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Conan el bárbaro (2011)

8 Dic

“Él es Conan, el Bárbaro, él no llorará…Yo lloro por él.”

Subotai (Conan el Bárbaro)

 

 

Conan el bárbaro

 

Año: 2011.

Director: Marcus Nispel.

Reparto: Jason Momoa, Rachel Nichols, Stephen Lang, Rose McGowan, Ron Perlman.

Tráiler

 

 

            La revisión de las fórmulas de éxito de la década de los años ochenta, de sus códigos, sus temáticas y sus formas, destinada a sacar los cuartos de los exangües bolsillos de aquellos que crecieron entre los grandes dinosaurios de la acción, la ciencia ficción distópica y el futurismo psicodélico de efectos casposos o las aventuras marca Amblin, también implica la revisión de uno de los principales subgéneros de aquellos años: el cine de espada y brujería, con Conan el bárbaro como modelo quintaesencial.

            Una remodelación que pasa por la supresión de aquellos aspectos más difíciles de digerir para las nuevas generaciones -teóricas amantes del cine de consumo rápido, la imagen histérica y el sonido ensordecedor, del más difícil todavía-, además de la asimilación de modelos más cercanos y reconocibles para los mismos.

En el caso de este Conan recauchutado con 3D significa la eliminación de esas soberbias formas de ópera romántica wagneriana, de escenarios épicos y crepusculares y la excepcional partitura de Basil Poledouris de fondo -excesivo quizás, pero de enorme impacto y atractivo, con imágenes que permanecen en el recuerdo, más allá del espectáculo de la lucha a muerte entre forzudos errantes, seductoras brujas malvadas y tiranos despiadados- y la asunción, en cambio, de la trilogía de El Señor de los Anillos como gran referente para la aventura fantástica de la nueva centuria.

            Aun reconociendo no ser admirador de esta última, el Conan el bárbaro de Marcus Nispel queda lejos de ambos cimientos, perdido en un mejunje de batallas inconexas, muchas veces justificadas y ofrecidas con poca lógica, formalmente justitas y de nula garra, producto de un guión deplorable, de acongojante simpleza, que, si bien es cierto que acumula más palabras que la original, aquella era una cinta de desarrollo más cohesionado o, cuanto menos, intenso, dentro de su sentido de epopeya eminentemente visual.

En cuanto al reparto, Jason Momoa se mete en los músculos de Schwarzenegger, un papel poco exigente, ajustado a su rocoso físico y recia expresividad, como ya había demostrado, gruñidos y mamporros mediante, con su Khal Drogo en la serie Juego de tronos. El resto se queda en personajes accesorios, refrito sin sabor de otros muchos, y acometidos con poco desparpajo o capacidad, como unos Stephen Lang o Rachel Nichols perdidos en sus pobres papeles.

             Feísmo visual caricaturesco –Nispel ya había demostrado cómo convertir un relato tradicional nórdico en delirante orgía metalera en El guía del desfiladero-, escaso espíritu aventurero y ausencia total de carisma o personalidad. Hollywood a día de hoy.

 

Nota IMDB: 5,2.

Nota FilmAffinity: 4,3.

Nota del blog: 3.

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