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Michael Clayton

12 Oct

“No soy un snob. Me gusta actuar en películas de entretenimiento. Pero cuando haces cintas que te ponen un poco en apuros, también es divertido poder suscitar un debate.”

George Clooney

 

 

Michael Clayton

 

Año: 2007.

Director: Tony Gilroy.

Reparto: George Clooney, Tilda Swinton, Tom Wilkinson, Sydney Pollack.

Tráiler


 

          La presencia de su firma en los tres guiones de la saga Bourne avalan la calidad de Tony Gilroy para la construcción de intrigas sólidas, que no se dejen llevar por los fuegos artificiales ni los giros sorpresa gratuitos, como aplicará también en esta, su opera prima en la dirección, en la que seguirá una línea narrativa similar a la de uno de los mejores directores de conspiranoias, Alan J. Pakula.

      Todo en Michael Clayton se encuentra al borde del colapso en la ciudad que nunca duerme. El protagonista, el Michael Clayton del título (George Clooney), es un solucionador de problemas a las órdenes de un poderoso bufete de abogados. Como hombre de enlace y mediador, Clayton siempre se halla en el filo de la navaja, una situación poco conveniente para alguien que debe miles de dólares de sus fracasos comerciales, de las adicciones de su hermano y de su propia ludopatía y que ha de cuidar a tiempo parcial al hijo de su ya inexistente matrimonio.

Por si fuera poco, ahora habrá de impedir que uno de sus amigos en la firma, el brillante y excéntrico Arthur Edens (Tom Wilkinson, eficiente secundario donde los haya), arruine a la empresa que firma los cheques con su arrebato de redención y locura, el arrepentimiento del individuo al que se le han abierto los ojos y se ha hallado a sí mismo en el bando equivocado. Que no es hombre, sino escoria.

Es el desafío que también ha de afrontar la recién llegada a la presidencia de la acosada compañía de productos agrícolas, la ambiciosa pero insegura Karen Crowder (Tilda Swinton). Por lo civil o por lo criminal.

             Tres personas en crisis, al borde del barranco. Presos en un mundo en el que cada uno combate por su pellejo, donde se sobrevive, se muere, o se pierde el juicio. Quizás aún puedan huir lejos del cemento y el acero –qué elemento tan del noir también, si no miren el final de La jungla de asfalto-, pero parece una opción utópica e inviable.

       Michael Clayton propone un ejercicio de intriga sobre la guerra sucia de las empresas a costa del ciudadano, siempre indefenso ante los abusos de los poderosos, entes omniscientes y omnipotentes que se sirven de marionetas –los ejecutivos abrumados por salvar su cuello y, así, la empresa, los amorales abogados, los mercenarios incluso, si se exagera- para subsistir en la podredumbre.

Pero al mismo tiempo presta atención a un hombre que, como intermediario que es, su camino siempre se encuentra en la encrucijada, con la lealtad dividida entre el deber y lo correcto, la lealtad a uno mismo o a lo que uno se ha convertido, al bien o al mal, aquí expuesto meridianamente.

           Gilroy construye una película planteada con cuidado, trazando bien los personajes y su conflicto moral (o laboral) –demasiado claramente quizás, insisto- y lo desarrolla con un gran manejo de la escena y un ritmo lento, masticando atentamente su evolución. No es un defecto, pero puede confundirse con otro que en mi opinión sí posee, la falta de mala leche, de rabia, que parece aquejar el filme. Una cinta que se hunde en parte hacia la mitad, demasiado alargada en alguno de sus tramos, y que, por mucho que recibiera un Oscar a la mejor actriz secundaria, desaprovecha las posibilidades del personaje de una estupenda Tilda Swinton, que se alza como reina de una función en la que Clooney llega a resultar algo ñoño en ocasiones.

Aceptable, pero promete más de lo que da.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6.

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