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Solaris

4 Ene

“El Oeste grita: ‘¡Ven aquí, aquí estoy yo! ¡Mírame! ¡Escucha cuánto puedo sufrir y amar! ¡Cuán deprimido y feliz puedo ser! ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!’ Y el Este no dice nada sobre sí mismo. Disuelto completamente en Dios, en la Naturaleza, en el Tiempo, recuperándose a sí mismo de nuevo en cada cosa. Capaz de descubrir todo en sí mismo.”

Andrei Tarkovski

 

 

Solaris

 

Año: 1972.

Director: Andrei Tarkovski.

Reparto: Donatas Banionis, Natalya Bondarchuk, Jüri Järvet, Anatoliy Solonitsyn, Vladislav Dvorzhetsky, Nikolai Grinko, Olga Barnet.

Tráiler

 

 

            Cuando Andrei Tarkovski vio 2001: Una odisea del espacio de Stanley Kubrick, filme capital y punto de inflexión de la ciencia ficción, quedó convencido de que, pese a su evidente contenido reflexivo, se trataba tan solo de una colección de imágenes de recreación futurística sin alma y, además, de bajo nivel estético.

Es por ello por lo que él mismo, ya autor de gran reconocimiento en el cine mundial tras las alabanzas recibidas por La infancia de Iván y Andrei Rublev, obras personales, de gran carga humana, poética y simbólica, no siempre accesibles y algo pretenciosas, decidió emprender su primera incursión en el género fantacientífico con Solaris, tomando como punto de partida la novela del reconocido escritor de ciencia ficción Stanislaw Lem, tan filosófico como satírico en su visión del hombre y la sociedad de su tiempo.

            Pese a la coincidencia inicial de los títulos de crédito con Kubrick –el uso de música clásica para una película futurista, en concreto de su admirado Bach– Tarkovski muestra pronto sus cartas abriendo la película con imágenes poéticas, bucólicas: un hombre, el protagonista Kris Kelvin (el austero Donatas Banionis), paseando por verdes riberas, solo en plena naturaleza, en la parte trasera de una casa tradicional aislada del mundanal ruido. Sin apenas máquinas. Es, sin embargo, un hombre soturno, galvanizado por la gelidez científica que caracteriza la vida en la tierra, donde lo cuantitativo y estrictamente racional predomina sobre lo sentimental, asunto marginal y olvidado.

            Tarkovski también propondrá un viaje, una odisea que, en este caso, es metafísica, al interior de la conciencia de un hombre en contacto con un nuevo planeta al que une la misión de su destruirlo o abandonarlo ante la aparente inutilidad y riesgo físico del mismo. Todo un sistema conformado por, según ciertas teorías, un océano cognoscitivo, un inabarcable cerebro en ebullición capaz de adentrarse en la mente de los científicos que tratan de analizarlo, de materializar su pasado: sus recuerdos, sus anhelos y pasiones, sus miedos y pesares, sus remordimientos más profundos. Impacta, por tanto, en lo realmente importante: en el universo afectivo de los individuos. Una especie de Dios creador de vida e inmortalidad, paraíso para unos, infierno para otros.

Como con la Ciencia, depende de la actitud moral del hombre hacia ello.

            Solaris plantea preguntas y dilemas en ese mundo paralelo en el que la mente abre sus puertas de par en par al hombre -qué es más poderoso, la ciencia o el amor; que distingue a la realidad de la ficción en la mente humana, qué es lo que hace humano al hombre-; mas no ofrece respuestas.

Apunta a la necesidad de amor como cura a los males de un mundo convertido en inhóspito para el ser humano, a la búsqueda de un contacto en el espacio exterior con lo que se ha perdido en la propia Tierra, a la necesidad del otro para completar la vida propia, a la definición del individuo a través de sus emociones y sentimientos, de su vida interior (en cierta manera la Tierra, las relaciones afectivas), no en la exterior (el Universo, la producción fría y mecánica).

            A pesar de que su único efectismo sea el cambio de fotografía de color a blanco y negro, expresión de los procesos sentimentales desde el punto de vista de su protagonista, de la embriagadora atmósfera onírica del relato, de que lo simbólico y conceptual se imponga a la técnica y el diálogo sutil y filosófico a la verborrea pseudocientífica, y de que predominen sus características tomas largas, repletas de ese lirismo de lo natural, de lo cotidiano y teóricamente intrascendente –por supuesto, algunas rayan el puro esteticismo y alargan un filme de ritmo lento de por sí-, Tarkovski declarará abiertamente el fracaso de sus propósitos de humanizar la ciencia ficción, con resultados en su opinión aún fríos, demasiado llamativa en lo espacial y tecnológico respecto de lo trascendente.

 

Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 8.

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