Salvador (Puig Antich)

13 Ene

“Libertad, libertad para ser una clavija redonda en un agujero cuadrado.”

Aldous Huxley (Un mundo feliz)

 

 

Salvador (Puig Antich)

 

Año: 2006.

Director: Manuel Huerga.

Reparto: Daniel Brühl, Tristán Ulloa, Leonardo Sbaraglia, Leonor Watling, Joel Joan, Joaquín Climent, Andrea Ros.

Tráiler

 

 

            Una misma historia puede ofrecer, al mismo tiempo, dos vertientes: la que realmente interesa al director, en la que se siente cómodo, generalmente respaldada por un ambiente y una documentación previa más precisa, y otra accesoria, más difusa, evitable o no dependiendo de su juicio (o el del productor). También en función de su genio y su creatividad, el cineasta puede sacarla igual de jugo o, cuanto menos hacerla fluida, perfecta ligazón con el tema central. A Salvador lo condena.

            Partiendo desde unas firmes intenciones de reivindicación política y moral, Manuel Huerga recupera la figura del icónico anarquista Salvador Puig Antich, último preso ajusticiado por el régimen franquista tras su condena por la controvertida muerte de un policía de la Brigada Político-Social, la policía política. El símbolo visible contra el totalitarismo opresivo, inhumano e irracional que entonaba el canto del cisne.

            Como decíamos, la película se divide en dos mitades claras: la ilustración, mediante la confesión a su abogado, de la trayectoria político-activista de Puig Antich hasta su captura, y la posterior agonía de su procesamiento, encarcelamiento y ejecución.

Huerga tira la primera a la basura. Sin saber del todo qué hacer con esta cara más ignota del libertario catalán, reconstruye contexto e individuo mediante el tópico y el brochazo. Fallidas pretensiones de crónica histórica. Puig Antich queda desdibujado y antipático, inmerso en una banalidad popera parangonable a la del peor terrorismo de pasarela de R.A.F. Facción del Ejército Rojo. Memorables temas musicales de la época metidos con calzador, efectismos visuales que no encajan y distancian, niñatos con barba y melena que pagan el pavo reventando sucursales bancarias, historietillas de amor mal introducidas y nada creíbles, malos de opereta encarnados por el facha prototípico, varonil, testosterónico y malhablado,…

Plana, mal dirigida, de nulo interés o complejidad. Lamentable.

            Si sobrevive, sobre todo asido a la tabla de salvación de un reparto magnífico, el espectador puede observar cómo durante el encierro de Antich surgen pequeños relieves que dan forma a la personalidad del joven, que lo hacen querible y reivindicable. Se le comprende. Surgen subtramas con posibilidades como la amistad con el carcelero, también icono de un sistema represivo, donde no hay derecho a la divergencia, a la personalidad propia, sin embargo también desaprovechada por un desarrollo simplista y apresurado: dos escenas bastan para crear una amistad incondicional entre antagonistas, para convertir al profano (para convertir a toda el país).

Pero algo es algo. Huerga se entona. La forma se acopla al fondo, lo complementa y lo aporta atractivo. Acumula sabiamente la emotividad en ese clímax final dramático y alargadísimo: la angustia del que se sabe muerto y al que la muerte no le llega. Funciona el alegato a favor de poseer la total libertad para ser diferente, de vivir de acuerdo con uno mismo, de poder creer en el futuro sin temer al presente.

            No hay mejor metáfora que el verdugo, ese diligente funcionario, para representar la mediocridad y brutalidad de un régimen inadmisible desde cualquier punto de vista moral o de justicia.

Lástima esa deplorable primera mitad.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 6.

2 comentarios to “Salvador (Puig Antich)”

  1. Jesús Padilla 14 enero, 2012 a 12:17 #

    Sigo con desigual interés diferentes blogs dedicados al cine, y llama la atención la poca atención que se presta al cine español. Cierto es que en ocasiones se promocionan películas de poca calidad, pero es que la mayoría del cine que se distribuye solo lo mejora su mejor presentación como producto, a lo que contribuye de forma importante el doblaje…Es imposible la comparación del cine hecho aquí con el potencíal propagandístico e industrial americano, pero hay que reconocer que todos los años el cine español produce tres películas que pueden “competir” con cualquiera otra realizada en otro sitio.
    Sorpresa que tus dos últimas películas comentadas, hayan sido dirigidas por directores españoles. Y una de Buñuel, uno de los padres (aunque adúltero) del cine y la cultura contemporáneas.
    De los dos amigos, más conocidos internacionalmente, del aragonés, uno coqueteó sin escrupulos con el poder, y al otro lo mataron. Como mataron y arrasaron desde ese “que muera la inteligencia”, a todo lo que se movía. Y esa selección artificial que hicieron y ese trabajo de atontamiento, se refleja todavía hasta en los informes PISA. Sé que algunos les encantan las películas de guerra, ya sea americana o eruorpea, pero hacen ascos a la necesaria, y todavía insuficiente, revisión de nuestra marrón historia reciente (todavía hay muertos en las cunetas, hay que ser hijos de puta!).
    Pero, en fin, ya estamos recobrando el color y la salud; vivimos ya un tiempo (no sé si al cine le queda mucho, de hecho ya no se hacen colas), donde abundan directores, actores y técnicos de proyección internacional.
    Saludos y enhorabuena por tu honestidad y por la diversidad del cine que comentas y analizas.

    • elcriticoabulico 14 enero, 2012 a 15:35 #

      El cine español y su crisis crónica que contradice los buenos augurios de sus dirigentes sobre calidad y vitalidad… Explicaba el crítico Javier Ocaña, a mi juicio con bastante tino, los siete pecados capitales del cine patrio. Desde mi situación estrictamente personal, mi falta de feeling (que diría Pep, filósofo de pro) con el cine español se debe fundamentalmente a que, no es que no me guste, sino que no me atrae. Parte de culpa sí, tiene usted razón, se debe a que su publicitación es, en la mejor de las situaciones, escasa. Pero también se debe a su temática, a su endogamia y a su poco reconocida escasa originalidad. Más allá del tópico de ‘¡Jo! ¡Otra de la Guerra Civil!’ (donde los tópicos y el aburrimiento abundan y la inexplicable falta de originalidad la convierte en sobada), las temáticas, aparte de escasas, dejan una sensación de ya visto, de cansancio y de poca intensidad. No entrando en que si son buenas o malas –la mayoría de los críticos “oficiales”, no me lo va a negar, conceden mayor puntuación a la vitola de “español”-, son poco atractivas. Claro que también el tan abundante cine social es árido por definición, crudo, pero se pueden aportar nuevos puntos de vista, nuevas formas que no caigan en el simplismo barato, la impostada crónica costumbrista y la autocomplaciencia.
      Falta coraje, falta capacidad de fascinación. Podían tenerla directores con un mundo propio y personal como en su día fueron Buñuel, Berlanga y tanto otros; ahora quizás Almodovar (guste o no, es un autor que sabe ver más allá de lo convencional), de la Iglesia, Medem o León de Aranoa -estos últimos con una decadencia que empieza a ser preocupante- o los nuevos y jóvenes creadores surgidos del feraz territorio del corto, más desinhibidos y creativos a la hora de asumir y reciclar influencias del cine americano junto con rasgos propios.
      Y además sí, el público medio no es exigente, como por tradición no lo ha sido en ningún lado. El entremés y el sainete variado, el chiste verde y la zafiedad siempre han vendido especialmente bien en el socarrón mercado hispánico. En buena parte por la herencia de un régimen abominable que tomó la incultura y la sospecha hacia lo intelectual por bandera, lo orgullosamente visceral e irracional.
      Mucho tiene que mejorar esto, desde ambos lados. Y no creo que la piratería sea el mayor problema a extirpar. De hecho, ha hecho más que nadie para que se vea más cine español de exhibición minoritaria o inaccesible.
      Hay películas meritorias, más de las que se dice por hay, pero también menos de lo que nos quieren vender.

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