Jules y Jim

12 Nov

“El amor es El Tema. Puedes dedicarle la mirad de tu carrera, como Bergman, o tres cuartas partes de ella, como Renoir. Porque todas las historias de amor tienen algo que decir, por la misma razón de que el amor es único.”

François Truffaut

 

 

Jules y Jim

 

Año: 1962.

Director: François Truffaut.

Reparto: Henri Serre, Jeanne Moreau, Oskar Werner.

Tráiler

 

 

            François Truffaut fue la cabeza más visible de la Nouvelle vague, el movimiento que desde Francia cambió la manera de entender y hacer cine, a la que dio el espaldarazo definitivo en sus principios y manifiestos con el estreno de Los cuatrocientos golpes en 1959. A mi juicio, puede que también fuera su representante más honesto; mucho más, por ejemplo, que un Godard demasiado interesado y autosatisfecho con su papel de enfant terrible.

Dos años y tres películas después, Truffaut abordaba un viejo anhelo, el de adaptar, muy libremente, Jules y Jim, novela de Henri-Pierre Roché, amigo personal suyo.

            La película narra la historia de dos amigos, uno francés, Jim (Henri Serre, elegido por su parecido físico con el propio Roché), y otro austriaco, Jules (Oskar Werner), desde su encuentro en la Francia de la  Belle Époque hasta su devenir en los momentos previos y posteriores a la Primera Guerra Mundial. Dos amigos que comparten todo, aficiones, deportes, inquietudes, mujeres,… y que encuentran un nuevo punto de complicidad en el amor a Catherine (Jeanne Moreau), a cuya sonrisa juran seguir hasta el final, uno como entregado, ingenuo e incondicional esposo, otro como fiel amante a través de momentos que quedan sostenidos en el tiempo y el espacio, desde esa juventud en la que componen una especie de compenetrada Banda aparte hasta la madurez en los social y personalmente desorientados años de posguerra. Una relación que supera guerras y países que puede recordar lejanamente y a su manera a aquella de Vida y muerte del coronel Blimp, si bien con una visión más renovadora de la vida en pareja, presupuesto que no garantiza la felicidad amorosa –la que merece la pena-, como quizás tampoco lo haga cualquier otra fórmula, tal es la complejidad y particularidad de dicho sentimiento.

            En Jules y Jim es Catherine quien copa las miradas de los dos amigos, de la cámara, del espectador. Una mujer a la que sí, solo podemos conocer por medio de la percepción de Jules, marido, y Jim, amante, de misterios insondables, de amor inconstante pero entregado. Una mujer sin ataduras –la libertad, el gran valor de la Nouvelle vague- que no juega siguiendo las reglas –lo mismo se puede aplicar a una intrascendente carrera que al papel secundario de la mujer en la sociedad del momento o a la vida en pareja- y que camina siempre sobre el alambre, interpretada por una Jeanne Moreau a quien la cámara sigue con movimientos fluidos y, sobre todo, libres –aquí se da una de las novedades de este movimiento, el uso de material ligero más propio del documental, con la cámara montada incluso en bicicletas para conseguir ese dinamismo- para captar la sensualidad de su boca, su leve, fugaz y enigmática sonrisa y unas ojeras que expresan más de la vida que mil muecas juntas.

            La huella de autor de Truffaut, otro rasgo fundamental de la Nouvelle vague -en no pocas ocasiones extremado hasta el ridículo, hecho al que el tiempo se encargará de pasar factura rápidamente-, se aprecia en la presencia recurrente de la voz del narrador-autor que observa imparcial a sus personajes y en esos juegos de creación en el montaje –algunos muy atractivos, otros que con tanta atención formal y experimentalismo sacan un poco de la película-, además de en la sensibilidad en la elección de planos, en la sutil significación de las miradas, las palabras del guion y las metáforas y en el uso de una banda sonora maravillosa.

Un filme muy interesante.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 8.

2 comentarios to “Jules y Jim”

  1. plared 13 noviembre, 2011 a 00:07 #

    Una pelicula de planos plagados de sentimientos. Una gran pelicula que por algun motivo reconociendo todos sus valores, nunca me llego a enganchar. Prefiero cuando plasma su amor al cine en peliculas como la noche americana o utiliza esa potencia narrativa en Fahrenheit 451. Ahi, si surge el mejor Truffaut

    Una gran critica esta, plagada de sabiduria y detalles cinefilos. Todo un alarde de conocimientos. SAludos

    • elcriticoabulico 13 noviembre, 2011 a 16:39 #

      Pues con lo crítico que suelo ser con la Nouvelle vague resulta que esta película sí que me gustó bastante, aunque he oído más de una crítica que apunta más a lo que dices, a obra incompleta, inmadura o menor, en definitiva.
      Es curioso como un director que surge de un movimiento contestatario como este suele dar lo mejor de sí en películas digamos más “clásicas” o “comerciales” que rompedoras (que siempre envejecen peor).
      ¡Gracias por tus palabras!

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