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Vacas

14 Dic

“No copies nunca a la naturaleza. El artista debe ser como el Creador mismo. Él mismo debe crearlo todo.”

Andrei Tarkovski

 

 

Vacas

 

Año: 1993.

Director: Julio Medem.

Reparto: Emma Suárez, Carmelo Gómez, Txema Blasco, Ana Torrent, Karra Elejalde.

Tráiler

 

 

            A mediados de la década de los noventa, tiempos de cierta renovación generacional pero donde ya se apreciaban males que iban a parecer endémicos en el cine español como las dificultades de financiación, la pobre distribución o los resultados deficitarios, el estudio sobre el cine español confeccionado por EGEDA, organización en defensa de los derechos de los productores cinematográficos, apuntaba como causas del fracaso y la crisis rampante del cine patrio, entre otras razones, a la poca originalidad, la poca variedad de géneros o la incapacidad para provocar la fascinación o la ensoñación del espectador.

Un año antes del informe, el director vasco Julio Medem, con unos cuantos cortos en su haber, demostraba con Vacas, su debut en el largometraje, que estaba por encima de dichos achaques y mucho más; dueño de un mundo propio, con sus códigos y símbolos intransferibles y una especial sensibilidad poética capaz convertir lo cotidiano y prosaico en romántico o trágico, o ambas cosas a la vez.

            Ambientada en el País Vasco rural, profundo, Vacas propone un relato sobre rivalidades familiares a lo largo de cuatro generaciones, envuelto en un realismo mágico, prolijo en lirismo y manifestaciones simbólicas, que hace pensar en la prosa de García Márquez, en una pequeña Cien años de soledad.

Las deudas de sangre del pasado, herencia de una cobardía bélica o un apasionado acto de amor, que van calando y moldeando el presente, entrelazando vidas con lazos imperceptibles anudados por el viento y rompiendo fronteras invisibles y tabúes por medio de la violencia y el amor, y que conforman un destino inexorable, un eterno retorno, un círculo que llama a cerrarse.

           Medem juega con el relato a su manera, rompe la lógica y lo entrega a un fascinante tono onírico en el que se amalgama el tiempo y el espacio, donde todo transcurre con una lógica propia determinada por esa acumulación de hechos pasados que desembocan en un presente y futuro marcado, que concede pistas de sus intenciones por medio de símbolos de vida, de muerte, de amor; en el que esas vida y muerte solo poseen la diferencia de lo accidental y es, precisamente, aquel que ha vadeado por ambas orillas, también por casualidad –un hombre que ha renacido a la vida tras ser un cadáver-, quien es capaz de desentrañar sus claves y ver, desde la considerada locura, el camino, con sus bifurcaciones y con sus líneas muertas, que transitan las gentes de ese mundo endogámico y remoto, casi del todo aislado, individuos inflamados de pasiones encerradas en ese estrecho espacio, de sentimientos atávicos que pasan de una generación a otra impregnados en la sangre.

            Subyugante lirismo en el que la maravillosa y sugerente puesta en escena y la fotografía, la música y el sonido, además de una magnética Emma Suarez, que llena la pantalla con su presencia, se ponen al servicio de una atmósfera que es un personaje más, e importante, de la historia.

Magnífica carta de presentación.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 8,5.

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