Bienvenidos a Belleville

19 Nov

“Creo que Disney es terrible para los niños.”

Maurice Sendak

 

 

Bienvenidos a Belleville

 

 

Año: 2003.

Director: Sylvain Chomet.

Tráiler

 

 

            Bienvenidos a Belleville es la cinta que abre al gran público, nominación al Oscar de animación mediante –sería otorgado a la sencilla, simpaticona (y ya) Buscando a Nemo-, la obra del historietista y animador francés Sylvain Chomet.

             Con su estilo calculadamente hiperbólico, repleto de imaginación y recursos, Chomet traza una historia de amor familiar en lucha contra las adversidades –el tránsito a la modernidad sucia, opresiva y deshumanizada, identificada con lo urbano en muchos casos, los sacrificios del deporte de alta competición, los gángsteres etílicos, sus secuaces, inexpresivos como autómatas- en la que una cariñosa y devota señora, en compañía de su perezoso y fiel chucho, se convierte primero en motivadora de su nieto, un huérfano gordito y retraído, después en entrenadora de un joven que sueña con arrebatarle el maillot amarillo a Jacques Anquetil y, por último, en abnegado perro de presa que, en compañía de un desastrado trío de ancianas, antiguas estrellas de la escena del music-hall de los roaring twenties, tratará de liberarlo de las garras de la alcoholizada y cruel mafia francesa residente en Belleville, la realidad paralela a Nueva York -y a América, por extensión-, retratada con extrema acidez en su leviatanismo, ignorancia, obesidad y gusto por la ingenuidad nada inocente de la Disney, la antítesis artística de la cinta –su oposición a la compañía de la animación por excelencia se deja apreciar en detalles sutiles, como la forma de los mojones-.

            La renuncia al diálogo del filme, a excepción de alguna palabra suelta sin mayor importancia, no significa la pérdida de un conseguidísimo sentimiento y emotividad, cargado a las espaldas de la gran expresividad de los personajes y los ambientes por los que transcurre la odisea de Madame Souza.

            Un juego de contrastes que se traslada a un dibujo que combina a partes iguales infinita ternura con agria y desconcertante sordidez y que, precisamente, es en ese equilibrio donde ofrece sus mejores resultados, mezcla que logra mantener hasta una conclusión en la que acaba por desbarrar, desnivelándose a favor de una agresividad más alocada por encima que de la sensible simpatía, quizás la mejor parte de la apuesta de Chomet.

Muy recomendable.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 7,5.

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