Los olvidados

12 Ene

“No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados.”

Adam Smith

Los olvidados

Año: 1950.

Director: Luis Buñuel.

Reparto: Alfonso Mejía, Roberto Cobo, Estela Inda, Miguel Inclán, Mario Ramírez.

Tráiler

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            La imposición del régimen fascista del general Franco en España y la casualidad, en forma de proyecto nunca realizado –la adaptación de La casa de Bernarda Alba-, había llevado a Luis Buñuel, uno de los padres del surrealismo español, artista originalísimo, comprometido y visceralmente independiente, a afincarse en México.

Aunque en el país centroamericano desarrollará la mayor parte de su carrera, su primer estreno, Gran Casino, un vehículo para el lucimiento del cantante Jorge Negrete auspiciado por el productor francés Óscar Dacingers, también en el exilio, fue tal fracaso que le hizo replantearse la continuidad de su obra cinematográfica. A pesar de ello, un nuevo proyecto, puramente alimenticio, ofertado por Dacingers, El gran calavera, resultó un notable éxito de público, lo que contribuiría a aliviar las urgencias económicas del de Calanda. Ahora con mayor libertad de acción y una temática más acorde a sus pretensiones artísticas, Dacingers brindaría a Buñuel la oportunidad de retratar la desventurada vida de los niños de los arrabales mexicanos: Los olvidados.

            Buñuel ya había demostrado en Las Hurdes (Tierra sin pan) cuán terrible podía ser a la hora de enfrentarse y evidenciar, cámara en mano, la miseria y el atraso de un país, si bien, en vez de abocarse de nuevo a un ejercicio de una truculencia casi satírica, optará por adscribirse a varios principios del Neorrealismo italiano –crudeza expositiva, empleo de ciertos estereotipos reconocibles para transmitir un mensaje moral, melodramatismo para reforzar su poder persuasivo y su emotividad-, corriente que también solía cargar las tintas en el desamparo de la infancia como ejemplo de las injusticias sociales, aunque, por supuesto, sin renunciar a su propio universo mental y creativo –el surrealismo para mostrar las obsesiones y angustias del subconsciente de los personajes, el peso de la sexualidad, el empleo de símbolos animales, las gallinas, para representar pulsiones irracionales-.

            El aragonés posa el objetivo sobre un grupo de críos que malviven en la calle entre correrías, picaresca y trabajos paupérrimos. Una infancia sin futuro, truncado este por la ausencia de amor, de justicia, de progreso; de humanidad en definitiva. Adultos sometidos por la pobreza más absoluta sin capacidad de transmitir amor a sus hijos, tan solo esos miedos que los convierten en seres que han marginado a la ética, demasiado aterrorizados por el sacrificio de la supervivencia diaria. Los más pequeños como víctimas de la violencia, el rencor y la ignorancia –la superstición-religión como uno de los grandes males- de una sociedad inclemente de la que la inocencia propia de la infancia ha sido desterrada.

Un mundo con escaso lugar para la esperanza y pocos personajes positivos. Quizás la bondad cándida de Ojitos, vilipendiado, utilizado y finalmente en parte corrompido por su vida junto al ciego; quizás el Estado, comprensivo, algo ingenuo, pero con el imprescindible afán progresista como potencial vía de solución.

Ni siquiera la afectuosidad que se cuela entre algunas rendijas es limpia. La única relación emocional consentida entre un adulto y uno de los jóvenes es, en cierto modo, lasciva, mientras que la adoración frustrada del torturado protagonista hacia su madre roza lo edípico y la pedofilia campa a sus anchas en ese sistema donde el grande siempre se come al chico.

          Una furibunda y pesimista denuncia que ataca a la yugular con toda la mala baba de la que Buñuel era capaz. No le haría ninguna gracia ni al gobierno ni a las clases acomodadas de México, ni aún después del premio de mejor director y la nominación a la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

Será el único filme, junto con Metrópolis, en ser reconocido por la UNESCO como Memoria del mundo.

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Nota IMDB: 8,4.

Nota FilmAffinity: 8,2.

Nota del blog: 8.

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