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Black Death

4 Nov

“Tenemos bastante religión para odiarnos unos a otros, pero no la bastante para amarnos.”

Jonathan Swift

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Black Death

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Año: 2010.

Director: Christopher Smith.

Reparto: Eddie Redmayne, Sean Bean, Carice van Houten, Kimberley Nixon, John Lynch, Tim McInnerny.

Tráiler

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           El siglo XIV es observado desde la historiografía o bien como una época de decadencia y confusión o bien como tiempos de renovación y cambio desde el feudalismo medieval a la aparición del Estado moderno acompañado de procesos, eso sí, traumáticos la mayor de las veces. Una centuria en la que los jinetes del Apocalipsis parecían campar por la Tierra, con el hambre (crisis en la producción de cultivos alimentarios y sucesivas malas cosechas derivadas de una climatología poco propicia), la guerra (Guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia entre 1339 y 1452, múltiples beligerancias en el Mediterráneo y Escandinavia, frecuente recurso al arrasamiento de poblaciones y campos, al saqueo y el pillaje especialmente sangrientos) y la peste (brote de peste negra entre 1347 y 1350, con sucesivos rebrotes) apoyados los unos en los otros para reducir la población europea en algo más de un tercio. Terrores que hacen de estos unos días oscuros en los que cuestionarse ciertas cosas en lo terrenal (Los señores del acero, ambientada en otro brote de peste negra, pero este del siglo XVI) y lo espiritual (El séptimo sello).

            Como en la coetánea En tiempo de brujas, Black Death aúna la desesperación ante una plaga de aspecto bíblico con la brujería y la crisis de fe que provoca el pánico ante una imagen de Dios inmisericorde con los suyos. En este caso, desde el punto de vista de un grupo de justicieros del Todopoderoso en caza y captura de el nigromante que dirige un idílico pueblo en apariencia inmune a la enfermedad, guiados por Osmund (Eddie Redmayne), un joven monje que se debate entre la entrega a Dios y el amor a la bella Averill (Kimberley Nixon).  

            Christopher Wilson, director y guionista habituado al terror con cierta pincelada autoparódica, toma un tema atractivo para una película construida a partir un guion superficial y poco trabajado que no se decide a traspasar caminos tan trillados –excepto de manera torpe en el final- como el dilema del protagonista, desarrollado siguiendo un curso tópico, o clásico enfrentamiento entre un cristianismo algo vetusto, con sus fanáticos y sus creyentes inmersos en dilemas, y un neopaganismo más humanista pero mal interpretado, renunciando por el contrario a explotar cuestiones –contradicciones de la fe, los sacrificios de amor por encima del deber espiritual, personajes mejor dibujados y más ambiguos que se salgan de los arquetipos comunes- que podrían haber tenido potencial de haber optado por un riesgo mayor.

A todo ello se suma una dirección con algún detalle rescatable pero a grandes rasgos inadecuada, que acaba por desaprovechar una ambientación a la que unos rasgos más oníricos, de pesadilla o alucinación, le hubieran venido de lujo.

También mayor jugo se podría haber sacado de un buen actor como Sean Bean -que parece condenado a vestir de época de por vida en producciones de todo pelaje- o de algún secundario decente como John Lynch, que contrarrestan el protagonismo del poco carismático y nada estimulante Eddie Redmayne.

Flojita.

 

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 3,5. 

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