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El único superviviente

28 Ene

“El hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza.”

Friedrich Nietzsche

 

 

El único superviviente

 

Año: 1985.

Director: Geoff Murphy.

Reparto: Bruno Lawrence, Alison Routledge, Pete Smith.

Tráiler

 

 

 

            Geoff Murphy, uno de los hombres fuertes del renacimiento de la industria cinematográfica neozelandesa a partir de finales de los setenta, a la que da el espaldarazo definitivo con el éxito recaudatorio de su road movie de desheredados Vaya movida, dejaba de lado tras el estreno de UTU, cinta sobre conflictos y venganzas entre maoríes y británicos, unas constantes temáticas de fuerte raigambre local para introducirse en una película fantacientífica sobre juicios finales, muertes aplazadas, redenciones e indagaciones sobre la condición humana y de lo divino.

            Dentro de los muchos y variopintos ejemplos de cintas postapocalípticas, El único superviviente podría verse como el transcurso entre las premisas de las adaptaciones del Soy leyenda de Richard Matheson (El último hombre sobre la Tierra, El último hombre… vivo), con el científico solitario como único superviviente del desastre, pasando por Cuando el viento sopla, con la pareja de la que la Parca parece haberse olvidado, hasta llegar a El mundo, la carne y el diablo –con la que guarda no pocas similitudes- o la cormaniana La última mujer sobre la Tierra, cuando el principal problema para el menage a trois sobreviviente, fuera de las tortuosas tragedias personales cargadas desde el pasado, es, precisamente, el sexo y la elección de la Eva postrera entre los dos adanes en disputa.

Un carácter tríptico que se traduce en la irregularidad de un filme mejor concebido en esa parte de hombre omega, fantasía universal, jugosa y siempre efectiva, campo abonado para la generación de sugerentes imágenes de ciudades vacías y desolación pero, al mismo tiempo, paralelo al fin de las inhibiciones, de las barreras morales.

El amanecer de un rey entre las ruinas, todopoderoso e impotente. Trágico en su soledad.

            Un planteamiento más pensado y mejor desarrollado que unos segundo y tercer acto que dan sensación de relleno, peor trabajados, más inconsistentes, bastante menos interesantes, sobre todo en un final donde se bosqueja la innecesaria explicación pseudocientífica –en mi opinión, ni siquiera hace falta explicar las causas o las consecuencias de un Apocalipsis contemporáneo, pudiendo reducirlo a una cuestión abstracta o conceptual-, abordada de manera precipitada, confusa y con escasa credibilidad.

Se antoja casi como mera excusa para conducir al filme a un desenlace que expone definitivamente sus reflexiones sobre el carácter del hombre moderno y sus orgullosas aspiraciones de divinidad –la hybris que condena al desastre, según decían los clásicos- por medio de un simbolismo social y religioso –los supervivientes son el científico que jugando a ser Dios lleva a la catástrofe, un hombre que también ha decidido sobre la vida de otra persona y una mujer que representa la fe auténtica y natural, es decir, sumisa y respetuosa con Dios, el de “verdad”, desde su posición de inferioridad consciente y asumida- y sobre todo de alegorías cristianas –la redención, el Purgatorio- bastante simplones, que no logran alcanzar en ningún caso demasiada profundidad.

Daba para más.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 5,5.

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