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La torre de los siete jorobados

22 Nov

“Pedirle a un hombre que cuenta historias que tome en consideración la verosimilitud me parece tan ridículo como pedir a un pintor figurativo que represente las cosas con exactitud. Hay una gran diferencia entre la creación de un filme y la de un documental. En un documental, Dios es el director. En una película, el director es dios, Él es quien crea la vida.”

Alfred Hitchcock

 

 

La torre de los siete jorobados

 

Año: 1944.

Director: Edgar Neville.

Reparto: Antonio Casal, Isabel de Pomés, Félix de Pomés, Guillermo Marín.

 

 

 

             Con formación cinematográfica como guionista en las versiones en español de las producciones de la MGM y ya director de relevancia en el panorama nacional en el periodo previo a la Guerra Civil, Edgar Neville, IV conde de Berlanga de Duero, será uno de los autores preferidos por la crítica y el público en la España de posguerra, años marcados por la miseria moral y económica heredada del conflicto y, en el cine, por la pobreza creativa, la escasez de medios, el vacío dejado por el exilio de numerosos artistas y el férreo control de la censura del Régimen. Son tiempos en que la actividad de Neville, sobresaliente dentro de este erial casi absoluto, se ve favorecida por su posicionamiento favorable al bando alzado durante la guerra, para quien rodaría incluso algunos documentales. 

            La torre de los siete jorobados es considerada por muchos su obra maestra. Una cinta que es toda una rareza, enmarcada dentro de la trilogía de cine policíaco del director junto con Domingo de Carnaval y El crimen de la calle de bordadores pero con rasgos que cruzan una base fantástica, con apariciones fantasmagóricas, ciudades subterráneas y enigmas arqueológicos medievales, junto con elementos de intriga policial y rasgos costumbristas, con amplio margen para el humor, campo en el que Neville había mostrado ya predilección en cine y teatro.

Así, Neville convierte a Madrid en una clave más de un relato gótico más propio del terror expresionista, de quien recoge numerosas influencias en la ambientación y puesta en escena –un fantasma que parece familia del doctor Caligari, el Madrid viejo bañando por pronunciadas sombras nocturnas, la escenografía retorcida de la ciudad subterránea, la deformidad física de los personajes incluso-, o de la serie B norteamericana, evolución de la anterior con el protagonismo de muchos de sus artífices originales.

Es en este entorno donde el joven y supersticioso Basilio trata de satisfacer las demandas del fantasma de un arqueólogo asesinado, camelar a su bella sobrina y desentrañar el misterio de un edificio abandonado del casco viejo, acceso a unas cavernas pobladas por los judíos tras la expulsión de 1492 y ahora guarida de un grupo de jorobados dedicados a la falsificación de moneda.

            La película cuenta como mejor baza esa lograda ambientación, un Madrid de finales del siglo XIX que puede ser tanto escenario de sainete como pesadilla febril, un ejemplar trabajo artístico de Neville al servicio de un guion no menos alucinado y un poco caótico en el que tanta indefinición, sumado a un desarrollo con unas escenas y unas interpretaciones a las que los años les ha pasado factura, le resta atractivo al conjunto de la obra. Es curioso que los destellos de humor, siempre más perecederos, que aportan cierta ironía y distanciamiento, sí conserven una sorprendente efectividad.

            Interesante acercamiento a un género extraño en el cine español hasta tiempos muy recientes.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 6.

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