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¡Qué verde era mi valle!

2 Nov

“No hago películas para hacer obras de arte. Ruedo películas para poder pagar las facturas.”

John Ford

 

 

¡Qué verde era mi valle!

 

Año: 1941.

Director: John Ford.

Reparto: Roddy McDowall, Donald Crisp, Sarah Allgood, Maureen O’Hara, John Loder, Walter Pidgeon.

Tráiler

 

 

            Un año después de la sobresaliente Las uvas de la ira, John Ford repetía temática, la crónica de una familia que lucha contra viento y marea por sobrevivir a la adversidad económica y social, esta vez trasladada a una familia de mineros de Gales, adaptación de la exitosa novela ¡Qué verde era mi valle!, de Richard Llewellyn.

De nuevo uno de los grandes temas del cine de Ford, la familia, núcleo indisociable de la vida del individuo, con sus propias normas y jerarquías, siempre por encima de cualquier otra institución social o política, refugio y salvación ante cualquier adversidad o penuria.

            Pese a enmarcarse en los constantes conflictos mineros de Gales, Ford rebaja el contenido social del filme –sin renunciar a él, con su visión humanista más que política, que también la hay, de la problemática- para centrar su atención en el devenir de los Morgan desde el punto de vista del menor de ellos, el niño Huw (un encantador Roddy McDowall), que observa desde su inocencia y progresiva madurez cómo esa unidad subsiste con estoicismo cristiano a todo tipo de dificultades –problemas laborales, huelga, angustia y decepciones sentimentales, hostilidad del entorno, la muerte-, sostenidos por los lazos indestructibles entre el padre a la cabeza, rígido pero honrado y amoroso, la madre, corazón y alma del hogar, terrenal y corajuda, y unos hijos respetuosos, inteligentes y trabajadores, también contrapunto impetuoso del ligero conservadurismo ingenuo del padre, dentro de una sociedad que no siempre es tan idílica como la familia, lo que siempre permanece.

            Una visión nostálgica, con un sentido casi espiritual -gran peso de la religión en los personajes, incluso con imágenes como las mujeres casi a modo de vírgenes de estampita en el final-, aderezada con gotas de sencillo humor costumbrista en un melodrama que en mi opinión, ha sufrido mucho más el paso del tiempo que la mencionada Las uvas de la ira, mucho más áspera, presa de un sentimentalismo que consigue tanto escenas de notable poderío emocional como otras que resultan simplemente ñoñas. Un canto a valores considerados por entonces –y ahora- en decadencia a través de un discurso que, más allá de correcto o equivocado, suena a antiguo –Ford y su pasión por el paraíso perdido- y que cae en muchas ocasiones en la búsqueda forzada de la lágrima fácil con esa familia de recuerdo tan idealizado que parece una naturaleza muerta, lo que dificulta una mayor identificación con ella.

             Suele contar con la defensa de su victoria por el Oscar a mejor película frente a la mítica Ciudadano Kane.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 8,3.

Nota del blog: 6.

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