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El libro de Eli

10 Ene

“El hombre concede premios, pero Dios concede recompensas.”

Denzel Washington

 

 

El libro de Eli

 

Año: 2010.

Directores: Albert Hughes, Allen Hughes.

Reparto: Denzel Washington, Mila Kunis, Gary Oldman, Ray Stevenson, Jennifer Beals.

Tráiler

 

 

            El futuro postapocaliptico en el cine tiene como principal característica el ofrecer una mirada al presente desde una parábola futura que fija el punto de no retorno al que este se dirige. Ese carácter ejemplificante exagera los males contemporáneos, en ocasiones a modo de farsa, voluntaria o no, y los sitúa en ese mundo de posibles con el objetivo de brindar una advertencia moral al espectador.

He ahí que siempre se puedan extraer lecturas del cine fantástico postapocalíptico, que siempre posea un mensaje escondido o explícito tras del mayor o menor espectáculo asociado.

En el caso de El libro de Eli, el mensaje es obvio y, además, tiende a subrayarse.

             La película, ambientada en un mundo reducido a desierto ecológico, ético y cultural por una guerra nuclear creada por y para la destrucción de libros, muy concretamente de la Biblia, presenta a un héroe de western transmutado –el forastero enigmático e invencible que llega de la nada para transformar todo a su paso- con el rostro de un Denzel Washington terco y geniudo pero mesiánico y bonachón, como a él le gusta.  Un personaje de rasgos mosaicos también ducho en artes marciales samuráis -por si los paganos impíos no atienden a la palabra de Dios- en travesía obsesiva por los yermos páramos con la misión divina de llegar al Oeste y proteger su carga: la última Biblia, versión autorizada del rey Jacobo (o Jaime, o Santiago).

El discurso, firmado por el hasta entonces diseñador de videojuegos Gary Whitta, defiende el poder redentor de las Sagradas Escrituras para el individuo y para toda la humanidad desde su uso honrado, virtuoso y recogido, opuesto a la instrumentalización estatal que pretende el pequeño sátrapa de provincias interpretado por un poco inspirado Gary Oldman, precisamente la figura que representa esa advertencia ejemplarizante: la del mundo que ha perdido el sentido humano y cálido de las enseñanzas de la fe cristiana, que vive hundido en la violencia, la lujuria, la falta de moralidad, justicia y libertad y, casi, el canibalismo –aún le quedan rescoldos de un civismo que apenas se limita a lo aparente o casual-.

El barbarismo que sojuzga las sombras no iluminadas por la religión.

             Un mensaje en buena parte cuestionable, plagado de simbolismo de rebajas, decorado por los hermanos Hughes con la estética cercana al cómic que ya habían aplicado en su acercamiento al legendario Jack el Destripador en Desde el infierno, con una fotografía de colores lavados hasta reducirlos a tonalidades desvaídas, luminosamente cruda, de visión deslumbrada, con alguna imagen rescatable de una puesta en escena que en ciertos tramos se les escapa totalmente de las manos –el tiroteo en casa de los ancianos es más risible que genial-, al igual que el propio argumento.

Ideal para aprovechar una bolsa de palomitas en el JMJ.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 5,5.

Nota del blog: 3.

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