Archivo | 17:40

La ruta del tabaco

29 Dic

“El director ha de cumplir ciertas reglas comerciales. En esta profesión, un fracaso artístico no supone nada, en cambio un fallo comercial es una condena. El secreto es hacer películas que complazcan al público y en las que a la vez el director pueda revelar su personalidad.”

John Ford

 

 

La ruta del tabaco

 

Año: 1941.

Director: John Ford.

Reparto: Charley Grapewin, Elizabeth Patterson, Gene Tierney, William Tracy, Marjorie Rambeau, Ward Bond, Dana Andrews.

 

 

 

            Después de firmar Las uvas de la ira el año anterior, y ¡Qué verde era mi valle! ese mismo año, John Ford clausuraba su trilogía de cine social con La ruta del tabaco, que diverge respecto a los anteriores por su carácter de cuentecillo esperpéntico-satírico con vocación populista sobre la decadencia y el desarraigo forzoso –elementos centrales también de las anteriores- del Deep South norteamericano.

            Basado en la exitosa obra teatral de Jack Kirkland –ocho años ininterrumpidos sobre las tablas-, a su vez traslación de la novela homónima de Erskine Caldwell, La ruta del tabaco fija de nuevo el punto de vista en una familia, símbolo de permanencia frente a un mundo cambiante e irreconocible, en el que solo cabe lugar para un futuro insensible dominado por entidades asépticas, casi etéreas –la compañía en Las uvas de la ira, el patrón en ¡Qué verde era mi valle!, el banco aquí- que suponen el factor de alejamiento entre el individuo y la tierra de la que proviene, a la que pertenece y de la que sobrevive. Problemas todavía actuales, como recuerda la simpática y aguda alegoría del cortometraje The accountant, ganador del Oscar en su categoría en 2002.

            La familia de Jeeter Lester, al contrario de las anteriores, vive feliz y al día en la miseria de su presente –siempre que puedan conservar su cochambrosa finca- mediante pequeños hurtos, pequeños trueques y escamoteos a roñosos y grotescos compañeros de penurias. Seres mezquinos y zarrapastrosos pero con gran vis cómica que representan los tópicos de la América agrícola, atrasada, supersticiosa y paupérrima –ejemplo que también se reflejará en la poco posterior Canción del sur– para el entretenimiento del urbanita neoyorkino con palco preferente en un teatro de Broadway, donde se alternan gags de puro slapstick y ocurrencias de la confrontación entre lo rural orgulloso y la civilización con otros quizás no tan inocentes, que esconden en su fondo cierta pesadumbre melancólica por el ocaso de unas formas de vida anacrónicas pero bellas a su manera, de las que Ford aún se encarga de rescatar una cierta sombra de lirismo bucólico, por mucho que la recalcitrante familia de costrosos rednecks se empeñe en perpetuar, frente a cualquier inmerecida segunda oportunidad, la versión más lastimosa de los estereotipos de esa indomable Norteamérica meridional, de los cuales se erigirán como paradigma en la cultura popular del país.

            La ruta del tabaco no ha envejecido del todo bien. Parte de su humor y mucho de su narración se perciben obsoletos, ausente también la profundidad dramática de sus precedentes en la trilogía, cuyo espacio se cede a la comedia pura. Sin embargo, aún permanecen unos personajes adorables, algún chiste todavía rescatable, un encomiable trabajo actoral –Charles Grapewyn es todo desparpajo en su sempiterno papel de viejo desdentado, Gene Tierney sale guapa hasta bañada de mugre y el hiperactivo William Tracy tiene un don especial para recibir tundas- y las acostumbradas buenas maneras de Ford tras el objetivo.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 6,5.

A %d blogueros les gusta esto: