Perros de paja

16 Ene

“Si hay violencia en nuestros corazones, es mejor ser violentos que ponernos el manto de la no violencia para encubrir la impotencia.”

Mahatma Gandhi

 

 

Perros de paja

 

Año: 1971.

Director: Sam Peckinpah.

Reparto: Dustin Hoffman, Susan George, Peter Vaughan, Del Henney, Ken Hutchison, Jim Norton, David Warner.

Tráiler

 

 

            Perros de paja marca un punto de inflexión en la filmografía de Sam Peckinpah. Por primera vez en su trayectoria, abandonaba el western para adentrase en tiempos contemporáneos, además de trasladar la acción y el rodaje al otro lado del Atlántico, al Reino Unido profundo y rural. Sin embargo, no abandonaba su fascinación por el estudio y la composición de la violencia.

            Peckinpah indaga por medio de la figura de David Sumner (Dustin Hoffman), un apocado matemático exiliado con Amy, su atractiva mujer (Susan George), en la bucólica campiña inglesa escapando del ultraviolento Estados Unidos, sobre cómo las pulsiones de violencia afloran en el hombre supuestamente racional que las reprimía al alcanzar un punto de no retorno, en este caso producto del hostigamiento de los muchachos de un pueblo que vive desde la víscera, sin mesura ni cortapisas, sin las inhibiciones que se reserva ese individuo civilizado que viene a simbolizar el matemático, un extraño en todos los sentidos.

Una emoción profunda e intensa, parte inherente del ser humano: pese a la cobardía y racionalidad que lo convierten incluso en frío, indiferente, incapaz de comprender la complejidad de las pasiones y las necesidades de la pareja David no duda en mortificar al gato de su esposa, cosa que, al igual que los provocativos guiños sexuales de ella -también reflejo de la seducción de lo salvaje y brutal, que encontrará su punto culminante en la turbadora ambigüedad de la escena de la violación, uno de los principales hechos por los que se acusaría de misógino al californiano-, forma parte de la violencia mental, vengativa, queda y soterrada que se profesan mutuamente.

            Peckinpah recoge con maestría ese ambiente malsano, irrespirable, obsesivo, campo de cultivo para ese surgimiento de la ira, de lo irracional. Las imágenes, oblicuas, agresivas, sumergen en la espiral de rabia; la música de Jerry Fielding, hombre de confianza del director, como la mayoría del equipo, brinda inquietantes contradicciones; el impactante montaje imprime lo enfermizo en el celuloide y retrata, con sus endiablados cambios de ritmo, la evolución mental de unos personajes al borde del barranco, sublimados por las interpretaciones de un reparto magnífico entre los que destaca el trabajo de Dustin Hoffman y, sobre todo, de una soberbia Susan George, impecable en esa ya mencionada perturbadora ambigüedad; vulnerable, de arrolladora sexualidad, retorcida en el uso de sus armas de mujer.

Una película feroz.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 8.

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2 comentarios to “Perros de paja”

  1. El Tusos 17 enero, 2012 a 00:50 #

    Una película que me resultó extraña (que no mala), fruto quizá de esa ambigüedad que mencionas en algunas fases. Los cambios sutiles que se van produciendo en Dustin Huffman, cómo va progresivamente desarrollando una encubierta hostilidad te llevan de golpe a una desesperada y caótica batalla final. La espectacular sensualidad de Susan George y el buen hacer de Del Henney completan una decente película. ¿Es muy posible que otros directores como Tarantino se hayan inspirado en ésta película para algunos de sus trabajos, no?
    Creo que te ha faltado destacar algo, que a mí me llamó mucho la atención (si no recuerdo mal, ya que la vi hace cierto tiempo), cuando está luchando D. Hoffman contra uno de los hermanos en la escalera con la presencia dubitativa de D. Henney y Susan George grita pidiendo ayuda a Henney, su antiguo amante y eventual violador, en vez de a su marido. Si hablamos de ambigüedad, ESE es el punto.
    Coincido con tu puntuación.

    • elcriticoabulico 17 enero, 2012 a 02:00 #

      No, Cuando Amy llama a Charlie pidiendo socorro no es ambigüedad. Es una declaración de intenciones subconsciente. Él es el hombre. Es brutal –no hace el amor: rapta y viola-, posee un atractivo rudo, rocoso, y no se acobarda ni tiene dudas. A eso me refería con lo de la atracción de la violencia, de lo irracional, de lo animal; cuya carencia convierte en incompleto a sus ojos al personaje de Hoffman. Incluso los niños del pueblo interrumpen sus juegos en un cementerio y atormentando perros para admirar los pezones de esta mujer tan… eso.
      Peckinpah siempre fue acusado de machista, cosa que no creo que siempre esté del todo justificada dentro de la complejidad en las relaciones con la mujer que muestran sus películas. Pero en esta son, casi en su totalidad, sinónimo de traición o de perdición (Amy, la niña calentona que propicia la tragedia final utilizando por despecho su perversa picardía con loco del pueblo).
      Por otra parte, sobrevuela el filme la convulsión social de una sociedad estadounidense que parecía desangrarse desde dentro (se hace referencia a la inseguridad como uno de los motivos de este retiro estudioso del protagonista) y desde fuera (son los años más crudos de Vietnam). Un cúmulo de cambios violentos y convulsiones que dará lugar al auge en el cine del vigilante, un personaje justiciero cuya acción expeditiva y violenta contra los males que aquejan a esa sociedad enferma provienen siempre de la decepción, del hartazgo, de la alienación. Es este el año de Harry Callahan, un tipo que decepcionado con un sistema viciado, más favorable al criminal que a la víctima, propone regenerar todo como juez sumarísimo y verdugo. Es el anuncio de los personajes que rematará, harto de la delincuencia, Charles Bronson (lo de “yo soy la justicia” y todo eso) en su vertiente popular y, en la más compleja y torturada, gente como el Travis Bickle de Taxi Driver, sobre el que el mundo, en forma de insomnio y aburrimiento derivado de pesadillas sin curar de Vietnam, la marginación por parte de una sociedad ingrata que lo repudia y en la que no encaja, junto con la decrepitud de la moral, llevan a tratar de redimir a él mismo y a todo salvando a la pequeña Iris, hija de esa podredumbre, prostituta menor de edad, que ni siquiera desea ser salvada.
      Son años de gran cine. De grandes cambios. La postmodernidad, con Tarantino como ejemplo pluscuamperfecto del reciclaje, la cita o la copia, mama mucho de todo esto. Peckinpah será el gran referente para muchísimos directores, sobre todo en su aspecto más superficial (e injustamente recordado): su expresiva y poderosa narración de la violencia.
      Aunque hay que recordar que Kurosawa ya mataba de vez en cuando al ralentí. Imagino que tampoco sería invento suyo.

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