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Bird

24 Nov

“Hey hombre, es sólo música. Es tocar claro y enfatizar las notas bonitas.”

Charlie Parker

 

 

Bird

 

Año: 1988.

Director: Clint Eastwood.

Reparto: Forest Withaker, Diane Venora, Samuel E. Wright, Michael Zelniker.

Tráiler

 

 

            Bien conocida es la afirmación de Clint Eastwood en la que defiende como únicas creaciones culturales genuinas de los Estados Unidos el western y el jazz, precisamente dos temáticas con gran relevancia en su propia vida.

            En unos años en los que parecía experimentarse una fiebre por recuperar las grandes figuras del jazz, bien vía documentales –A Night in Havana: Dizzie Gillespie in Cuba, Thelonious Monk: Straight, No Chaser, producido por el propio Eastwood, Bird Now, precisamente sobre Charlie Parker,…-, bien vía películas –Alrededor de medianoche, sobre Dexter Gordon-, Eastwood, reconocido melómano, propone un retrato, desde el respeto y la cierta admiración a la leyenda pero con fidelidad a su tumultuosa vida –a excepción las licencias cinematográficas pertinentes-, de la figura de Charlie Parker, ídolo personal y referencia en su juventud –incluso había tenido la oportunidad de asistir con adoración adolescente a un concierto suyo en 1947-, uno de los grandes del saxo y una de las principales figuras que en los años cuarenta transportarán al jazz en los años cuarenta a la modernidad con el bebop como medio.

Una cinta por la que los popes de la crítica especializada comenzarían a tomar al californiano en serio, verdaderamente en serio.

            Es esta devoción particular por Parker la que quizás convierte a Bird en el filme más personal del habitualmente clásico Eastwood, que pone especial atención a la forma de un relato que plasma en su estructura y el ritmo el alma de la música del saxofonista de Kansas City (un colosal Forest Withaker poseído por el espíritu de un verdadero jazzman): desordenada, intuitiva, visceral. Un esquema que se fundamenta en la subversión de la linealidad temporal, donde cada momento presente se entrelaza y alimenta de emociones y experiencias del pasado.

A pesar de la veneración que traslucen las imágenes, no es la hagiografía del mito. No se esquivan pasajes oscuros de la vida de Parker, como su adicción a las drogas –en cambio, el racismo aparece tratado de manera más simbólica y tangencial-, fruto de una existencia medida –es una forma de hablar- con extremos para lo bueno y para lo malo; revolucionaria, pasional, incendiaria, intensa, vivida desde las entrañas, desangrando su genialidad a través de cada nota del saxo. Una vida turbulenta y caótica, con el matrimonio con Chan Parker como relativo punto de estabilidad anímica y emocional –el peso de su colaboración en el asesoramiento para el filme, se entiende- en la carrera hacia la destrucción de quien nació con la capacidad de los elegidos para deslumbrar  con la luz de su genio y consumirse en el intento.

            No es  este, no obstante, un abordamiento amarillista, sino que se pondera en lo justo la importancia del lado oscuro de Parker, no supeditando su arte, la verdadera razón de su estrella, al morbo de su decadencia. El músico puede pasar en un momento de lo brillante a lo sombrío –incluso en la fotografía de la película-, pero esto no es The Doors, de Oliver Stone. Quizás le sobra metraje, inevitable en una biografía tan rica en anécdotas, claroscuros y matices, y algún recurso es aún imperfecto, pero es incuestionable que el acercamiento de Eastwood a Charlie Bird Parker trasmite veracidad, consideración y, sobre todo, pasión, como no podía ser menos.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 7.

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