festivales y de la crítica especializada. Estas tres películas, homenaje a los valores de libertad, igualdad y fraternidad preconizados por la Revolución francesa y simbolizados en los colores de su bandera, asumidos por el título y la ambientación cromática de las mismas, dotarán al director polaco de un prestigio universal.

            La primera de las tres cintas, simbolizada por el color azul, conmemora el ideal de libertad desde la figura de una mujer que, tras la desesperación que le supone la pérdida de su marido y su hija en un accidente de tráfico, decide hacer tábula rasa y comenzar una nueva existencia desde cero, aunque de forma totalmente aséptica, renunciando a las emociones que definen al ser humano, a cualquier vínculo sentimental. El encierro voluntario en un interior vacío y gélido. Un suicidio en vida.

La vida como una melodía interrumpida en la que Kieslowski escribe un poema en imágenes azulinas; un color frío, mortecino como el sentimiento de una protagonista encerrada en sí misma para tratar de superar un dolor casi imposible de dejar atrás, para cerrar con hielo unas heridas demasiado profundas.

            Es cine de autor, originado a partir la plasmación de un concepto –la libertad- y, por tanto, de fuerte simbolismo, hermetismo y voluntad de trascendencia, a lo que se añaden unas pronunciadas intenciones esteticistas. Exige al espectador poner de su parte, dejarse llevar por el hipnotismo de lo lírico que ha de emanar de los pequeños gestos y las grandes emociones.

Un filme preciosista, introspectivo y pausado que, sin embargo, no consigue meterme dentro, imbuirme en la tragedia de esa mujer, subyugarme en su belleza. Por el contrario, acaba por dejarme la sensación de que todo se reduce a la forma, de esteticismo. No caigo en el hechizo de sus imágenes, ni el drama posee la suficiente presencia o poder como para atrapar mi atención o conmoverme.

Es decir, que es una cinta muy bonita pero pretenciosa, antipática y aburrida.

            La música de Zbigniew Preisner, compositor habitual de las partituras de las obras de Kieslowski, se erige, de largo, como lo más destacado de la función.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 5.

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