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Excalibur

27 Dic

“Siempre he pensado que ver películas es una experiencia muy semejante a soñar.”

John Boorman

 

 

Excalibur

 

Año: 1981.

Director: John Boorman.

Reparto: Nicol Williamson, Nigel Terry, Helen Mirren, Cherie Lunghi, Nicholas Clay, Paul Geoffrey, Gabriel Byrne.

Tráiler

 

 

            John Boorman había acariciado durante largo tiempo la adaptación al cine del Ciclo Artúrico. Ya en 1969, realizaba una primera propuesta a la productora United Artist, que decidió declinarla, si bien ofreciendo a Boorman en contraprestación las riendas de otro proyecto de igual magnitud como era la traslación al celuloide de otra saga fantástica, esta vez contemporánea: El señor de los anillos. Las megalómanas ideas que el inglés puso sobre la mesa provocaron que su futura participación en la película fuera también descartada, aunque la influencia de ciertos conceptos artísticos se haría notar en la que sería la cristalización definitiva de la materia de Bretaña: Excalibur, que llegaría en 1981.

            En colaboración con el guionista Rospo Pallenberg, con quien había trabajado ya en la continuación de la exitosa El exorcista, una cinta puramente alimenticia, y tomando como base La muerte de Arturo, de Thomas Malory –uno de los escritos artúricas más conocidos, centrado en su etapa de declive y rico en alegorías cristianas-, Boorman despojaría al mito de cualquier contenido histórico para transformar el relato en una ópera romántica ambientada en un universo propio, intemporal, fantasioso, mágico, casi de ensoñación.

             Unas musculosas hechuras neorrománticas que se apoderan de la esencia de la leyenda definidas por unas interpretaciones de calculado histrionismo y un vestuario hipertrofiado que apoyan la atmósfera onírica e irreal del filme junto con unos escenarios monumentales, de gran simbolismo y estética orgullosamente dionisíaca, arrebatada; ocasos heridos de sangre y fuego y bosques eternos que refulgen en verde y plata donde los reinos se siembran en la lujuria, el amor traspasa hechizos y juramentos y el bien se enfrenta al mal por la esperanza de los hombres.

Personajes portentosos movidos por valores y pasiones absolutas a los que la partitura de Wagner –incluido el decisivo acorde de la ópera Tristán e Isolda– conduce siguiendo la estructura metafórica y espiritual de la epopeya de la vida.

Nacimiento –primario, oscuro, brutal-, cenit –racional, virtuoso, próspero, pero también crepuscular para elementos arcaicos como la magia de Merlín, el deísmo atávico y la primigenia conexión con la Naturaleza- y decadencia, cuando la antigua vitalidad y orgullo de Arturo, el esplendor argénteo y el verdor de los feraces campos se torna herrumbre, lodo y cansancio por los pecados de la traición, la vanidad y la envidia entre los que medra el mal antes escondido en rincones más ocultos del reino, de uno mismo: la maga Morgana, hermana de Arturo, y su progenie, a los que la verdad, la lealtad y la bondad han de sojuzgar en épico sacrificio postrero; las virtudes reveladas y renovadas –el Santo Grial– que reverdecen la gloria del rey y su reino, todo uno, los bríos de la ejemplar e inmortal caballería que resurge y cabalga mientras resuena el O fortuna de los Carmina Burana de Orff.

Fascinante, imperecedera.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 10.

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