Faraón

25 Nov

“Agradezco no ser una de las ruedas del poder, sino una de las criaturas que son aplastadas por ellas.”

Rabindranath Tagore

 

 

Faraón

 

Año: 1966.

 Director: Jerzy Kawalerowicz.

Reparto: Jerzy Zelnik, Leszek Herdegen, Piotr Pawlowski, Stanislaw Milski, Krystyna Mikolajewska, Barbara Brylska, Emir Buczacki.

 

 

            Desde finales de la década de 1950, en plena desestalinización, el cine de Europa de Este bajo la influencia o, directamente, sometida al yugo de la Unión Soviética experimentaba una etapa de renovación y cambio. En el propio cine soviético surgían autores como Tarkovski o Konchalovski, en Checoslovaquia Forman o Menzel, Fábri en el Nuevo Cine Húngaro y jóvenes atrevidos, talentosos y originales como Polanski y Skolimowski en Polonia, emigrados más tarde al extranjero tanto para escapar de las aún férreas restricciones que la censura del régimen imponía a la libertad artística como para despegarse con la máxima figura cinematográfica polaca del momento: Andrzej Wajda. Jerzy Kawalerowicz compartirá época con todos ellos, ensombrecido en un segundo plano, desde el que obtiene una merecida relevancia internacional tan solo a través de dos obras: Madre Juana de los Ángeles, de 1961, reconstrucción histórica sobre el caso de posesión diabólica colectiva de las endemoniadas de Loudun, y Faraón, de 1966.

            Faraón presenta un relato ambientado en el Antiguo Egipto, en una cronología y dinastía ficticias: la transición en el trono entre Ramsés XII y Ramsés XIII, a la sazón protagonista del filme.

Una localización reducida casi a la anécdota –no hay que buscarle un gran rigor histórico, por tanto- pero que sirve a Kawalerowicz para componer una alegoría sobre el poder y sus formas, derivado del enfrentamiento entre el joven, arrogante, concienciado, impetuoso y compasivo príncipe y la casta sacerdotal, verdadero poder de facto del imperio, guardián de las riquezas y de la sabiduría del país representado por el hombre santo Herhor, mano derecha del faraón, una esfinge imperturbable que guía los destinos de Egipto con una mezcla de prudencia, ambición, racionalidad, servicio a las divinidades y defensa de la elite religiosa.

            Es Faraón una película madura, sin maniqueísmos, más próxima, aun con su espectacularidad de superproducción auspiciada por Moscú, a las shakesperianas radiografías del poder en tiempos de samuráis de Kurosawa, con escenarios fastuosos y grandes movimientos de masas que se combinan con reflexiones y diálogos casi intimistas, que a los vacuos colosales hollywoodienses o italianos. Los personajes no son juzgados, sino expuestos en sus causas, justificaciones y contradicciones, unas veces errados en sus decisiones, otras acertados, determinados a ellas por grandes propósitos y egoístas apetencias, ambas parte de lo que supone ser humanos. Todos ellos entremezclados y empequeñecidos por las complejas telarañas que mueven la alta política, hilos interrelacionados, unos manipulables, otros inamovibles y superiores incluso a su privilegiada posición, dependientes de factores como el destino, la casualidad o la difícil conjunción de varias fuerzas capaces de contrarrestarlos.

             La lectura política parece clara, más allá del enfrentamiento entre las corrientes conservadoras y renovadoras políticas que representan el clero y el príncipe, respectivamente. Pese a la condición casi equiparable en legitimidad de ambos contendientes –caso aparte es el de los pueblos fenicios, independientes, intrigantes, comerciantes de alianzas volubles movidas únicamente por el interés materialista, verdaderos representantes del Capital-, es el estamento religioso el que al final tiende más a lo deshonesto, al engaño, mientras que el líder político y militar, el joven faraón, trata de imponerse desde la justicia social y para satisfacer los deseos del pueblo –algunos veces de modo muy desafortunado en cuanto a su verosimilitud, como con la propuesta de dejar un día libre de trabajo de cada siete para los campesinos-, intenciones cuya raíz puede rastrearse en el patrocinio y condicionamiento por parte del Partido Comunista, pero que, no obstante, la ponderación y la lucidez del guion impiden caer en el panfleto.

Quizás en lo negativo cabría apuntar más hacia la fotografía y el maquillaje, un tanto envejecidos, o al empleo intrascendente pero ofensivo, por poco original, de un recurso en parte del desenlace de la trama que es uno de los grandes topicazos del cine histórico.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 8,5.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: