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Apollo 18

18 Dic

“Vamos a la Luna porque afrontar desafíos forma parte de la naturaleza humana.”

Neil Armstrong

 

 

Apollo 18

 

Año: 2011.

Director: Gonzalo López-Gallego.

Reparto: Warren Christie, Lloyd Owen, Ryan Robbins.

Tráiler

 

 

            A finales de milenio El proyecto de la bruja de Blair, trabajo estudiantil en origen, se convirtió en la película más rentable de la historia, además de renovar el agotado género del terror, más que por su fondo -que, visto desde la distancia, no era siquiera demasiado estimulante- por su forma: la explotación de una hiperrealidad asentada sobre una apariencia de naturalidad, en alejarse de la parte de artificio evidente de toda película. Presupuestos en los que una hábil promoción se encargaba de incidir aún más defendiendo el filme como un verdadero documental hallado por casualidad, hecho que, finalmente, se erigirá como otra de las claves de su éxito.

            Así pues, será esta una fórmula que, gracias a sus hechuras austeras y fácilmente reproducibles independientemente de los dólares, se convertirá en semillero del terror indie, libre y relativamente imaginativo, adaptada más tarde a mayores producciones que contradicen su razón de ser y pretensiones. Su popularidad quedará de manifiesto en el triunfo en la taquilla de producciones como Cloverfield, Paranormal Activity o REC; cintas todas que fundamentan sus posibilidades –además de evitar caer en la comedia involuntaria- en lograr la necesaria complicidad del espectador, su identificación emocional con esa realidad que la película presenta.

Con todo ello, la copiosa revisión del modelo, innecesarios y artificiales remakes y continuaciones incluidos, parece haber aportado escasos elementos novedosos independientemente de su efectividad y gancho entre el público, lo que conduce a estos falsos documentales de terror a una relativa barrena argumentativa y, sobre todo, de capacidad sorpresa y atractivo.

            Es sintomático, por tanto, que Harvey Weinstein, uno de los principales mandamases de la industria y productor de Apollo 18, haya recurrido a este viejo truco de defender la autenticidad “real” de este pseudo-documental sobre misiones secretas a la Luna y presuntos contactos extraterrestres. Un truco gastado y, a estas alturas, bastante ridículo que no ha sido óbice, sin embargo, para que representantes de la NASA hayan tenido que salir al paso para atajar posibles futuros rumores en un acto todavía más vergonzoso tanto para la agencia espacial como para una sociedad considerada crédula hasta la estulticia.

Apollo 18 supone ahora el traslado de esta hiperrealidad a la Luna, a la ciencia ficción. No deja de cumplir el paradigma del aislamiento del protagonista –ya sea en un bosque perdido, en un bloque de vecinos en cuarentena, en medio del océano o en un Manhattan clausurado-, elemental en este tipo de cine pero, en este caso, de difícil correspondencia con una platea que pocas veces ha experimentado la angustia del ignoto, helado y desolador espacio exterior.

            Si la propuesta se cimienta desde esa ausencia de originalidad o el equívoco en la misma -tan solo determinada por esa localización diferente y la leve actualización del filtrado cibernético en plan wikileaks- poco se podía esperar del salto a Hollywood del español Gonzalo López-Gallego -otro de los jóvenes españoles florecido en el ubérrimo mundo del corto español para madurar en la gran pantalla patria y ser recogido en La Meca del cine-, en el que se une a guionistas aún menos experimentados como Cory Goodman y Brian Miller. Es precisamente este último quien aporta la concepción primigenia del filme a partir de su corto de debut, Paracusia, en el que convivían ya esos principios de expedición al espacio y misteriosas amenazas alienígenas en una próxima misión a Marte, a lo que se suma la experiencia del propio López-Gallego en el formato de thriller, con inquietud fruto del aislamiento, con El rey de la montaña, la película que lo había colocado en el escaparate.

Es quizás por ese origen de cortometraje –la desactualización de sus premisas, del futuro posible a un pasado más tangible para el público, supuestamente más veraz y, por ende, más terrorífico- el que revela las carencias argumentales de un filme que acaba por dar la sensación de ser eso, un cortometraje estirado. Si bien comienza con interés y sabe provocar cierta tensión con un notable manejo del sonido y la puesta en escena, la cinta se muestra finalmente reiterativa en situaciones y efectismos en una segunda parte en la que, confirmando los fundados prejuicios iniciales, todo suena a ya visto.

Fallida.

 

Nota IMDB: 5,4.

Nota FilmAffinity: 5,2.

Nota del blog: 4,5.

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