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La tumba india

21 Ene

“Cada película tiene una especie de ritmo que sólo el director puede darle. Tiene que ser como el capitán del barco.”

Fritz Lang

 

 

La tumba india

 

Año: 1959.

Director: Fritz Lang.

Reparto: Debra Paget, Paul Hubschmid, Walter Reyer, Claus Holm, Sabine Bethmanm.

Tráiler

 

 

            La tumba india es la película que, estrenada originalmente dos meses después, da continuidad y cierra definitivamente El tigre de Esnapur, la cinta de aventuras exóticas que había supuesto el retorno de Fritz Lang a Alemania tras sus periplos francés y estadounidense que siguieron a su exilio tras la afirmación del nazismo en los organismos de poder del país.

            En esta ocasión, el protagonismo del arquitecto alemán y su romance con la bella Sheeta, bailarina de la diosa Shiva, se diluye a favor de las tramas secundarias, a saber: la rebelión del los cortesanos refractarios a la modernización del reino, la investigación de los arquitectos alemanes recién llegados sobre el paradero de su cuñado, hermano y colega de profesión –personajes accesorios, planos y algo irritantes que vienen a potenciar el carácter de choque entre lo civilizado y lo barbárico del relato-, y la lucha de Sheeta contra el matrimonio con el príncipe y contra la inapelable condena impuesta por este: su ejecución y sepultura en una tumba monumental edificada sobre los cimientos del despecho y el rencor que van de la mano del desengaño amoroso más brutal.

            La película queda configurada más como una continuación tras un intermedio que como una segunda parte autónoma –el final abierto de aquella dejaba todos los cabos por atar, ésta comienza reciclando imágenes de la anterior a modo de resumen-; tal es así que en el año posterior ambos filmes, cuya popularidad manifiesta el hecho de que entonces ya fuera la tercera adaptación que se hacía de la novela de Thea von Harbou –antigua colaboradora y esposa de Lang-, se exhibirían en sesión única bajo el epígrafe Journey to the Lost City.

            Analizándola independientemente, La tumba india repite las características –holgura medios, grandes escenarios y masas, colorismo…-, los defectos –poca tensión dramática a causa de un guion algo romo, cierto anquilosamiento, una dirección demasiado funcional y unas actuaciones mejorables- y las escasas virtudes que presentaba su antecesora, que de nuevo, aparte de un ligero dinamismo mayor en la transición de escenas, recaen en la exuberancia física de la norteamericana Debra Paget, habitual en papeles de belleza exótica, y sus casi gratuitos pero aún más sensuales bailes, capaces de hipnotizar por igual a una cobra que a un espectador masculino.

En cambio, las tramas abiertas se clausuran por lo general de manera poco satisfactoria, muy endeblemente -sobre todo en el caso de la revuelta de la nobleza local contra el joven y obcecado príncipe, resuelta con desgana-, fruto de un libreto poco pulido al que le sobrepasó la mayor atención recibida por los fastos de la puesta en escena.

De nuevo, prescindible.

Se aconseja ver ambas como una sola (del tirón o en partes), por más de tres horas que ello suponga.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 4,5.

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