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Casco de acero

26 Nov

“Si piensas, puedes volverte loco.”

Obergefreiter Fritz Reiser (Stalingrado)

 

 

Casco de acero

 

Año: 1951.

Director: Samuel Fuller.

Reparto: Gene Evans, William Chun, James Edwards, Steve Brodie, Richard Loo, Richard Monahan.

 

 

 

            El cine de Hollywood tuvo a bien parir, en el cambio de década entre los cuarenta y los cincuenta, una serie de autores provenientes de muy variados caminos, como el periodismo, la escritura de guiones para cine y teatro o el cargo de chicos para todo de la industria; tipos radicalmente independientes, visceralmente comprometidos con su arte y con la sociedad de su tiempo y agitadores y provocadores con el manierismo calculado, excesivo en ocasiones, de unas formas violentas y agresivas que interpelaban directamente a un espectador que había de preguntarse por el sentido de las imágenes, por el mensaje oculto tras el choque frontal que proponían sus autores.

Son los Boetticher, Aldrich, Peckinpah, Siegel, Brooks, Fleischer, Fuller,… Son la generación de la violencia.

            Sam Fuller, cronista de sucesos, escritor de novela negra, guionista de serie B y veterano de la campaña de África de la Segunda Guerra Mundial, abría su filmografía como director con un western, Balas vengadoras y ya en esta, su tercera película, Casco de acero, comienza su andadura en lo que sería su género predilecto, el cine bélico, sobre el que volcará parte de sus propias experiencias y sentimientos.

Casco de acero, autoproclamado homenaje a la sufrida infantería norteamericana, ambienta su acción en la Guerra de Corea, por entonces en curso –en realidad, aún a día de hoy la paz no se ha llegado nunca a sellar de manera oficial-, rápida sucesión de la Segunda Guerra Mundial para un ejército, combatiente esta vez bajo bandera de Naciones Unidas, que aún no se había repuesto del sacrificio.

             La película reúne en torno a unos movimientos de incursión en territorio enemigo bastante arbitrarios –no se sabe bien cuál es su misión concreta, su propósito- a un heterogéneo pelotón de infantería al que se han sumado el sargento Zack (Gene Evans, debutante en pantalla), un aguerrido soldado que para sobrevivir a la guerra en espíritu escuda sus sentimientos tras una coraza forrada de desdén y sarcasmo, un niño surcoreano perdido en el conflicto y un sanitario afroamericano; tres personajes que las circunstancias ha dejado en el abandono, con su compañía o su familia, elementos equivalentes, aniquilados brutalmente en la barbarie, y ahora unidos a un contingente intacto, completo, pero igual de desorientado, compuesto por un oficial incompetente y sus soldados, un desastre de unidad en el que el único soldado competente es un japo-americano al que nadie hace caso.

             La fuerza del relato, escrito también Fuller, reside en la descripción lúcida e intensa de los personajes y sus relaciones, en la transcripción de sus emociones; individuos no que pintan nada en el conflicto sin sentido de un país dejado de la mano de Dios y que tratan de sobrevivir más como pueden que como se les ordena, sorteando sobre el alambre la fina línea que separa la vida de la muerte inevitable, la razón de la locura acechante, resguardados en firmes convicciones y pequeñas obsesiones que mantienen ligados los frágiles fragmentos de cordura que les restan, manteniendo en lo posible un estoicismo imperturbable mientras resisten atrapados en una torre budista. El propio sargento Zack, realista como pocos, curtido en mil y una batallas, sabe que cualquier fisura en su armadura de acero supone el fin, hecho que prohíbe estrictamente establecer relaciones humanas, sin lugar en la crueldad absoluta de la guerra.

             Fuller supera con energía, convicción y contundencia en el rodaje la acusada falta de medios para unas escenas de acción bélica aisladas, complementaria al desarrollo de personajes, dejando en un tercer plano, más tibios, menos trabajados, unos apuntes de contenido político que vienen sobre todo de la mano del villano de la función, un mayor del ejército comunista norcoreano experto en sacar punta a las contradicciones raciales de la sociedad americana. Es probablemente el aspecto más imperfecto en su resolución, demasiado discursivo y poco sutil para el jugo que un tipo crítico con la hipocresía social como Fuller podría haber sacado.

Interesante.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7,5.

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