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Los pingüinos del Sr. Popper

3 Dic

“Reconozco que muchas de mis bromas son muy idiotas. Admito mi parte de culpa en el proceso de idiotización del país.”

Jim Carrey

 

 

Los pingüinos del Sr. Popper

 

Año: 2011.

Director: Mark S. Waters.

Reparto: Jim Carrey, Carla Gugino, Madeline Carroll, Maxwell Perry Cotton, Ophelia Lovibond, Angela Lansbury.

Tráiler

 

 

            No valen las medias tintas con Jim Carrey. O lo amas o lo odias. Vaya por delante que, en opinión de este servidor, Carrey no es solo un dotadísimo clown, sino que, además, es un más que estimable y versátil intérprete dramático, menos reconocido en su salto desde la comedia a las películas “serias” o “adultas” que otros actores que previamente tomaron la misma senda como Tom Hanks, quizás porque, pese a su evidente tirón en taquilla, sus personajes nunca han sido ni tan amables, ni complacientes con la audiencia de amplio espectro, afiliado a un tipo de comedia más gamberra, descerebrada y orgullosamente inmadura.

            Hacía tres años que Carrey no se entregaba a un ejercicio de gimnasia facial puramente cómico, desde Di que sí, que no dejaba de ser una puesta a punto de uno de sus grandes éxitos, Mentiroso compulsivo, con el enfoque ligeramente alterado y con mayor autocontrol, con un poco menos sal gorda, lo que, en ocasiones, le dejaba en la indefinición en sus propósitos cómicos. Y su vuelta ahonda en ese alejamiento de sus orígenes en la comedia adolescente-juvenil de trazo grueso, ya directamente entregado a un producto de disfrute familiar cuyo argumento no es otra cosa que una nueva adaptación amanerada de Cuento de Navidad, la fábula navideña bienintencionada y omnipresente en dichas fechas –ya casi una tradición la asociación Jim Carrey y Navidad que comenzó con El Grinch-; un nuevo Ebenezer Scrooge –a quien Carrey había puesto voz y apariencia física de manera literal un par de temporadas antes y Mark Waters adaptado en clave romántica con Los fantasmas de mis exnovias– que ha de aprender, de la mano de una troupe de seis pingüinos irritantes sobre el verdadero sentido de la vida: las relaciones familiares sobre el trabajo, el sentimiento sobre la apariencia,  el disfrute en compañía de las pequeñas cosas sobre los excesos egoístas,…

            Es, por tanto, un producto totalmente impersonal, mil veces vista en su forma y fondo, destinadas a que Carrey aguante el peso de las risas –arte extremadamente exigente-; decisión cuestionable ya que, como héroe cómico, es una cinta que anda lejos del rango de edad de aquel público que se desternilló viéndole salir desnudo de un rinoceronte, una generación de la década de los ochenta que es difícil que deseen que aguantar una historia sobadísima que se saben al dedillo –han sido muchos años de ser niños- y que, probablemente, no tengan aún una descendencia a la que entretener hora y media mostrándole al ídolo de su propia infancia.

 

Nota IMDB: 5,3.

Nota FilmAffinity: 5.

Nota del blog: 4.

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