Archivo | octubre, 2011

Pasión de los fuertes

19 Oct

“Como directores favoritos escogería a los viejos maestros, es decir: John Ford, John Ford y John Ford.”

Orson Welles

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Pasión de los fuertes

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Año: 1946.

Director: John Ford.

Reparto: Henry Fonda, Victor Mature, Linda Darnell, Cathy Downs, Walter Brennan.

Tráiler

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            Después de siete años sin rodar un western, desde que con La diligencia aupara al género a la serie A cinematográfica, más cuidado, más estructurado, más profundo, John Ford escogía uno de los principales episodios del génesis de la nación norteamericana, la estancia del sheriff Wyatt Earp en Tombstone y el tiroteo en O.K. Corral frente a la familia Clanton, uno de los puntos de inflexión que marcan el inicio del fin del Salvaje Oeste, para una película que se convertiría a la postre en uno de los hitos de su filmografía y del western en general.

            A pesar del trasfondo épico de la historia, Pasión de los fuertes posee ya tonos crepusculares. Los viejos héroes se encuentran cansados y resignados, al final del camino. Son personajes poliédricos, algo marginales y sombríos. Wyatt Earp (Henry Fonda) taciturno, protector casi a la fuerza de una ciudad que nunca a pisado y de la que no es parte, sin raíces verdaderas, incapaz de crear una familia que pueda llamar suya, más allá de la fiel compañía de sus hermanos, por el deber que se arroga como insobornable guardián de lo justo, por propia torpeza o porque sencillamente no está escrito en su destino. Doc Holliday (Victor Mature) demuestra ser un hombre ambiguo, de cierta cultura y de violenta reputación, que huye y reniega de su pasado y de su presente al carecer, como Earp, de futuro alguno, más aún en su caso, enfermo terminal de tuberculosis, tanto para ahorrarse dolor sin sentido -o con él, he ahí el dilema- como para no herir a quien quiere y no se merece tal sufrimiento agónico y fútil.

Una amistad de ocaso entre perdedores con honor que tiene como contrapunto el salvajismo irracional de la familia Clanton, ladrones de ganado, brutales pendencieros de taberna. Sin honra, sin humanidad. Luchar contra ellos será un último sacrificio que nunca tendrá recompensa pero que ha de hacerse.

            Ford vuelve a dar una lección de cómo conjugar espectáculo –se vanagloriaba de recrear el tiroteo de O.K. Corral según el testimonio, con ligeras variaciones para mayor dramatismo, del mismísimo Wyatt Earp, a quien había tenido la oportunidad de conocer en persona-, belleza en la puesta en escena –magnífica fotografía de Joseph McDonald-, sentimiento, y lirismo melancólico, elevando a la categoría de arte el western, género que en sus orígenes no era concebido para nada más que un entretenimiento populista, insustancial.

Casi nada.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 8,5.

Payback

18 Oct

“Cuando la fortuna te sonríe al llevar a cabo algo tan violento y terrible como una venganza, es una prueba irrefutable no sólo de que Dios existe, sino de que estás cumpliendo su voluntad.”

La novia (Kill Bill)

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Payback

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Año: 1999.

Director: Brian Helgeland.

Reparto: Mel Gibson, Maria Bello, Gregg Henry, Deborah Kara Unger, William Devane, James Coburn, Kris Kristofferson, Lucy Liu.

Tráiler

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            A quemarropa, de John Boorman,  protagonizado por uno de los tipos más duros del cine de todos los tiempos como Lee Marvin, es una de las películas emblemáticas de un cine de acción que por aquel entonces entraba en su madurez de la mano de películas como Bullitt y demás thrillers de acción de mediados de los sesenta y principios de los setenta, y, sobre todo, el cine de gángsteres con Bonnie & Clyde como paradigma, años en los que todo Hollywood viraba hacia un realismo más impactante, muchas veces conseguido por medio de una violencia espectacularizada, sangrienta y dura.

Parece lógico que en una época especialmente violenta en la gran pantalla como son los noventa se echara la vista atrás hacia los clásicos y modelos fundacionales del género para un debido homenaje-actualización.

            Brian Helgeland, principalmente guionista, terreno en el que ya había experimentado con el género con Asesinos y Conspiración, inspiraba su historia en esta A quemarropa junto con algún toque de La gran estafa para elaborar un filme seco y contundente, donde el robo que da lugar a la acción, consistente en el simple choque frontal un coche con otro, se yergue como toda una declaración de intenciones.

El argumento: Porter (Mel Gibson), vuelve de entre los muertos para recuperar los 70.000 dólares que le arrebataron, imperdonable traición mediante, su mujer y su socio. Caiga quien caiga, le pese a quien le pese. Ni un centavo más, ni un centavo menos.

            Una rudeza de fondo que no deja de ser un tanto autoparódica, en la que Helgeland –cuya idea inicial variaría sustancialmente tras su despido como director, con una trama algo más convencional y la introducción de nuevos personajes como el de Kris Kristofferson- opta por exagerar la sordidez que suele presidir el género negro y de intriga, con un protagonista testarudo, que es de todo menos un héroe o un modelo de conducta positivo, que bucea en su venganza visceral entre mafiosos de actitudes pragmáticas y empresariales, polis corruptos, gángsteres de poca monta, prostitutas y matones sádicos y viciosos.

            No es Shakespeare, desde luego, pero es una cinta dinámica, que maneja bien, de manera directa, efectiva y atractiva su escueta base argumental, con una buena labor de dirección y pulso firme y con un notable hallazgo con esa fotografía azulada, gélida, mortecina, de pronunciadas sombras crepusculares, que es la representación del alma vacía de Porter.

Gran entretenimiento de violencia misantrópica y amoral.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 7,5.

El ser del Planeta X

17 Oct

“Si estamos solos en el Universo, seguro sería una terrible pérdida de espacio.”

Carl Sagan

 

 

El ser del Planeta X

 

Año: 1951.

Director: Edgar G. Ulmer.

Reparto: Robert Clarke, Margarite Field, Raymond Bond, William Schalert.

Tráiler

 

 

           En tiempos en los que Estados Unidos y la Unión Soviética ponían su atención científica y bélica en el espacio, la última frontera, la ciencia ficción, con esta especialmente sugerente temática espacial como uno de sus principales atractivos, actuaba como uno de los puntales del cine, dentro de la serie B, en su particular batalla por una televisión que comenzaba a amenazar el negocio desde los hogares norteamericanos. Son producciones pequeñas en presupuesto, donde se explota como se puede los escasos medios disponibles por medio de imaginación y desparpajo.

           Edgar G. Ulmer un director competente en lo artístico, heredero de la tradición alemana de los estudios UFA -uno de los principales aportadores de autores y artesanos en las décadas anteriores, la mayoría de ellos también con recorrido en esta serie B norteamericana-, jugaba en El ser del Planeta X con esa fascinación por el espacio exterior de la época junto con el temor a las invasiones en tiempos de Guerra Fría de la mano de la presencia de una extraña nave aterrizada en una remota isla de Escocia, lugar donde un periodista, un científico, la hermosa hija y un ayudante de este esperan el paso cercano de un nuevo planeta –curiosamente, ese mismo año otro astro esta vez sí colisionaría en su curso con la Tierra en Cuando los mundos chocan-.

            Es, como suele suceder, la lucha de un hombre para evitar el fin del mundo frente a un extraterrestre de intenciones ambiguas, con aspecto de Buster Keaton con hidrocefalia y estreñimiento y con capacidad para subordinar la voluntad humana a su antojo, sometiendo a los aldeanos del lugar a la esclavitud –cercano al sistema comunista de la visión estadounidense-, mientras se desarrollan secundariamente la innecesaria pero inevitable historieta de amor y los episodios de rivalidad con el humano quintacolumnista de turno.

            Parece que estas películas pierden frescura curiosamente cuando más en serio se toman a sí mismas, cuanto mayor voluntad tengan de ser un filme respetable renunciando a su esencia trash. En el caso de El ser del Planeta X, la pobreza escénica –los decorados dan la impresión de avejentados incluso para la serie B de 1951, aunque, por el contrario, destaca una más que decente fotografía- y especialmente argumental da lugar a una cinta que, pese a sus pretensiones de asemejarse a obras clásicas de terror gótico, resulta especialmente anticuada y aburrida.

Un clásico de la ciencia ficción, eso sí.

 

Nota IMDB: 5,7.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 3.

La frontera

16 Oct

“No me hace falta escribir mis memorias. Mis películas ya son una larga autobiografía.”

Jack Nicholson

 

 

La frontera

 

Año: 1982.

Director: Tony Richardson.

Reparto: Jack Nicholson, Elpidia Carrillo, Harvey Keitel, Valerie Perrine, Warren Oates.

Tráiler

 

 

            Muchas veces el fracaso de una película es incomprensible. Con un director como Tony Richardson, autor de varias obras clave del Free Cinema británico -también es cierto que luego plegado a la industria hollywoodiense-, un gran reparto, en forma, con un contenido Jack Nicholson a la cabeza y secundarios de la talla de Harvey Keitel y Warren Oates, los acordes de Ry Cooder en la banda sonora y un argumento con grandes posibilidades, el de los encuentros y corruptelas de la frontera de El Paso, La frontera es un filme a todas luces fallido.

            Comienza provocando interés, presentando a dos seres dejados de la mano de Dios, cada uno a un lado de un muro que no es sino una absurda línea de cemento y alambre dibujada en la inmensidad del desierto, del mundo.

María (Elpidia Carrillo) es una joven mexicana que carga con su hijo a la espalda con el objetivo de cruzar a los Estados Unidos, acaso con la posibilidad de una vida mejor, ya que la cosa ya no puede empeorar para ella. En el lado americano, Charlie Smith (Jack Nicholson) es un agente de fronteras que vive a la deriva, también inmigrante, extranjero a su manera, zarandeado por los caprichos de su inmadura mujer, una profunda crisis existencial y el vacío de una vida en la que la única opción de felicidad es superficial, materialista, hipócrita y estúpida.

Su encuentro con María quizás le ofrezca una oportunidad de redención, de dar sentido a su existencia.

            Mimbres atractivos, con un enorme potencial, que Tony Richardson desperdicia con una dirección roma para una película que de inicio crea expectación, se desinfla a zancadas sin decidirse entre abordar con decisión al menos una de las tres vertientes posibles, sin definirse entre el drama social de la inmigración –sobre la que ofrece, no obstante, algunas reflexiones interesantes-, el drama sentimental sobre la incomunicación y la soledad o la intriga criminal; acaba por hacerse algo pesada y termina en un final pobremente desarrollado y blando, amanerado.

Una auténtica lástima.

 

Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 5,8. 

Nota del blog: 5.

Midnight in Paris

15 Oct

“La realidad cotidiana de hoy día puede llegar a ser muy deprimente. Así que la gente tiene la necesidad imperiosa de buscar un sentido a sus vidas, de aferrarse a la idea de que hay algo especial esperándoles en algún lado.”

Woody Allen

 

 

Midnight in Paris

 

Año: 2011.

Director: Woody Allen.

Reparto: Owen Wilson, Rachel McAdams, Marion Cotillard, Michael Sheen, Kurt Fuller, Mimi Kennedy, Léa Seydoux.

Tráiler

 

            Woody Allen, el mejor analista de la pareja, la insatisfacción y la realización amorosa y vital del siglo XX y parte del XXI, autor de producción inagotable y esquema innegociable, traslada sus bártulos a París, ciudad del amor -que ya había tenido un cameo en Todos dicen I love you-, a la que dedica una postal-sinfonía -más una buena ración de product placement posterior, todo sea dicho- a modo de apertura, como ya había cantado previamente a Londres y Barcelona en lo que parece ser una gira mundial patrocinada por las cámaras de comercio locales.

            Cambia el escenario, permanecen inmutables las constantes de su cine. Su alter ego, esta vez encarnado por un justito Owen Wilson, es de nuevo un escritor, aspirante a novelista, guionista de productos de segunda fila, ninguneado por su mujer y la familia de esta y ensombrecido por la pedantería de los engañosos tótems de la cultura, representantes del triunfo vanidoso y ante los que muestra su escepticismo y repulsión. Repudiado por su sociedad, nostálgico de unos tiempos, el bullicioso y creativo París de los años veinte, que no ha vivido pero que siente como suyos.

Muy alleniano. Pero con un punto fantasioso y en cierto modo optimista, como individuo que persiste en alcanzar sus sueños pese a la casi manifiesta imposibilidad de realizarlos que lo acerca, en cambio, como también el desarrollo posterior de una trama de la que tampoco conviene detallar demasiado, a la ingenua y romántica Cecilia de La rosa púrpura del Cairo -una de las mayores joyas del neoyorkino-, que sobrevivía entre imposibles aventuras cinematográficas fuera y dentro de la pantalla a la miseria y constante decepción de su día a día; unos elementos mezclados con una comicidad de fondo semejante al de La última noche de Boris Grushenko pero, obviamente, menos alocada y más elaborada argumentalmente, para bien y para mal.

              Por supuesto, Midnight in Paris es una nueva mirada a las relaciones amorosas como núcleo de la felicidad o insatisfacción de la vida, claves, junto con el reconocimiento unas virtudes verdaderas, no aparentes como los modelos de éxito de una sociedad superficial donde no hay hueco para las ilusiones románticas y descabelladas, para dar sentido a la vida, para una autorrealización que requiere transitar numerosas curvas en el camino de la existencia, y donde la ilusión, como también se extrae de muchas de sus últimas películas, es uno de los fundamentos para conservar el ánimo y una cordura y salud mental –a su manera, claro- cada vez más infrecuentes en el ser humano.

             Es posible que se eche en falta unos diálogos más chispeantes, que superen un nivel, el de mantener una sonrisa perpetua -y la no infrecuente carcajada- en el rostro del espectador, que sería elevadísimo en cualquier otro pero que, conociendo la habilidad de Allen para sacar punta a la condición humana, deja una sensación de que podrían ser más memorables de lo que son, siempre dentro de uno de sus argumentos más encantadores en un buen tiempo.

Muy simpática.

 

Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7,5.

Profecía maldita

14 Oct

“Una película buena nunca es demasido larga; una película mala nunca es demasiado corta.”

Roger Ebert

 

 

Profecía maldita

 

Año: 1979.

Director: John Frankenheimer.

Reparto: Robert Foxworth, Talia Shire, Armand Assante, Victoria Racimo, Richard Dysart.

Tráiler

 

 

           John Frankenheimer, surgido de la comprometida y creativa generación de la televisión estadounidense, tránsito entre el anquilosado Hollywood de cartón piedra y un cine de pretensiones más realistas, un cine moderno, apuraba la década de los setenta ya alejado de sus mayores éxitos, de sus películas con más trascendencia argumental, para continuar por el sendero que había comenzado con el remake de The French Connection tres años antes: el paso a una filmografía con un poco menos de enjundia ideológica y política, con filmes realizados con calidad pero con menos pretensiones, más enfocados al entretenimiento masivo. Un ocaso profesional que se acompaña de problemas matrimoniales y con el alcohol (y viceversa).

           La profecía maldita es una cinta de terror bastante convencional en sus planteamientos pero que no renuncia, no obstante, a cierta conciencia. Así, el protagonista es un médico que lidia diariamente con las injusticias sociales de la América del momento, pasando consulta en sus ghettos más marginales. Hastiado, acepta la oferta de mediar en la disputa entre madereros de la industria papelera e indios nativos de los idílicos bosques de Nueva Inglaterra, conflicto en el que se suceden sospechosos acontecimientos naturales como deformaciones, abortos y muertes de neonatos, gigantismo animal, enfermedades,… quizás por culpa de la contaminación por la actividad fabril, junto con extrañas y violentas muertes y desapariciones de las que se culpa a los antiguos pobladores, quien más bien lo relacionan con el despertar de un monstruo legendario.

Una trama que presenta tibios trazos ecologistas pero que, en definitiva, no se sale de los esquemas del género, con los forasteros que se encuentran en medio de un territorio semiaislado, amenazado por el misterioso asesino-monstruo del que han de huir formando grupo con lugareños enfrentados.

            El talento de Frankenheimer para contar una historia, por trivial que sea, queda patente en un ritmo que sortea la posibilidad de aburrimiento pese a su predictibilidad y con un aceptable manejo del desarrollo de la acción y la tensión en las escenas, lo que no evita que más de una se le vaya de madre -el exagerado combate hacha-motosierra, alguna muerte, el ensañamiento final-.

En combinación con un reparto bastante conjuntado –qué lastima que Victoria Racimo no llegara más lejos-, hasta logra salvar la película.

 

Nota IMDB: 4,8.

Nota FilmAffinity: 4,8.

Nota del blog: 5.

La infancia de Iván

13 Oct

“Descubrir a Tarkovski fue como un milagro. De repente, me encontré frente a la puerta de una habitación con las llaves que nunca nadie me había dado, hasta ahora. Una habitación en la que yo siempre había querido entrar y donde él ya se movía con libertad, a gusto.”

Ingmar Bergman

 

 

La infancia de Iván

 

Año: 1962.

Director: Andrei Tarkovski.

Reparto: Nikolay Burlyaev, Valentin Zubkov, Yevyeni Zharikov, Stephan Krylov, Nikolai Grinko.

Tráiler

 

 

         El cine de Andrei Tarkovski encuentra su punto de partida en un periodo de relativa apertura y renovación del cine soviético producido tras la muerte de Jósef Stalin, tiempos también de momentánea mejoría en las inestables relaciones políticas internacionales e internas.

        Hijo del poeta Arseny Tarkovski, interesado en múltiples campos artísticos desde la música a la pintura, Tarkovski escogía para su debut en el Séptimo Arte el relato Iván, de Vladimir Bogomolov, adaptado en el guion por el mismo Bogomolov en colaboración con Mijail Papava y el propio director, este último sin acreditar.

            La infancia de Iván muestra la guerra desde el punto de vista de un niño de 12 años –impresionante trabajo de Nikolai Burlyayev, esa mezcla de recuerdos de dulzura y mirada helada, hueca- al que se le ha arrebatado todo: su madre, su hermana, su inocencia, su presente, su futuro. Solo le queda el intento de vengarse en lo posible sirviendo al Ejército Rojo en diversas incursiones en terreno alemán, aprovechando su escaso tamaño, acompañado de lo único que ahora puede llamar familia, tres oficiales que dudan entre en valor manifiesto del chaval y una cierta responsabilidad paternal adquirida hacia él, conscientes de la inhumanidad e inmoralidad que supone pasar una infancia –si es que aún se puede llamar así a lo que Iván vive- al servicio de la guerra, si bien a la vez impotentes para frenar su último rescoldo de vida, el deseo rabioso de herir todo lo que sea capaz al enemigo.

          No es un canto de gloria a los militares soviéticos que luchan frente al invasor, sino que es la mirada hacia unos seres rotos que defienden como pueden lo poco que les queda.

           Una historia llena de matices pesimistas, donde la felicidad ya solo pertenece al mundo irreal de los sueños, en contraste permanente con la terrible miseria y hostilidad de la realidad en la que viven. Tarkovski exprime lirismo de cada toma, con notable carga simbólica, más preocupado por la transmisión de sentimientos y sensaciones –donde reside sin duda su mayor fuerza, en la atmósfera donde se mueven los sentimientos de sus personajes- que en mantener una narración al uso, la cual resulta en varias fases algo confusa.

             Con esta, su opera prima, Tarkovski recibiría el León de Oro en el Festival de Venecia.

 

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 7.

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