La cruz de hierro

10 Dic

“Matar a un hombre no tiene nada de fácil, de limpio o de rápido. Es sangriento y atroz. Quizás si suficiente gente se diera cuenta de que disparar a alguien no es solo diversión y juego, a lo mejor llegaríamos a alguna parte.”

Sam Peckinpah

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La cruz de hierro

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Año: 1977.

Director: Sam Peckinpah.

Reparto: James Coburn, Maximilian Schell, James Manson, David Warner, Klaus Löwitsch, Vadim Glowna, Roger Fritz, Senta Berger.

Tráiler

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            La cruz de hierro es el único filme estrictamente bélico en la filmografía de PeckinpahMayor Dundee y Grupo salvaje se circunscriben al western, además de presentar la guerra de manera tangencial-, un director etiquetado de manera indisociable con el tópico de violento. Pertenece ya a la etapa considerada de decadencia en su trayectoria, que, se dice, da comienzo con la discreta Los aristócratas del crimen. Esta será su última gran película.

            La cruz de hierro comienza de manera arrolladora desde sus antológicos títulos de crédito iniciales, que basan su fuerza en la terrible contraposición de inocentes canciones infantil alemanas e imágenes de felicidad del gran monstruo nazi en la plenitud de su poder frente a la progresiva imposición de redobles de marcha militar y otras pavorosas grabaciones sobre el horror y la locura de la guerra; un impacto no solo se reduce a la estética, sino que sirven además para introducir una situación –el crepúsculo de aquellos que se creyeron dioses, la decadencia imparable del ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial– y una dicotomía –la guerra como juego infantil en busca de la medalla frente a la cruda realidad del conflicto, todo fango, mierda y muerte-, rasgo este último que podía vislumbrarse ya, ajustado a las resecas llanuras del Lejano Oeste, en otro conflicto, entre segundo de caballería y las tribus indias, en el guion que Peckinpah había compuesto más de una década antes para la posteriormente cercenada Gloriosos camaradas.

Es, traducido a los personajes, el antagonismo entre el inmaculado capitán Stransky (el pulcro Maximilian Schell), aristócrata y militar de pedigrí que, incapaz de entender lo que es una guerra, busca a cualquier precio conservar la honorabilidad de su apellido por medio de un pedazo de chatarra –la cruz de hierro del título, condecoración germana al valor-, y el sargento Steiner (enorme James Coburn con su mirada de acero), ácrata, desengañado del militarismo, del patriotismo, de los ideales,… héroe que no cree en héroes, tan solo fiel a su pelotón y a sí mismo, a conservar la poca humanidad que encuentra en el vacío que ha dejado la lucha en su interior o a morir en ella antes de retornar a casa convertido definitivamente en un monstruo, inservible para la vida, inútil para el amor –la guerra es, o al menos su peor consecuencia, la absoluta ausencia de amor, la imposibilidad de profesarlo-.

Individuos en los cuales conviven todas las pasiones humanas, desde las más elevadas a las más infames, en medio de la desesperación de una retirada en la que se palpa el hedor de una derrota definitiva y total, donde ya solo queda sobrevivir al completo sinsentido con mayor o menor entereza. O sin ninguna.

            Peckinpah da rienda suelta a todo su potencial provocador en el rodaje de la violencia, con su habitual magnetismo expresionista, resultado de la  conjugación del montaje rápido con la cámara lenta para retratar la barbarie y la muerte descarnada en medio de batallas que son un caos de estallidos, adrenalina, destrucción y bestias aferrándose con desesperación a la vida. Una maestría en el manejo del montaje y la puesta en escena aplicada también a hacer explosionar con feroz ironía –llamadas al ardor guerrero del cobarde Stransky, muertes antiépicas entre el alambre de espino y el barro; el devastadoramente sarcástico final- ese mundo pueril y estúpido del ejército, del belicismo, del hombre convertido en lobo para el hombre, de los niños a los que el juego se les ha ido de las manos. 

           Tras la carcajada de Steiner, que revela, de una vez por todas, el significado de la guerra, de todas las guerras, los títulos de crédito finales, con la contundente coda de Brecht, clausuran y completan el mensaje de la introducción inicial de manera demoledora.

El último gran grito del ronco poeta de la (absurda) violencia.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 9.

2 comentarios to “La cruz de hierro”

  1. Dessjuest 4 mayo, 2012 a 12:45 #

    Me ha alegrado incluso coincidir en esta, para mí es de las mejores cintas bélicas de la historia, aunque para mí no deja de ser otro western, ambientado en el frente oriental de la II Guerra Mundial, pero que me recuerda permanentemente a ese género.

    Ritmo endiablado, crítica feroz a pesar de su apariencia de mero entretenimiento, con grandes escenas y sobre todo, entretenida, pero es que además, sorprendentemente, es muy acertada desde el punto de vista histórico, creo que con el tiempo esta peli ha pasado a ser casi de serie B, no se la ha tomado nada en serio, y para mí es injusto, es todo un peliculón.

    Saludos.

    • elcriticoabulico 4 mayo, 2012 a 16:06 #

      Hombre, no es difícil intuir a lo largo del blog que soy un gran admirador del cine de Peckinpah. Qué se podía esperar de un realizador feroz como él en un territorio como el cine bélico: esto. Una película sangrante, sentida, de un cierto vitalismo ocultado o frustrado bajo toneladas de desencanto, de una ironía descarnada. Solo los créditos inciales, conjugados con la estructura cíclica y aterradora que le confieren los de cierre, ya valen oro.
      Como le solía suceder al bueno de Sam, La cruz de hierro sería un fracaso total de taquilla en su momento.
      Es un tipo a reivindicar constantemente.

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