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Tarzán de los monos

31 Dic

“El hombre es en el fondo un animal terrible y cruel. Lo conocemos como ha sido domesticado y educado por lo que conocemos como civilización.”

Arthur Schopenhauer

 

 

Tarzán de los monos

 

Año: 1932.

Director: W.S. van Dyke.

Reparto: Johnny Weissmuller, Maureen O’Sullivan, Neil Hamilton, C. Aubrey Smith, Ivory Williams.

Tráiler

 

 

            Viendo más allá de su forma, con sus decorados de inmaculado acartonamiento, sus simpáticos fondos de escenario pre-croma o su entrañable suit-motion, hay algo que impide envejecer a Tarzán, el icono creado por Edgar Rice Burroughs y estelarizado por el celuloide –esta es la tercera película de las 89 que se rodarán sobre el personaje-; la aventura total en cierto sentido. Es su fondo sencillo pero eficaz, tremendamente sugerente, abordado casi por completo desde la potencia evocadora e impactante de la imagen, rasgo esencial del cine, que apela a las profundidades del córtex cerebral del espectador de cualquier edad, destinado a remover los sentimientos y estímulos más primarios de la mente humana.

            Tarzán es el intenso regreso a estadios pretéritos, en los que el hombre civilizado se adentra en la selva primigenia, donde es vulnerable, minimizado en comparación con ese edén o infierno verde, y donde todo es adrenalina: se es cazador y se es presa, se mata o se muere, la vida pende de un hilo y las pasiones se inflaman ante la ausencia absoluta de las represiones de la civilización. No existen los tabúes en la jungla. Que aún el Código Hays se tomara a la ligera, favorece el asunto.

Lo agradece el erotismo naif pero rotundo de Jane -representación de la mujer moderna, aventurera y decidida, consciente de su poder de seducción- y sus sugerentes escarceos amorosos con un salvaje, inocente, musculoso y semidesnudo Tarzán, sugestiva fantasía erótica-exótica en un mundo que combina peligro y sexualidad a partes iguales.

Lo agradece también, en este sentido, una acción que no ahorra en violencia cruda. Como hemos dicho, en la selva se mata o se muere: los representantes de lo civilizado, de lo occidental, no dudan en fustigar a sus esclavos o en disparar a toda fiera, amenazadora o no, que se cruce en su camino; Tarzán sobrevive a golpe de cuchillo y paga las afrentas de sangre con sangre y en abundancia, con la atávica Ley del Talión –con otro punto de vista, su vendetta, casi cercana en procedimientos a lo que en el futuro sería un slasher, sería aterradora-; los habitantes de la selva se rigen por ancestrales y cruentos códigos o poseen como habitual entretenimiento la eterna lucha a muerte entre hombres y bestias.

            Es el choque entre lo civilizado y moderno (el hombre) y lo indómito y primitivo (la Naturaleza), entre el buen salvaje y la civilización en la violencia y en el amor, las pasiones más fuertes que puede experimentar el ser humano.

Es por ello por lo que Tarzán de los monos conserva un atractivo formidable con sus casi ochenta años.

Como no podía ser menos, dedicado a Chita. In memoriam.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7.

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