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Street Fighter, la última batalla

20 Ene

“¿No eres un poco mayor para los videojuegos?”

Frank Dux (Contacto sangriento)

 

 

Street Fighter, la última batalla

 

Año: 1994.

Director: Steven E. de Souza.

Reparto: Jean-Claude Van Damme, Raul Julia, Kylie Minogue, Ming-Na, Wes Studi.

Tráiler

 

 

            Confirmando la pauta que apuntaba el año anterior aquel Super Mario Bros. que había pasado con más pena que gloria y hoy nadie recuerda,  Street Fighter sería otro de esos primeros mutualismos, parasitismos o comensalismos, nunca simbiosis, que comenzaban a florecer –Double Dragon se estrena ese mismo año- entre videojuego y celuloide, marcando con firmeza y autoridad el camino a seguir por las futuras reproducciones de tan funesta alianza en la dirección que conduce al barranco de lo horrible y lo espantoso.

            Por lo visto, alguien creyó ver una historia en un videojuego que consistía en machacar los botones con mayor destreza y velocidad –en el caso de los mediocres del arcade, como un servidor, fuerza- que el oponente. Y no aquella melodramática que ofrecía por defecto la mitología del juego, sino una lucha aún más maniquea y a mayor escala entre el Bien y el Mal –sí es cierto que existían jugadores cuyas motivaciones eran más justificables moralmente que las de otros-, en la que se intenta satisfacer al fan y al profano a partes iguales sin, por supuesto, como siempre ocurre, dejar contento a ninguno de los dos.

Es decir, dentro de una trama estándar de lucha entre héroes libertadores y villanos tiránicos se recurre, en el primer supuesto, al amontonamiento de personajes y referencias del juego original sin reparar en lo bochornoso o lo incoherente dentro de una trama que era, ya de por sí, de una estulticia de lo más festiva, cosa que afecta directamente al mencionado segundo caso.

            Por supuesto que un torneo de unos contra unos no daba como para elaborar un guion y que el relato construido no daba para más, pero esa incoherencia absoluta, ese vergonzoso militarismo cuartelario y esa hortera puesta en escena no eran de recibo.

Se admite que M. Bison no pueda llamarse “Bision” (o “Mister” Bison incluso) como en las partidas en la máquina del bar, que Wes Studi o un pasadísimo Raul Julia –qué desgracia que esta sea su película póstuma- resulten apañaos en cualquier cosa, que un sobreactuado Van Damme –lo que hay que ver- ejecute con limpieza la patada del hacha o que los chascarrillos de tan tontos tengan una extraña gracia autoparódica –quizás ahí se entrevea de manera más destacable la pluma de de Souza, colaborador en la escritura de cintas de acción con dejes de humor tan gozosas como Límite 48 horas o La jungla de cristal-.

En cambio, que Dalshim sea un doctor pacifista flexible cual muñeco de futbolín, que ni Cristo haga un ayuken (动拳) o que Blanka, mi alter ego más habitual en las peleas, sean un trasunto llorica de Lou Ferrigno, no tiene perdón de Dios.

 

Nota IMDB: 3,4.

Nota FilmAffinity: 2,6.

Nota del blog: 3,5.

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