Sin retorno

21 Oct

“Una injusticia hecha al individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad.”

Montesquieu

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Sin retorno

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Año: 2010.

Director: Miguel Cohan.

Reparto: Leonardo Sbaraglia, Martin Slipak, Federico Luppi, Luis Machín, Bárbara Goenaga, Ana Celentano.

Tráiler

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            Argentina es, probablemente, una de las industrias cinematográficas más pujantes de la actualidad, productora de obras de enorme interés en terrenos tan variados como la comedia, el drama más puro o uno que parecía coto vedado, con contadas excepciones, de los Estados Unidos: el thriller. Una intriga siempre con un notable componente idiosincrásico, reflejo de un país ciclotímico en lo social y en lo pasional, y no pocas veces metáforas del mismo, lo que deriva en un componente dramático más potente, que se erige tan importante o más que la acción. Así, surgen cintas tan interesantes como Nueve reinas, Un oso rojo o El secreto de sus ojos, que con su Oscar supuso su reconocimiento definitivo en el panorama internacional.

En época de bonanza, es consecuencia que se animen a surgir nuevos autores con ganas de aportar su visión propia, apoyados en una cada vez mayor inversión extranjera que ve el negocio tras el arte. Es el caso de Miguel Cohan, director novel que, con financiación argentina y española, debuta en la gran pantalla con Sin retorno.

            El libreto de Sin retorno, escrito a cuatro manos junto a su hermana Ana Cohan, introduce al espectador en un mundo donde el azar cruza la suerte y la vida de tres personas: el joven Matías (Martin Slipak), un niño bien que ha de dar el paso de adolescente a adulto, a afrontar sus decisiones y consecuencias como un hombre, de manera abrupta tras atropellar a un ciclista y darse a la fuga. Una víctima cuyo padre, Víctor Marchetti (Federico Luppi), buscará justicia de entre las piedras, tratando de alcanzar una paz imposible que ya no tendrá en sus últimos días, quizás aliviada en cierto modo por el procesamiento de Federico Samaniego (Leonardo Sbaraglia), padre de familia, otra víctima del accidente, luego también hombre a la caza de justicia particular, atado a una condena que va más allá de la pena de cárcel.

            Sin retorno es una cinta que habla de la responsabilidad social del individuo, de los dilemas éticos entre el deber para con la familia y con la justicia, de la búsqueda y necesidad de justicia personal, de la verdadera utilidad o no de la misma.

No juzga a sus personajes, tampoco los disculpa; son seres humanos contradictorios, no siempre acertados, frecuentemente justificados, con miedos, obsesiones, egoísmos, obligaciones morales,…

            Cohan demuestra personalidad al otro lado de la cámara, manejando bien los tiempos de la película, con algún deje de director novato como unos saltos temporales poco elegantes o no haber exprimido más a personajes en la encrucijada como el de Luis Machín, notable actor, pero con la suficiente gallardía como para apostar por un final que no cede ante el espectáculo catártico gratuito, sino que es comedido, acaso por ello más duro con sus personajes en el fondo.

Interesante opera prima avalada por la Espiga de Oro en la Seminci.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

2 comentarios to “Sin retorno”

  1. Samuel Regueira 15 diciembre, 2011 a 17:54 #

    Recuerdo que en la Seminci fui al único de mis compadres que disfrutó con esta película. Me gusta que no discurra por los trillados cauces habituales del thriller con falso culpable de por medio. Y las interpretaciones son excelentes.

    Sigo discutiendo que se llevara la Espiga que debió haber obtenido Incendies. Aún así la considero una gran película, máxime cuando sabemos que se trata de un debut.

    • elcriticoabulico 15 diciembre, 2011 a 23:05 #

      Cuando vea Incendies te respondo a lo segundo.
      Yo la vi con interés durante todo su metraje y eso que no es la trama más original del mundo. Pero esa perspectiva cercana, familiar, está muy conseguida y las interpretaciones, como dices, son de lujo. Hasta la bella Bárbara Goenaga resulta natural como porteña.

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