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Pasión de los fuertes

19 Oct

“Como directores favoritos escogería a los viejos maestros, es decir: John Ford, John Ford y John Ford.”

Orson Welles

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 .

Pasión de los fuertes

 .

Año: 1946.

Director: John Ford.

Reparto: Henry Fonda, Victor Mature, Linda Darnell, Cathy Downs, Walter Brennan.

Tráiler

 .

            Después de siete años sin rodar un western, desde que con La diligencia aupara al género a la serie A cinematográfica, más cuidado, más estructurado, más profundo, John Ford escogía uno de los principales episodios del génesis de la nación norteamericana, la estancia del sheriff Wyatt Earp en Tombstone y el tiroteo en O.K. Corral frente a la familia Clanton, uno de los puntos de inflexión que marcan el inicio del fin del Salvaje Oeste, para una película que se convertiría a la postre en uno de los hitos de su filmografía y del western en general.

            A pesar del trasfondo épico de la historia, Pasión de los fuertes posee ya tonos crepusculares. Los viejos héroes se encuentran cansados y resignados, al final del camino. Son personajes poliédricos, algo marginales y sombríos. Wyatt Earp (Henry Fonda) taciturno, protector casi a la fuerza de una ciudad que nunca a pisado y de la que no es parte, sin raíces verdaderas, incapaz de crear una familia que pueda llamar suya, más allá de la fiel compañía de sus hermanos, por el deber que se arroga como insobornable guardián de lo justo, por propia torpeza o porque sencillamente no está escrito en su destino. Doc Holliday (Victor Mature) demuestra ser un hombre ambiguo, de cierta cultura y de violenta reputación, que huye y reniega de su pasado y de su presente al carecer, como Earp, de futuro alguno, más aún en su caso, enfermo terminal de tuberculosis, tanto para ahorrarse dolor sin sentido -o con él, he ahí el dilema- como para no herir a quien quiere y no se merece tal sufrimiento agónico y fútil.

Una amistad de ocaso entre perdedores con honor que tiene como contrapunto el salvajismo irracional de la familia Clanton, ladrones de ganado, brutales pendencieros de taberna. Sin honra, sin humanidad. Luchar contra ellos será un último sacrificio que nunca tendrá recompensa pero que ha de hacerse.

            Ford vuelve a dar una lección de cómo conjugar espectáculo –se vanagloriaba de recrear el tiroteo de O.K. Corral según el testimonio, con ligeras variaciones para mayor dramatismo, del mismísimo Wyatt Earp, a quien había tenido la oportunidad de conocer en persona-, belleza en la puesta en escena –magnífica fotografía de Joseph McDonald-, sentimiento, y lirismo melancólico, elevando a la categoría de arte el western, género que en sus orígenes no era concebido para nada más que un entretenimiento populista, insustancial.

Casi nada.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 8,5.

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